/ jueves 13 de agosto de 2020

Cubrebocas

Voy a serles muy sincero, no me gusta usar cubrebocas, me siento raro, incómodo, como si no pudiera respirar, no obstante, en materia de salud no soy ningún irresponsable y pensando en quienes por motivo de su labor tienen que usarlo, siempre que acudo a algún lugar me lo pongo.

Entendemos perfectamente que las vías de entrada del Covid-19 son la nariz, la boca y los ojos y que su esparcimiento es a través de fosas nasales y boca. En casa, cada integrante de mi sicodélica familia tiene su propio cubrebocas con su respectiva inicial escrita para no ir a agarrar el de otro, no vaya siendo.

Cuando me pongo el citado cubrebocas me da la sensación de que parezco delincuente (muchos dirán que parezco, aunque no me lo ponga), o de que tengo algo que ocultar y con él puesto es como si la gente no me viera y pasara desapercibido en todo momento. Sufro. El contacto cara a cara es indispensable para el ser humano, brinda confianza, brinda seguridad, sin embargo, la salud siempre es primero.

El sábado anterior acudí a una de esas tiendas de autoservicio que se encuentran en todas las esquinas de la ciudad a comprar un jugo de arándanos y olvidé ponerme el cubrebocas; cuando me encontraba en el interior, el dependiente me dijo: -Señor, lo siento mucho, pero no puede pasar sin cubrebocas-, mi mente tan rápida e irónica como es pensó -como de que no, si ya estoy adentro-, pero como no me gusta tramitar problemas de a gratis entendí lo que me quiso decir y salí a ponérmelo, al regresar al lugar tardé algunos minutos buscando el jugo, no lo encontré, pregunté dónde se encontraban, con una maliciosa frialdad me contestaron que no había, ¡me lleva!

En Estados Unidos, una de esas mentes brillantes inventó un cubrebocas con un embudo y una especie de bolsita en la cual caben 16 onzas de cerveza que puede mantenerse fría durante media hora, la llamaron “The mixer mask”. Lo extraño de este novedoso y creativo artículo (que aún no está a la venta), es que no haya sido creado por un compatriota mexicano, ya ven que para estas cosas nos pintamos solos.

La llamada nueva normalidad, lejos de ser normal, nos lleva a nuevas acciones en nuestro diario vivir; trabajo desde casa, clases en línea, ver las películas por televisión, reuniones virtuales con la familia, conciertos por computadora y el uso constante del cubrebocas que, necesario o no, cumple para muchos con la “ilusión del control” que de alguna manera brinda seguridad al ser humano y le disminuye su estado de preocupación o ansiedad y si con ello encontramos calma en nuestro ser, pues bienvenido sea. Usemos el cubrebocas. Ande pues.

aruedam@hotmail.com

Integrante de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua.

Voy a serles muy sincero, no me gusta usar cubrebocas, me siento raro, incómodo, como si no pudiera respirar, no obstante, en materia de salud no soy ningún irresponsable y pensando en quienes por motivo de su labor tienen que usarlo, siempre que acudo a algún lugar me lo pongo.

Entendemos perfectamente que las vías de entrada del Covid-19 son la nariz, la boca y los ojos y que su esparcimiento es a través de fosas nasales y boca. En casa, cada integrante de mi sicodélica familia tiene su propio cubrebocas con su respectiva inicial escrita para no ir a agarrar el de otro, no vaya siendo.

Cuando me pongo el citado cubrebocas me da la sensación de que parezco delincuente (muchos dirán que parezco, aunque no me lo ponga), o de que tengo algo que ocultar y con él puesto es como si la gente no me viera y pasara desapercibido en todo momento. Sufro. El contacto cara a cara es indispensable para el ser humano, brinda confianza, brinda seguridad, sin embargo, la salud siempre es primero.

El sábado anterior acudí a una de esas tiendas de autoservicio que se encuentran en todas las esquinas de la ciudad a comprar un jugo de arándanos y olvidé ponerme el cubrebocas; cuando me encontraba en el interior, el dependiente me dijo: -Señor, lo siento mucho, pero no puede pasar sin cubrebocas-, mi mente tan rápida e irónica como es pensó -como de que no, si ya estoy adentro-, pero como no me gusta tramitar problemas de a gratis entendí lo que me quiso decir y salí a ponérmelo, al regresar al lugar tardé algunos minutos buscando el jugo, no lo encontré, pregunté dónde se encontraban, con una maliciosa frialdad me contestaron que no había, ¡me lleva!

En Estados Unidos, una de esas mentes brillantes inventó un cubrebocas con un embudo y una especie de bolsita en la cual caben 16 onzas de cerveza que puede mantenerse fría durante media hora, la llamaron “The mixer mask”. Lo extraño de este novedoso y creativo artículo (que aún no está a la venta), es que no haya sido creado por un compatriota mexicano, ya ven que para estas cosas nos pintamos solos.

La llamada nueva normalidad, lejos de ser normal, nos lleva a nuevas acciones en nuestro diario vivir; trabajo desde casa, clases en línea, ver las películas por televisión, reuniones virtuales con la familia, conciertos por computadora y el uso constante del cubrebocas que, necesario o no, cumple para muchos con la “ilusión del control” que de alguna manera brinda seguridad al ser humano y le disminuye su estado de preocupación o ansiedad y si con ello encontramos calma en nuestro ser, pues bienvenido sea. Usemos el cubrebocas. Ande pues.

aruedam@hotmail.com

Integrante de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua.

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