/ miércoles 13 de febrero de 2019

De la austeridad republicana a la pobreza franciscana

“…Si se necesita para transferir todos los fondos al pueblo y que haya desarrollo, haya trabajo, haya bienestar, el Gobierno va a entrar a una fase superior…”.

… “vamos de la austeridad republicana a la pobreza franciscana”. “…es decir, nada de derroche. No puede haber gobierno rico con pueblo pobre…”

Lo dijo el presidente López Obrador en su primera conferencia matutina de febrero desde Palacio Nacional. Según los enterados ya lo ha explicado de cómo la economía popular tiene como su más alto estadio, el “franciscanismo”.

“Esto es, vestir con sayo marrón, del color de la tierra y olvidarse de cuanto brillo material se oponga al enriquecimiento espiritual (Rafael Cardona)”.

La orden de los franciscanos tiene como una de sus características los votos de pobreza, castidad y obediencia.

Ahora sí, ya vamos entendiendo en qué consiste la Cuarta Transformación, y su objetivo: igualarnos en la pobreza. ¿Exageración? Bueno, en América ya tenemos ejemplos: Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Brasil (para allá van). En el Caribe, Cuba. En otras partes del mundo, Reino Unido, Italia, Estados Unidos, que buscan aislarse del resto del mundo.

México con AMLO y su “programa” se encamina en ese sentido: Ha despedido a miles de empleados de la administración, y se esperan más despidos. Cierra las estancias infantiles, se cancelan programas populares de salud, se da marcha atrás a la reforma educativa.

Se busca la autosuficiencia energética, alimentaria y tecnológica, a la vez que se cancelan programas de investigación tecnológica al restringir recursos a las instituciones encargadas como al Conacyt, tecnológicos y universidades.

Yeidckol Polevnsky, dirigente nacional de Morena, dice: “cuando sacas a la gente de la pobreza y llegan a clase media, se les olvida de dónde vienen, porque la gente piensa como vive”.

Deduce Pablo Hiriart: La filosofía del nuevo grupo gobernante es que hay que vivir en la pobreza.

No queremos avión presidencial porque es símbolo de riqueza…

No queremos un aeropuerto de talla mundial… Y lo vamos a destruir, aunque cueste más caro que terminarlo.

No queremos Los Pinos, porque es un palacio del lujo. Aunque prácticamente todos los países del mundo tienen una casa presidencial.

Por eso el general Cárdenas compró la hacienda La Hormiga para construir ahí la residencia de los presidentes de México.

No queremos funcionarios de calidad, técnicos de primera, investigadores de prestigio, diplomáticos acreditados que ganen bien, porque los “altos sueldos también son corrupción”.

Tienen que irse los talentos calificados y contratar para esos puestos a personas de mediana capacidad, pero que sean leales a la causa del partido y su jefe.

No queremos inversión extranjera, porque es acercarnos a los ricos.

Por eso se cierra ProMéxico, que logró que en el pasado sexenio entraran al país 192 mil millones de dólares en inversiones internacionales, ¿o de dónde creen que salieron los 4 millones de nuevos empleos formales en el sexenio?

No queremos turistas que derrochen su dinero en México… Se cierra el Consejo de Promoción Turística, que puso a México como el sexto país más visitado del mundo.

En síntesis, varias de las medidas que se han anunciado por parte del nuevo gobierno no son para ahorrar, sino que tienen la intención deliberada de la consagración de la pobreza.

Que los pobres sigan siendo pobres, vivan de la ayuda del Gobierno, y a la hora de votar o de ser convocados a marchas y a mítines no se les olvide quién les da de comer...

“…Si se necesita para transferir todos los fondos al pueblo y que haya desarrollo, haya trabajo, haya bienestar, el Gobierno va a entrar a una fase superior…”.

… “vamos de la austeridad republicana a la pobreza franciscana”. “…es decir, nada de derroche. No puede haber gobierno rico con pueblo pobre…”

Lo dijo el presidente López Obrador en su primera conferencia matutina de febrero desde Palacio Nacional. Según los enterados ya lo ha explicado de cómo la economía popular tiene como su más alto estadio, el “franciscanismo”.

“Esto es, vestir con sayo marrón, del color de la tierra y olvidarse de cuanto brillo material se oponga al enriquecimiento espiritual (Rafael Cardona)”.

La orden de los franciscanos tiene como una de sus características los votos de pobreza, castidad y obediencia.

Ahora sí, ya vamos entendiendo en qué consiste la Cuarta Transformación, y su objetivo: igualarnos en la pobreza. ¿Exageración? Bueno, en América ya tenemos ejemplos: Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Brasil (para allá van). En el Caribe, Cuba. En otras partes del mundo, Reino Unido, Italia, Estados Unidos, que buscan aislarse del resto del mundo.

México con AMLO y su “programa” se encamina en ese sentido: Ha despedido a miles de empleados de la administración, y se esperan más despidos. Cierra las estancias infantiles, se cancelan programas populares de salud, se da marcha atrás a la reforma educativa.

Se busca la autosuficiencia energética, alimentaria y tecnológica, a la vez que se cancelan programas de investigación tecnológica al restringir recursos a las instituciones encargadas como al Conacyt, tecnológicos y universidades.

Yeidckol Polevnsky, dirigente nacional de Morena, dice: “cuando sacas a la gente de la pobreza y llegan a clase media, se les olvida de dónde vienen, porque la gente piensa como vive”.

Deduce Pablo Hiriart: La filosofía del nuevo grupo gobernante es que hay que vivir en la pobreza.

No queremos avión presidencial porque es símbolo de riqueza…

No queremos un aeropuerto de talla mundial… Y lo vamos a destruir, aunque cueste más caro que terminarlo.

No queremos Los Pinos, porque es un palacio del lujo. Aunque prácticamente todos los países del mundo tienen una casa presidencial.

Por eso el general Cárdenas compró la hacienda La Hormiga para construir ahí la residencia de los presidentes de México.

No queremos funcionarios de calidad, técnicos de primera, investigadores de prestigio, diplomáticos acreditados que ganen bien, porque los “altos sueldos también son corrupción”.

Tienen que irse los talentos calificados y contratar para esos puestos a personas de mediana capacidad, pero que sean leales a la causa del partido y su jefe.

No queremos inversión extranjera, porque es acercarnos a los ricos.

Por eso se cierra ProMéxico, que logró que en el pasado sexenio entraran al país 192 mil millones de dólares en inversiones internacionales, ¿o de dónde creen que salieron los 4 millones de nuevos empleos formales en el sexenio?

No queremos turistas que derrochen su dinero en México… Se cierra el Consejo de Promoción Turística, que puso a México como el sexto país más visitado del mundo.

En síntesis, varias de las medidas que se han anunciado por parte del nuevo gobierno no son para ahorrar, sino que tienen la intención deliberada de la consagración de la pobreza.

Que los pobres sigan siendo pobres, vivan de la ayuda del Gobierno, y a la hora de votar o de ser convocados a marchas y a mítines no se les olvide quién les da de comer...

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