/ jueves 30 de junio de 2022

Cartucheras al cañón… | Feministas vs natura 

“Prohibición del aborto, en los Estados Unidos; se observan rostros fruncidos… de las féminas; reporto”.

Cuando hablo de las féminas, me refiero sólo a las “féminas liberales”; aquellas que sienten coartados sus derechos, al no poder asesinar legalmente a sus infantes en útero.

Esto para una mujer liberal y moderna significa perder su libertad sexual, libertad que se habían ganado con la anuencia del Estado, por sobre la ética y la moral; y a costa de victimar a millones de infantes.

Desde su perspectiva mental, es perder la lucha de género: pues las deja indefensas o en desigualdad, frente a la libertad sexual del hombre. Una verdadera tragedia que las obliga a retomar su papel estrictamente femenino en la sociedad. La de madres generadoras de vida, protección y cuidado de sus infantes; en lugar de boxeadoras, futbolistas, camorristas y regenteadoras de bares sin horario ni recato alguno; con derecho a la mayor promiscuidad sexual, al igual del más libertino don Juan masculino.

Es una “verdadera perrada”; parafraseando a una conocida, que tenía disgustos conyugales sólo porque el marido le exigía que le diera comida a sus horas.-“Son perradas, decía; y yo con tantas cosas que hacer”.

Una foto reciente de estas feministas protestando ante la prensa muestra a dos mujeres jóvenes con cartelones; una de ellas sostiene un cartel con dos imágenes, una con un hombre portando un rifle y la leyenda “libre de llevarlo”, y otra con la silueta de una mujer embarazada viéndose el abdomen, con la leyenda: “forzada a llevarlo”; le faltó agregar: “forzada a llevarlo en lugar de permitírsele matarlo”. La otra joven presenta una pancarta con la leyenda: ¿En qué año estamos?, y otra más colgada en el pecho, con la leyenda: “Exijan la vasectomía”; con la imagen de un óvulo circundado de espermatozoides. La una se refiere a que estamos en tiempos modernos y la modernidad exige –según ellas- que no haya óbice alguno a la libertad femenina; ni la naturaleza debe atentar contra su satisfacción y recreo sexual; ¿por qué mejor no se obliga por ley, a los hombres, a vasectomizarse? Esas y otras estulticias arguyen las jóvenes feministas.

La vida de los infantes carece de importancia, ante su “derecho de promiscuidad femenino”. Y todo esto, a pesar de contar con los anticonceptivos orales, y parenterales; el conocimiento de los ciclos ováricos y la píldora del siguiente día. Pero no es culpa de ellas; el Estado ha creado monstruos insensibles sin respeto a la vida, a su familia y ni a ellas mismas. Desean seguir como el agente “007”, con licencia para matar infantes, y así poder lograr la equidad de género. Curiosamente el lesbianismo va con frecuencia de la mano, con esta “conducta emancipadora”; lo que también es otra agresión contra natura; y lo vemos con frecuencia en mujeres inmersas en las tareas políticas. Ya nos lo afirma el apotegma popular: “Soltera o soltero maduro… homosexual seguro”. Y son a esos controversiales ejemplos de disrupción familiar, los que el pueblo elige para que sean nuestras autoridades. ¿Paradójico no?



“Prohibición del aborto, en los Estados Unidos; se observan rostros fruncidos… de las féminas; reporto”.

Cuando hablo de las féminas, me refiero sólo a las “féminas liberales”; aquellas que sienten coartados sus derechos, al no poder asesinar legalmente a sus infantes en útero.

Esto para una mujer liberal y moderna significa perder su libertad sexual, libertad que se habían ganado con la anuencia del Estado, por sobre la ética y la moral; y a costa de victimar a millones de infantes.

Desde su perspectiva mental, es perder la lucha de género: pues las deja indefensas o en desigualdad, frente a la libertad sexual del hombre. Una verdadera tragedia que las obliga a retomar su papel estrictamente femenino en la sociedad. La de madres generadoras de vida, protección y cuidado de sus infantes; en lugar de boxeadoras, futbolistas, camorristas y regenteadoras de bares sin horario ni recato alguno; con derecho a la mayor promiscuidad sexual, al igual del más libertino don Juan masculino.

Es una “verdadera perrada”; parafraseando a una conocida, que tenía disgustos conyugales sólo porque el marido le exigía que le diera comida a sus horas.-“Son perradas, decía; y yo con tantas cosas que hacer”.

Una foto reciente de estas feministas protestando ante la prensa muestra a dos mujeres jóvenes con cartelones; una de ellas sostiene un cartel con dos imágenes, una con un hombre portando un rifle y la leyenda “libre de llevarlo”, y otra con la silueta de una mujer embarazada viéndose el abdomen, con la leyenda: “forzada a llevarlo”; le faltó agregar: “forzada a llevarlo en lugar de permitírsele matarlo”. La otra joven presenta una pancarta con la leyenda: ¿En qué año estamos?, y otra más colgada en el pecho, con la leyenda: “Exijan la vasectomía”; con la imagen de un óvulo circundado de espermatozoides. La una se refiere a que estamos en tiempos modernos y la modernidad exige –según ellas- que no haya óbice alguno a la libertad femenina; ni la naturaleza debe atentar contra su satisfacción y recreo sexual; ¿por qué mejor no se obliga por ley, a los hombres, a vasectomizarse? Esas y otras estulticias arguyen las jóvenes feministas.

La vida de los infantes carece de importancia, ante su “derecho de promiscuidad femenino”. Y todo esto, a pesar de contar con los anticonceptivos orales, y parenterales; el conocimiento de los ciclos ováricos y la píldora del siguiente día. Pero no es culpa de ellas; el Estado ha creado monstruos insensibles sin respeto a la vida, a su familia y ni a ellas mismas. Desean seguir como el agente “007”, con licencia para matar infantes, y así poder lograr la equidad de género. Curiosamente el lesbianismo va con frecuencia de la mano, con esta “conducta emancipadora”; lo que también es otra agresión contra natura; y lo vemos con frecuencia en mujeres inmersas en las tareas políticas. Ya nos lo afirma el apotegma popular: “Soltera o soltero maduro… homosexual seguro”. Y son a esos controversiales ejemplos de disrupción familiar, los que el pueblo elige para que sean nuestras autoridades. ¿Paradójico no?