/ miércoles 13 de febrero de 2019

Delincuentes seriales

En los últimos días se ha sembrado la percepción de existencia de “violadores seriales”, que representan un peligro para la sociedad. Y latente se encuentra la idea de que muchos de los feminicidios impunes que ocurren pueden ser acciones de delincuentes seriales que han estado fuera del alcance del largo brazo de la ley.

La Lic. Sinaí Rascón, en su ensayo “Análisis de casos de homicidas seriales que incluyen violencia sexual.”, nos habla de estos casos, sus antecedentes, algunos ejemplos y las razones por las cuales se llega a estos límites de violencia.

“Ante el homicidio la ley castiga, pero es el último eslabón al que se llega tras una labor de investigación que no siempre llega a un puerto por motivos varios. El conocimiento de algunas tipologías de homicidios es en ocasiones fundamental para conocer el fin deseado, que es descubrir al autor de los hechos. Homicida serial es el que mata tres o más víctimas, de forma sucesiva y con periodos de ‘enfriamiento’ entre ellas”.

De los principales homicidas seriales con agresión sexual en el mundo está la historia de Richard Ramírez, “The Night Stalker”. Como la mayoría de los asesinos en serie, Ramírez fue en su adolescencia un chico problemático: a los 9 años ya comenzó a robar y más tarde a consumir drogas en Texas, su estado natal.

Una vez en Los Ángeles, comienza su carrera como asesino, sin unas pautas concretas, lo cual hacía más difícil su detención: mataba personas dándole igual sexo, raza, edad o condición. Las armas utilizadas iban desde un bate de beisbol a un puñal, pasando por varios tipos de pistolas.

Su “modus operandi” también oscilaba, ya que podía asesinar de una manera organizada sin dejar pista o matar sin ningún cuidado creyéndose amparado por su Dios Satán, dibujando signos satánicos en las paredes, comiendo en casa de sus víctimas, robándoles el dinero que llevaban encima o dejando las armas homicidas en el lugar del crimen.

Finalmente es acusado de 14 asesinatos, 5 intentos de asesinato, 9 violaciones (entre las cuales 3 fueron a menores), 2 secuestros (solía secuestrar niños para abandonarlos a cientos de kilómetros de su casa sólo por el placer de hacerlos sufrir), 4 actos de sodomía, 2 felaciones forzadas, 5 robos y 14 allanamientos de morada. A pesar de estos datos, se estima que actuó en muchas más ocasiones, ya que su modus operandi no era fácilmente identificable y él nunca colaboró con la policía dando datos de sus crímenes.

Si le interesa conocer el ensayo completo, por favor solicítelo a mi correo y con gusto se lo envío.


Correo: vicmedina@hotmail.com

En los últimos días se ha sembrado la percepción de existencia de “violadores seriales”, que representan un peligro para la sociedad. Y latente se encuentra la idea de que muchos de los feminicidios impunes que ocurren pueden ser acciones de delincuentes seriales que han estado fuera del alcance del largo brazo de la ley.

La Lic. Sinaí Rascón, en su ensayo “Análisis de casos de homicidas seriales que incluyen violencia sexual.”, nos habla de estos casos, sus antecedentes, algunos ejemplos y las razones por las cuales se llega a estos límites de violencia.

“Ante el homicidio la ley castiga, pero es el último eslabón al que se llega tras una labor de investigación que no siempre llega a un puerto por motivos varios. El conocimiento de algunas tipologías de homicidios es en ocasiones fundamental para conocer el fin deseado, que es descubrir al autor de los hechos. Homicida serial es el que mata tres o más víctimas, de forma sucesiva y con periodos de ‘enfriamiento’ entre ellas”.

De los principales homicidas seriales con agresión sexual en el mundo está la historia de Richard Ramírez, “The Night Stalker”. Como la mayoría de los asesinos en serie, Ramírez fue en su adolescencia un chico problemático: a los 9 años ya comenzó a robar y más tarde a consumir drogas en Texas, su estado natal.

Una vez en Los Ángeles, comienza su carrera como asesino, sin unas pautas concretas, lo cual hacía más difícil su detención: mataba personas dándole igual sexo, raza, edad o condición. Las armas utilizadas iban desde un bate de beisbol a un puñal, pasando por varios tipos de pistolas.

Su “modus operandi” también oscilaba, ya que podía asesinar de una manera organizada sin dejar pista o matar sin ningún cuidado creyéndose amparado por su Dios Satán, dibujando signos satánicos en las paredes, comiendo en casa de sus víctimas, robándoles el dinero que llevaban encima o dejando las armas homicidas en el lugar del crimen.

Finalmente es acusado de 14 asesinatos, 5 intentos de asesinato, 9 violaciones (entre las cuales 3 fueron a menores), 2 secuestros (solía secuestrar niños para abandonarlos a cientos de kilómetros de su casa sólo por el placer de hacerlos sufrir), 4 actos de sodomía, 2 felaciones forzadas, 5 robos y 14 allanamientos de morada. A pesar de estos datos, se estima que actuó en muchas más ocasiones, ya que su modus operandi no era fácilmente identificable y él nunca colaboró con la policía dando datos de sus crímenes.

Si le interesa conocer el ensayo completo, por favor solicítelo a mi correo y con gusto se lo envío.


Correo: vicmedina@hotmail.com

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