/ miércoles 20 de febrero de 2019

De estancias infantiles: Pros y contras (I de II)

Al triunfo de Andrés López Obrador surge la necesidad de obtener recursos para empezar a cumplir las promesas de campaña, sin acudir a nuevos impuestos ni contraer deuda pública.

El designado fue el reconocido economista Gerardo Esquivel, que en la campaña se desempeñó como asesor del candidato y tenía como futuro ser subsecretario de Egresos, que tiene la misión de confeccionar el presupuesto.

Además, tenía claro que una de las principales fuentes de recursos era revisar los programas sociales, pues si se compactan aquellos que están “duplicados” y se ajustaban aquellos que son “regresivos” (es decir, que no favorecen a los más pobres, sino a los que tienen mejor nivel de vida), se podrían ahorrar hasta 500 mil millones de pesos.

Uno de los instrumentos más “regresivos” que identificó Esquivel fue precisamente el de Estancias Infantiles para Apoyar a Madres Trabajadoras. Y la lógica empleada fue la de Robin Hood: quitarle a los que más tienen para dárselo a los pobres. Sin beneficiarse los pobres. Algunos números:

De acuerdo con el programa de guarderías de la Secretaría del Bienestar (antes Sedesol) beneficia en mayor medida a las personas que sí tienen recursos.

De las 300 mil madres trabajadoras y padres solos que, en números redondos, apoya el programa, sólo 7% (unos 21 mil jefes de familia) vive en pobreza extrema; 25% (75 mil personas) vive en pobreza moderada y 68% (204 mil beneficiarios) no es pobre.

Visto en términos económicos, de los cuatro mil millones de pesos que se invirtieron en 2018 en las estancias infantiles, 280 millones redundaron en beneficios para los pobres extremos, mil millones beneficiaron a los pobres moderados y dos mil 720 millones (dos terceras partes del recurso total) se gastaron para apoyar a personas no pobres y sin problemas de ingreso.

Es decir, el criterio para recortarle la mitad de los recursos a las guarderías del gobierno federal (al pasar de cuatro mil 70 millones 260 mil pesos, en 2018, a dos mil 41 millones 620 mil pesos, en 2019) no fue por el buen o mal desempeño del programa, sino por la lógica de no subsidiar a la población que vive por arriba de la línea de bienestar y redireccionar esos recursos a la población más pobre.

Sin embargo, para que este criterio de buscar reducir los factores de desigualdad y redistribuir el presupuesto en favor de los que menos tienen sea válido, el gobierno de López Obrador deberá aplicar la misma medida en todos los programas regresivos identificados por Coneval, tales como los subsidios a la educación superior, los subsidios al empleo, los subsidios a las pensiones del IMSS y el ISSSTE, los apoyos a los adultos mayores y los recursos a las guarderías del IMSS. Todos ellos benefician en mayor medida a los que no son pobres.

Así, de los 19 mil millones de pesos que se canalizan a las guarderías del Seguro Social, sólo 2% (380 mil millones) redundan en beneficios para pobres moderados y el restante 98% (18 mil 620 millones) va en apoyo de personas que ni son pobres ni tienen problemas de ingresos.

Esto quiere decir que las mil 363 estancias que maneja el IMSS y los más de 191 mil niños que acuden a las guarderías del instituto operan casi en absoluto para personas que no son pobres y que tendrían posibilidades de pagar una estancia con sus propios recursos. (Continuará).


Al triunfo de Andrés López Obrador surge la necesidad de obtener recursos para empezar a cumplir las promesas de campaña, sin acudir a nuevos impuestos ni contraer deuda pública.

El designado fue el reconocido economista Gerardo Esquivel, que en la campaña se desempeñó como asesor del candidato y tenía como futuro ser subsecretario de Egresos, que tiene la misión de confeccionar el presupuesto.

Además, tenía claro que una de las principales fuentes de recursos era revisar los programas sociales, pues si se compactan aquellos que están “duplicados” y se ajustaban aquellos que son “regresivos” (es decir, que no favorecen a los más pobres, sino a los que tienen mejor nivel de vida), se podrían ahorrar hasta 500 mil millones de pesos.

Uno de los instrumentos más “regresivos” que identificó Esquivel fue precisamente el de Estancias Infantiles para Apoyar a Madres Trabajadoras. Y la lógica empleada fue la de Robin Hood: quitarle a los que más tienen para dárselo a los pobres. Sin beneficiarse los pobres. Algunos números:

De acuerdo con el programa de guarderías de la Secretaría del Bienestar (antes Sedesol) beneficia en mayor medida a las personas que sí tienen recursos.

De las 300 mil madres trabajadoras y padres solos que, en números redondos, apoya el programa, sólo 7% (unos 21 mil jefes de familia) vive en pobreza extrema; 25% (75 mil personas) vive en pobreza moderada y 68% (204 mil beneficiarios) no es pobre.

Visto en términos económicos, de los cuatro mil millones de pesos que se invirtieron en 2018 en las estancias infantiles, 280 millones redundaron en beneficios para los pobres extremos, mil millones beneficiaron a los pobres moderados y dos mil 720 millones (dos terceras partes del recurso total) se gastaron para apoyar a personas no pobres y sin problemas de ingreso.

Es decir, el criterio para recortarle la mitad de los recursos a las guarderías del gobierno federal (al pasar de cuatro mil 70 millones 260 mil pesos, en 2018, a dos mil 41 millones 620 mil pesos, en 2019) no fue por el buen o mal desempeño del programa, sino por la lógica de no subsidiar a la población que vive por arriba de la línea de bienestar y redireccionar esos recursos a la población más pobre.

Sin embargo, para que este criterio de buscar reducir los factores de desigualdad y redistribuir el presupuesto en favor de los que menos tienen sea válido, el gobierno de López Obrador deberá aplicar la misma medida en todos los programas regresivos identificados por Coneval, tales como los subsidios a la educación superior, los subsidios al empleo, los subsidios a las pensiones del IMSS y el ISSSTE, los apoyos a los adultos mayores y los recursos a las guarderías del IMSS. Todos ellos benefician en mayor medida a los que no son pobres.

Así, de los 19 mil millones de pesos que se canalizan a las guarderías del Seguro Social, sólo 2% (380 mil millones) redundan en beneficios para pobres moderados y el restante 98% (18 mil 620 millones) va en apoyo de personas que ni son pobres ni tienen problemas de ingresos.

Esto quiere decir que las mil 363 estancias que maneja el IMSS y los más de 191 mil niños que acuden a las guarderías del instituto operan casi en absoluto para personas que no son pobres y que tendrían posibilidades de pagar una estancia con sus propios recursos. (Continuará).


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