/ miércoles 11 de septiembre de 2019

Alternativa a la 4T (y 3)

Dice Macario Schettino: “…la democracia liberal consiste en ciertas reglas e ideas que comparten quienes compiten por el poder. Si un líder que desprecia esas ideas llega al poder, puede provocar el hundimiento del sistema que le permitió el acceso o del mismo líder y la recuperación del sistema.

“Pero las democracias liberales nunca destruyen a un político… a eso apelan los inescrupulosos: exigen para ellos las reglas que no están dispuestos a cumplir para con los demás… (así), no hay otro camino que el fin de la democracia liberal.

“Hay quien dice que eso no ocurrirá, y que las siguientes elecciones corregirán el camino..., pero no veo cómo. ¿Acaso existe una alternativa demócrata clara en Estados Unidos, que no siga la misma ruta que Trump? ¿Acaso se percibe otro camino en Europa?”.

Lo explica: “Desde la Gran Recesión, el discurso público ha enfatizado defectos del sistema, y eso abrió el camino a líderes inescrupulosos. El impacto de estos liderazgos varía de acuerdo con las condiciones de cada país (sobre todo de la clase política que gobierna, subrayamos).

“Pero en todos los casos es notorio el deterioro de las reglas, la pérdida de la verdad, el discurso creciente de odio, la polarización y la reducción de expectativas. Somos capaces de verlo en otras sociedades, pero no en la propia, y por eso abundan quienes critican a Trump desde México, pero aplauden a López, y viceversa”.

Como se deja ver, el fiel exponente del líder y gobierno que construye descritos en renglones arriba lo es Andrés Manuel López Obrador, hoy presidente de México.

En 1996, como parte de las protestas para exigir indemnizaciones a más de 40 mil campesinos y pescadores que se sentían afectados por las actividades de Pemex, encabezó bloqueos a instalaciones petroleras de Tabasco.

La PGR giró órdenes de aprehensión contra los implicados, AMLO logró evitar ser detenido… después, la orden contra él fue retirada, producto de las negociaciones con la Secretaría de Gobernación.

Por los mismos motivos y otros de carácter político-electoral, la práctica siguió ahora con caminatas desde Tabasco hasta el DF. Regresarlos a su lugar de origen, el problema. Marcelo Ebrard puede dar datos al respecto.

En las elecciones del 2000, sin cumplir con los requisitos de la ley electoral, por orden del presidente Zedillo se le permitió competir al Gobierno del DF, que ganó.

En 2005, no acató una resolución de la Suprema Corte que le obliga a pagar el valor de unos terrenos expropiados. “¡Al diablo sus instituciones!”, fue su respuesta. La repitió cuando el Tribunal Electoral desestimó su impugnación presidencial y validó la victoria de Felipe Calderón, en 2006.

“La frase tuvo entonces el carácter de una denuncia flamígera,… Tiene hoy la forma de un proyecto de gobierno. Su espíritu preside el esfuerzo fundamental del nuevo gobierno, nada menos que sustituir el orden institucional vigente por otro de su propia inspiración.

“El balance tiene rasgos indiscutibles de un cambio radical, pero no prometedor. Lo destruido hasta hoy es más que lo construido, los daños son más claros que los beneficios.

“Muchas instituciones se están yendo al diablo, sin que aparezca todavía la transformación prometida”. (H.A. Camín. milenio 02.09.2019)


Dice Macario Schettino: “…la democracia liberal consiste en ciertas reglas e ideas que comparten quienes compiten por el poder. Si un líder que desprecia esas ideas llega al poder, puede provocar el hundimiento del sistema que le permitió el acceso o del mismo líder y la recuperación del sistema.

“Pero las democracias liberales nunca destruyen a un político… a eso apelan los inescrupulosos: exigen para ellos las reglas que no están dispuestos a cumplir para con los demás… (así), no hay otro camino que el fin de la democracia liberal.

“Hay quien dice que eso no ocurrirá, y que las siguientes elecciones corregirán el camino..., pero no veo cómo. ¿Acaso existe una alternativa demócrata clara en Estados Unidos, que no siga la misma ruta que Trump? ¿Acaso se percibe otro camino en Europa?”.

Lo explica: “Desde la Gran Recesión, el discurso público ha enfatizado defectos del sistema, y eso abrió el camino a líderes inescrupulosos. El impacto de estos liderazgos varía de acuerdo con las condiciones de cada país (sobre todo de la clase política que gobierna, subrayamos).

“Pero en todos los casos es notorio el deterioro de las reglas, la pérdida de la verdad, el discurso creciente de odio, la polarización y la reducción de expectativas. Somos capaces de verlo en otras sociedades, pero no en la propia, y por eso abundan quienes critican a Trump desde México, pero aplauden a López, y viceversa”.

Como se deja ver, el fiel exponente del líder y gobierno que construye descritos en renglones arriba lo es Andrés Manuel López Obrador, hoy presidente de México.

En 1996, como parte de las protestas para exigir indemnizaciones a más de 40 mil campesinos y pescadores que se sentían afectados por las actividades de Pemex, encabezó bloqueos a instalaciones petroleras de Tabasco.

La PGR giró órdenes de aprehensión contra los implicados, AMLO logró evitar ser detenido… después, la orden contra él fue retirada, producto de las negociaciones con la Secretaría de Gobernación.

Por los mismos motivos y otros de carácter político-electoral, la práctica siguió ahora con caminatas desde Tabasco hasta el DF. Regresarlos a su lugar de origen, el problema. Marcelo Ebrard puede dar datos al respecto.

En las elecciones del 2000, sin cumplir con los requisitos de la ley electoral, por orden del presidente Zedillo se le permitió competir al Gobierno del DF, que ganó.

En 2005, no acató una resolución de la Suprema Corte que le obliga a pagar el valor de unos terrenos expropiados. “¡Al diablo sus instituciones!”, fue su respuesta. La repitió cuando el Tribunal Electoral desestimó su impugnación presidencial y validó la victoria de Felipe Calderón, en 2006.

“La frase tuvo entonces el carácter de una denuncia flamígera,… Tiene hoy la forma de un proyecto de gobierno. Su espíritu preside el esfuerzo fundamental del nuevo gobierno, nada menos que sustituir el orden institucional vigente por otro de su propia inspiración.

“El balance tiene rasgos indiscutibles de un cambio radical, pero no prometedor. Lo destruido hasta hoy es más que lo construido, los daños son más claros que los beneficios.

“Muchas instituciones se están yendo al diablo, sin que aparezca todavía la transformación prometida”. (H.A. Camín. milenio 02.09.2019)


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