/ martes 13 de agosto de 2019

Despedida

Sabores, olores, texturas, productos y empaques me seducen por el deleite y la comodidad que me dan; pero con el paso del tiempo he renunciado a algunos, porque sé que no son buenos. Mis despedidas están basadas en razonamientos que incluyen ver por mi salud y la del planeta, que es la tuya también.

¿De qué sirve que estemos tan enfocados en estar individualmente saludables si no consideramos primero la salud del medio que nos provee lo indispensable para vivir? ¿Hasta dónde nos alcanzará estar sanos si paralelamente destruimos con nuestra demanda y consumismo los ecosistemas que le dan vida al planeta, nuestra casa?

Es tiempo de despedir gustos y comodidades y ¡es muy difícil, porque la costumbre puede más que el amor!, pero una vez que la conciencia despierta ante la unidad, la responsabilidad llama a ver por el conjunto.

He analizado lo que he dejado atrás y también lo que me falta por erradicar para quitarle carga negativa a mi ser y al medio natural ¡Y hay mucho trabajo por hacer!

En mi adolescencia dejé de tomar Coca-Cola, ¡me costó! porque crea una adicción fuerte. Ahora sé que los refrescos no sólo son malos para el que los toma, su proceso, de elaboración y desecho son pésimos para cualquier ecosistema. Sé lo que implica la fabricación de un refresco y la gran contaminación que producen, por eso ni de chiste compro o me tomo uno más.

Pelón pelo rico ¡mmm!, tamarindo que me fascina, pero ya lo borré de mi lista de antojos, así como muchos dulces que solía comprar envueltos en excesivos plásticos.

¡Ah, cómo me encuentro encendedores tirados! Por eso si necesito fuego recurriré sin duda a los cerillos y si no hay, a ver si me sale el truquito de las dos piedras.

Desodorantes para las axilas, adornados con empaques seductores, esqueletos de plástico que le quedan grande a la mínima cantidad de producto que traen. Y así como este artículo, hay infinidad de cosas y sustancias envasadas en contenedores caprichosamente grandes para que el consumidor se vaya con la finta de que recibe más.

Regalos, un intercambio de festejo, amor y agradecimiento, millones de envolturas, moños, globos, papelitos, tarjetas, una bola enorme de desechos, ¿que no habrá otra manera de dar sin generar basura?

Lugares de recreo atiborrados de juguetes de plástico que después de un rato terminarán en la basura. ¿Que no se podrá poner a los niños a jugar juegos nuevos?

Se me ocurre uno, lo único que necesitarían sería unos guantes de tela. En el parque, campo, playa, hacer una competencia, recoger colillas de cigarro, botellas de plástico, tapaderas, lo que se vea regado, y después depositarlo en la basura para darles una lección a los pequeños. ¡Educar jugando!

Volver a estimular el juego con la tierra, piedras, palos, hojas, conchas, etc.

Platos, vasos y cubiertos desechables ¡por favor ya no, nunca más!

Urgen nuevas maneras ecológicas de comer, de ver por nuestra higiene y salud, diferentes costumbres de entretenernos, de convivir, sin contaminar.

Personas con imaginación e iniciativa, proponen que cambiemos el rumbo y que sacrifiquemos la adicción a la comodidad, que salgamos del individualismo, para en conjunto adoptar nuevas costumbres que redituarán con creses, tanto en lo personal como en lo comunitario. Hazlo por el presente, regálaselo al futuro.






Sabores, olores, texturas, productos y empaques me seducen por el deleite y la comodidad que me dan; pero con el paso del tiempo he renunciado a algunos, porque sé que no son buenos. Mis despedidas están basadas en razonamientos que incluyen ver por mi salud y la del planeta, que es la tuya también.

¿De qué sirve que estemos tan enfocados en estar individualmente saludables si no consideramos primero la salud del medio que nos provee lo indispensable para vivir? ¿Hasta dónde nos alcanzará estar sanos si paralelamente destruimos con nuestra demanda y consumismo los ecosistemas que le dan vida al planeta, nuestra casa?

Es tiempo de despedir gustos y comodidades y ¡es muy difícil, porque la costumbre puede más que el amor!, pero una vez que la conciencia despierta ante la unidad, la responsabilidad llama a ver por el conjunto.

He analizado lo que he dejado atrás y también lo que me falta por erradicar para quitarle carga negativa a mi ser y al medio natural ¡Y hay mucho trabajo por hacer!

En mi adolescencia dejé de tomar Coca-Cola, ¡me costó! porque crea una adicción fuerte. Ahora sé que los refrescos no sólo son malos para el que los toma, su proceso, de elaboración y desecho son pésimos para cualquier ecosistema. Sé lo que implica la fabricación de un refresco y la gran contaminación que producen, por eso ni de chiste compro o me tomo uno más.

Pelón pelo rico ¡mmm!, tamarindo que me fascina, pero ya lo borré de mi lista de antojos, así como muchos dulces que solía comprar envueltos en excesivos plásticos.

¡Ah, cómo me encuentro encendedores tirados! Por eso si necesito fuego recurriré sin duda a los cerillos y si no hay, a ver si me sale el truquito de las dos piedras.

Desodorantes para las axilas, adornados con empaques seductores, esqueletos de plástico que le quedan grande a la mínima cantidad de producto que traen. Y así como este artículo, hay infinidad de cosas y sustancias envasadas en contenedores caprichosamente grandes para que el consumidor se vaya con la finta de que recibe más.

Regalos, un intercambio de festejo, amor y agradecimiento, millones de envolturas, moños, globos, papelitos, tarjetas, una bola enorme de desechos, ¿que no habrá otra manera de dar sin generar basura?

Lugares de recreo atiborrados de juguetes de plástico que después de un rato terminarán en la basura. ¿Que no se podrá poner a los niños a jugar juegos nuevos?

Se me ocurre uno, lo único que necesitarían sería unos guantes de tela. En el parque, campo, playa, hacer una competencia, recoger colillas de cigarro, botellas de plástico, tapaderas, lo que se vea regado, y después depositarlo en la basura para darles una lección a los pequeños. ¡Educar jugando!

Volver a estimular el juego con la tierra, piedras, palos, hojas, conchas, etc.

Platos, vasos y cubiertos desechables ¡por favor ya no, nunca más!

Urgen nuevas maneras ecológicas de comer, de ver por nuestra higiene y salud, diferentes costumbres de entretenernos, de convivir, sin contaminar.

Personas con imaginación e iniciativa, proponen que cambiemos el rumbo y que sacrifiquemos la adicción a la comodidad, que salgamos del individualismo, para en conjunto adoptar nuevas costumbres que redituarán con creses, tanto en lo personal como en lo comunitario. Hazlo por el presente, regálaselo al futuro.






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