/ miércoles 20 de mayo de 2020

Amarse a uno mismo

¡Somos únicos e irrepetibles!, así de maravillosa es la individualidad, ¿pero acaso nos conocemos? ¿Sabemos quiénes somos, qué nos gusta, qué nos hace felices?

Para amarnos a nosotros mismos lo primero es conocernos, y solamente hay un lugar donde nos podemos encontrar: en la soledad, en el silencio, en la meditación. Estar solo muchas veces se relaciona con aburrimiento, y se evita a toda costa, pero resulta que esa soledad está acompañada ¡Estamos con nosotros mismos! En el silencio y la soledad aflora la verdad, esa que necesitamos para honrar la persona que somos.

Cuando nos proponen que nos amemos a nosotros mismos, hay un rechazo a la sugerencia porque creemos que nos volveremos egocéntricos, vanidosos, narcisistas. ¿Pero acaso podremos amar y valorar a los demás, si no lo hacemos primero con nosotros mismos?

Todos tenemos algún tipo de herida emocional y para evitar dolor buscamos una máscara, tapar a toda costa lo que nos pasó o nos pasa y asumir como el mejor de los actores un papel que puede ir adentrándonos en el olvido de quien somos realmente.

Y así, ajenos a nosotros mismos, proyectamos nuestros conflictos internos sobre los demás y el mundo que nos rodea, encontrando una identidad que se relacione superficialmente con los que tenemos cerca. Viendo en el otro todos esos defectos que nos chocan y que si nos encontráramos con el yo, nos checarían de alguna manera.

¿Qué necesitamos para ser felices en forma autónoma e independiente? ¿Cómo podremos saberlo si no nos conocemos, si no nos amamos tal y como somos, si no nos valoramos? La aceptación de lo que somos y tenemos es fundamental para amarnos, el ambiente está lleno de sugerencias de hacer cambios para parecernos a la imagen de moda, hoy más que nunca se recurre a todo tipo de procedimientos para cambiar lo que tenemos naturalmente. La cirugía plástica empezó para reconstruir defectos graves o daños después de accidentes, pero hoy se ha convertido en un negocio de reducciones y abultamientos exagerados que muchas veces ponen en riesgo la comodidad, la belleza o hasta la vida del paciente.

Cuando aprendemos a aceptarnos y a amarnos, nos cuidamos, nos valoramos y ya basados en esa plataforma de seguridad podemos ofrecer lo que somos con autenticidad, libertad, plenitud y sobre todo con amor.

“Cuando te amas a ti mismo dejas de encontrar motivos para luchar, sufrir y entrar en conflicto con la vida”. Yo soy yo, y acepto que las diferencias de los demás son su elección, y desde este concepto respeto al otro y conjugo mis actividades con los que están en una sintonía que fluya con la mía, poniendo lo límites necesarios para que cada cual tenga espacio para vivir y realizarse. ¿Por qué tanto conflicto entre humanos?

Ahí está la gran tarea de descubrirnos, de aportar desde nuestros dones y celebrar la vida hoy, en este momento, en el aquí y el ahora, despertando cada sentido a lo que el medio ofrece, buscando espacios de creatividad, de trabajo, de realización, de entretenimiento, de convivencia, de alegría, de amor, de paz.

Vigilante: No hay amor suficiente en este mundo capaz de llenar el vacío de una persona que no se ama a sí misma. No podemos dar lo que no tenemos, no podemos llenar el vacío del otro, ni esperar que otro llene el nuestro, el tema de llenar vacíos es personal.

¡Somos únicos e irrepetibles!, así de maravillosa es la individualidad, ¿pero acaso nos conocemos? ¿Sabemos quiénes somos, qué nos gusta, qué nos hace felices?

Para amarnos a nosotros mismos lo primero es conocernos, y solamente hay un lugar donde nos podemos encontrar: en la soledad, en el silencio, en la meditación. Estar solo muchas veces se relaciona con aburrimiento, y se evita a toda costa, pero resulta que esa soledad está acompañada ¡Estamos con nosotros mismos! En el silencio y la soledad aflora la verdad, esa que necesitamos para honrar la persona que somos.

Cuando nos proponen que nos amemos a nosotros mismos, hay un rechazo a la sugerencia porque creemos que nos volveremos egocéntricos, vanidosos, narcisistas. ¿Pero acaso podremos amar y valorar a los demás, si no lo hacemos primero con nosotros mismos?

Todos tenemos algún tipo de herida emocional y para evitar dolor buscamos una máscara, tapar a toda costa lo que nos pasó o nos pasa y asumir como el mejor de los actores un papel que puede ir adentrándonos en el olvido de quien somos realmente.

Y así, ajenos a nosotros mismos, proyectamos nuestros conflictos internos sobre los demás y el mundo que nos rodea, encontrando una identidad que se relacione superficialmente con los que tenemos cerca. Viendo en el otro todos esos defectos que nos chocan y que si nos encontráramos con el yo, nos checarían de alguna manera.

¿Qué necesitamos para ser felices en forma autónoma e independiente? ¿Cómo podremos saberlo si no nos conocemos, si no nos amamos tal y como somos, si no nos valoramos? La aceptación de lo que somos y tenemos es fundamental para amarnos, el ambiente está lleno de sugerencias de hacer cambios para parecernos a la imagen de moda, hoy más que nunca se recurre a todo tipo de procedimientos para cambiar lo que tenemos naturalmente. La cirugía plástica empezó para reconstruir defectos graves o daños después de accidentes, pero hoy se ha convertido en un negocio de reducciones y abultamientos exagerados que muchas veces ponen en riesgo la comodidad, la belleza o hasta la vida del paciente.

Cuando aprendemos a aceptarnos y a amarnos, nos cuidamos, nos valoramos y ya basados en esa plataforma de seguridad podemos ofrecer lo que somos con autenticidad, libertad, plenitud y sobre todo con amor.

“Cuando te amas a ti mismo dejas de encontrar motivos para luchar, sufrir y entrar en conflicto con la vida”. Yo soy yo, y acepto que las diferencias de los demás son su elección, y desde este concepto respeto al otro y conjugo mis actividades con los que están en una sintonía que fluya con la mía, poniendo lo límites necesarios para que cada cual tenga espacio para vivir y realizarse. ¿Por qué tanto conflicto entre humanos?

Ahí está la gran tarea de descubrirnos, de aportar desde nuestros dones y celebrar la vida hoy, en este momento, en el aquí y el ahora, despertando cada sentido a lo que el medio ofrece, buscando espacios de creatividad, de trabajo, de realización, de entretenimiento, de convivencia, de alegría, de amor, de paz.

Vigilante: No hay amor suficiente en este mundo capaz de llenar el vacío de una persona que no se ama a sí misma. No podemos dar lo que no tenemos, no podemos llenar el vacío del otro, ni esperar que otro llene el nuestro, el tema de llenar vacíos es personal.

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