/ martes 28 de julio de 2020

Basuras humanas

Un anuncio publicitario referente a la drogadicción señala que resulta casi imposible para quienes caen en las drogas salir de ellas. Y remata expresando que quienes adquieren el vicio se sienten luego escoria, basura, desecho o piltrafas humanas.

La intención es buena. Trata de mostrar que el mundo de las adicciones es uno que atrapa a la persona, la desfigura, la infravalora y llega a destruirla. Las consecuencias son o pueden ser fatales. Por ello insta, sobre todo a los jóvenes a alejarse de ese camino.

El final del anuncio parece sugerir, sin embargo -y es una opinión personal-, que los adictos al sentirse derrotados están muy lejos de alcanzar su redención, sienten que están en el fondo del abismo y que como personas son un cero a la izquierda. Para ellos no hay nada que hacer para salvarse de su adicción.

Así como las drogas existen otras adicciones que pueden llevar a las personas a tocar fondo, como el alcoholismo, la ludopatía, el comportamiento sexual compulsivo e incluso la pertenencia al mundo de la mafia o el narcotráfico. Y luego, como en el caso de las drogas, sentirse hundidas sin una tabla de salvación.

Hay filmes que han abordado estos temas como El hombre del brazo de oro, Días sin huella o Días de vino y rosas, por nombrar algunos. En ellos se ofrecen la voluntad y decisión personal, la presencia de alguien que busca apoyar a los adictos, la lucha de miembros de la comunidad por arrancar a tales personas de ese sendero. Con buenos o malos resultados las películas en cuestión hacen ver que, de una u otra forma, no todo está perdido.

Existen también otros filmes que exponen situaciones que aparentan ser insalvables, donde hay rebeliones de jóvenes descontentos o injusticias que parecen no se pueden superar, como Semilla de maldad, Nido de ratas o Al maestro con cariño.

En fin, no se trata de hablar de cine o de ficción, sino del hecho de que en cualquier circunstancia los hombres o las mujeres pueden salir del hoyo, y, sobre todo, no perder su valía o su dignidad. Nadie, ninguna persona, no importa su condición social, económica, su edad, sexo, pensamiento, filiación religiosa o ideológica, u otra situación cualquiera, es despreciable, desechable, inútil, descartable, víctima de discriminación, considerada basura o escoria de la sociedad. ¿Lo ven?


Un anuncio publicitario referente a la drogadicción señala que resulta casi imposible para quienes caen en las drogas salir de ellas. Y remata expresando que quienes adquieren el vicio se sienten luego escoria, basura, desecho o piltrafas humanas.

La intención es buena. Trata de mostrar que el mundo de las adicciones es uno que atrapa a la persona, la desfigura, la infravalora y llega a destruirla. Las consecuencias son o pueden ser fatales. Por ello insta, sobre todo a los jóvenes a alejarse de ese camino.

El final del anuncio parece sugerir, sin embargo -y es una opinión personal-, que los adictos al sentirse derrotados están muy lejos de alcanzar su redención, sienten que están en el fondo del abismo y que como personas son un cero a la izquierda. Para ellos no hay nada que hacer para salvarse de su adicción.

Así como las drogas existen otras adicciones que pueden llevar a las personas a tocar fondo, como el alcoholismo, la ludopatía, el comportamiento sexual compulsivo e incluso la pertenencia al mundo de la mafia o el narcotráfico. Y luego, como en el caso de las drogas, sentirse hundidas sin una tabla de salvación.

Hay filmes que han abordado estos temas como El hombre del brazo de oro, Días sin huella o Días de vino y rosas, por nombrar algunos. En ellos se ofrecen la voluntad y decisión personal, la presencia de alguien que busca apoyar a los adictos, la lucha de miembros de la comunidad por arrancar a tales personas de ese sendero. Con buenos o malos resultados las películas en cuestión hacen ver que, de una u otra forma, no todo está perdido.

Existen también otros filmes que exponen situaciones que aparentan ser insalvables, donde hay rebeliones de jóvenes descontentos o injusticias que parecen no se pueden superar, como Semilla de maldad, Nido de ratas o Al maestro con cariño.

En fin, no se trata de hablar de cine o de ficción, sino del hecho de que en cualquier circunstancia los hombres o las mujeres pueden salir del hoyo, y, sobre todo, no perder su valía o su dignidad. Nadie, ninguna persona, no importa su condición social, económica, su edad, sexo, pensamiento, filiación religiosa o ideológica, u otra situación cualquiera, es despreciable, desechable, inútil, descartable, víctima de discriminación, considerada basura o escoria de la sociedad. ¿Lo ven?


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