/ sábado 10 de agosto de 2019

Antisupremacismo urgente

La ideología supremacista blanca se propaga a nivel mundial, sembrando odio y violencia, dejando dolor y muerte en hechos como el crimen ocurrido en El Paso. El asesino en este caso habría redactado un manifiesto contra los inmigrantes hispanos donde anunciaba el “ataque inminente”.

Aunque la Real Academia Española no incluye aún el término “supremacismo” en su diccionario, es ya muy común su uso en nuestro idioma, refiriéndose con él tanto al sentimiento como a la creencia de los integrantes de un grupo de ser superiores a las personas de otros grupos.

Los diccionarios en inglés definen al supremacismo como la creencia de que un grupo en particular es superior a otros; o, bien, la creencia en la superioridad de una raza, religión, género o cultura es superior a las demás. Es decir, el supremacismo es una teoría con implicaciones muy prácticas, una de las cuales es la intención de “los superiores” de controlar el orden social, económico o político.

Al supremacismo se le relaciona principalmente con la historia estadunidense, en la cual es notable la corriente ultraderechista que sostiene la superioridad del grupo de personas blancas occidentales con ideología racista, la cual no pocas veces se manifiesta con discursos y acciones de odio.

Combatir el supremacismo, sea racial, de género, académico, religioso u otro cualquiera, implica asumir un compromiso ético -personal y colectivo- con la tolerancia, un compromiso que permita la convivencia pacífica y respetuosa entre grupos y personas diferentes entre sí.

Un frente efectivo contra el supremacismo es la educación de las personas, su formación para una sociedad cada vez más abierta y tolerante. Por sí misma la educación formal sería insuficiente, necesitando la participación de otros agentes de nuestra vida en comunidad, como el Gobierno, los medios de comunicación, las familias, las organizaciones civiles, entre otros.

Urge emprender la lucha amplia y profunda contra el supremacismo, desde el orden local hasta el internacional. Es momento para un antisupremacismo estratégico, para una batalla decidida e inteligente contra el resentimiento y el odio.

La ideología supremacista blanca se propaga a nivel mundial, sembrando odio y violencia, dejando dolor y muerte en hechos como el crimen ocurrido en El Paso. El asesino en este caso habría redactado un manifiesto contra los inmigrantes hispanos donde anunciaba el “ataque inminente”.

Aunque la Real Academia Española no incluye aún el término “supremacismo” en su diccionario, es ya muy común su uso en nuestro idioma, refiriéndose con él tanto al sentimiento como a la creencia de los integrantes de un grupo de ser superiores a las personas de otros grupos.

Los diccionarios en inglés definen al supremacismo como la creencia de que un grupo en particular es superior a otros; o, bien, la creencia en la superioridad de una raza, religión, género o cultura es superior a las demás. Es decir, el supremacismo es una teoría con implicaciones muy prácticas, una de las cuales es la intención de “los superiores” de controlar el orden social, económico o político.

Al supremacismo se le relaciona principalmente con la historia estadunidense, en la cual es notable la corriente ultraderechista que sostiene la superioridad del grupo de personas blancas occidentales con ideología racista, la cual no pocas veces se manifiesta con discursos y acciones de odio.

Combatir el supremacismo, sea racial, de género, académico, religioso u otro cualquiera, implica asumir un compromiso ético -personal y colectivo- con la tolerancia, un compromiso que permita la convivencia pacífica y respetuosa entre grupos y personas diferentes entre sí.

Un frente efectivo contra el supremacismo es la educación de las personas, su formación para una sociedad cada vez más abierta y tolerante. Por sí misma la educación formal sería insuficiente, necesitando la participación de otros agentes de nuestra vida en comunidad, como el Gobierno, los medios de comunicación, las familias, las organizaciones civiles, entre otros.

Urge emprender la lucha amplia y profunda contra el supremacismo, desde el orden local hasta el internacional. Es momento para un antisupremacismo estratégico, para una batalla decidida e inteligente contra el resentimiento y el odio.

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