/ sábado 25 de mayo de 2019

Del ego y otras verdades

En vistas de los cambios que se avecinan, además de la confusión, el aumento del desorden y las diatribas desgastantes entre los egos políticos, vuelvo a lo mío: el desarrollo humano. Y fíjese usted, querido lector, lectora, que el aprendizaje sobre uno mismo nunca termina, pues apenas desmenuzamos, analizamos y aprendemos a manejar una emoción, cuando nos surge un nuevo conflicto, con sus respectivas emociones, que hay que digerir.

Era muy joven cuando aprendí (académicamente) lo que era la asertividad, la autoestima, la comunicación, la terapia Gestalt, el “pienso, luego existo”; incluso, admiré a Freud y pasé buen tiempo de mi vida sicoanalizando a los demás: que si aquella padece el complejo de Electra, que si aquel el de Edipo, que si está reprimido sexualmente; pero a la hora de mis propias crisis todo esto sólo me servía como un razonamiento externo, era como una receta médica sin llevarla a cabo porque no sabía dónde comprar los medicamentos ni cómo tomármelos.

Cuando vi que todo ese conocimiento no me servía para ser feliz (en aquel tiempo todavía creía que había algo mágico que me iba a dar felicidad) seguí buscando y encontré disciplinas físicas que me daban un bienestar delicioso, pero aun así me faltaba paz mental.

La paz mental es dejar de desear una cosa tras otra y disfrutar el presente. ¿Disfrutar el presente? Preguntarán algunos, pero cómo, si quiero llegar a ser el mejor doctor, o si de pequeño sufrí muchísimo; sin embargo, no hay nada más muerto que el pasado, ni más ilusorio que el futuro. Y esas cuestiones sólo le sirven a nuestro ego para perturbarnos el disfrute del presente.

La gran noticia aquí es que hay tanto ego en contar nuestro sufrimiento, como en el vanidoso que presume su carro nuevo. Hablar de nuestras enfermedades o penas es ego puro, es estar centrado en uno mismo sin ver a su alrededor. Aprender teorías no sirve de nada, aplicarlas es harto difícil porque se necesita una conexión neuronal más fuerte y eso sólo lo da la meditación.

Querido lector, lectora, si usted quiere cambios en su vida, abóquese a la meditación sin mucho rollo; estamos en la era del aprendizaje autodidacta y sobran videos en los que le muestran cómo; y tal vez entonces, usted como yo, se dé cuenta de que no ha buscado ser feliz sino tener paz mental, o sea, dejar de brincar de un deseo a otro y disfrutar el presente.

www.silviagonzalez.com.mx

En vistas de los cambios que se avecinan, además de la confusión, el aumento del desorden y las diatribas desgastantes entre los egos políticos, vuelvo a lo mío: el desarrollo humano. Y fíjese usted, querido lector, lectora, que el aprendizaje sobre uno mismo nunca termina, pues apenas desmenuzamos, analizamos y aprendemos a manejar una emoción, cuando nos surge un nuevo conflicto, con sus respectivas emociones, que hay que digerir.

Era muy joven cuando aprendí (académicamente) lo que era la asertividad, la autoestima, la comunicación, la terapia Gestalt, el “pienso, luego existo”; incluso, admiré a Freud y pasé buen tiempo de mi vida sicoanalizando a los demás: que si aquella padece el complejo de Electra, que si aquel el de Edipo, que si está reprimido sexualmente; pero a la hora de mis propias crisis todo esto sólo me servía como un razonamiento externo, era como una receta médica sin llevarla a cabo porque no sabía dónde comprar los medicamentos ni cómo tomármelos.

Cuando vi que todo ese conocimiento no me servía para ser feliz (en aquel tiempo todavía creía que había algo mágico que me iba a dar felicidad) seguí buscando y encontré disciplinas físicas que me daban un bienestar delicioso, pero aun así me faltaba paz mental.

La paz mental es dejar de desear una cosa tras otra y disfrutar el presente. ¿Disfrutar el presente? Preguntarán algunos, pero cómo, si quiero llegar a ser el mejor doctor, o si de pequeño sufrí muchísimo; sin embargo, no hay nada más muerto que el pasado, ni más ilusorio que el futuro. Y esas cuestiones sólo le sirven a nuestro ego para perturbarnos el disfrute del presente.

La gran noticia aquí es que hay tanto ego en contar nuestro sufrimiento, como en el vanidoso que presume su carro nuevo. Hablar de nuestras enfermedades o penas es ego puro, es estar centrado en uno mismo sin ver a su alrededor. Aprender teorías no sirve de nada, aplicarlas es harto difícil porque se necesita una conexión neuronal más fuerte y eso sólo lo da la meditación.

Querido lector, lectora, si usted quiere cambios en su vida, abóquese a la meditación sin mucho rollo; estamos en la era del aprendizaje autodidacta y sobran videos en los que le muestran cómo; y tal vez entonces, usted como yo, se dé cuenta de que no ha buscado ser feliz sino tener paz mental, o sea, dejar de brincar de un deseo a otro y disfrutar el presente.

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