/ viernes 16 de agosto de 2019

Después del Concilio Vaticano II

Me parece que la visión de la clausura del Concilio Vaticano, que iba a terminar el 8 de diciembre de 1965, y que había iniciado el 11 de octubre de 1962, hizo al Papa Pablo VI pensar mucho en el posconcilio. Por eso habló mucho acerca del tiempo posterior al Concilio, cómo vivirlo. Hablaba del posconcilio en: alocuciones, entrevistas, radiofonemas, reuniones, audiencias, recepciones, congresos, comentarios, homilías. He aquí las ideas vertidas por el Papa, a la vista del fin del Concilio:

“El Concilio Vaticano II es un hecho sobrenatural, después del Concilio, hay que tener una conciencia posconciliar. En el posconcilio hay que tener una actitud positiva. En el posconcilio empezará la eficacia del Concilio. En el posconcilio hemos de sentiros iluminados por la fe cristiana. No hemos de responder al futuro con incertidumbre. En el posconcilio no se trata únicamente de aceptar y propagar las enseñanzas del Concilio, sino de transformarse personalmente y ajustarse a la imagen que la Iglesia ha creado en el Concilio. Los laicos han de hacer más orgánico el apostolado en el mundo. Los laicos son el Pueblo de Dios, vivan como hijos de la Iglesia. Laico quiere decir apóstol. Los laicos tienen una dignidad natural y sobrenatural; vivan esa dignidad. El sacerdocio de los laicos les da capacidad para ejercer un culto espiritual, vivan su sacerdocio. Hay que darle importancia al ecomunismo. El Concilio nos pide mirar al mundo con optimismo. Es un designio de Dios la unidad entre los cristianos. En el posconcilio ya no es hora de discutir, sino de aplicar las doctrinas del Concilio. El posconcilio es el espejo en el que tenemos que ver a Cristo y en Él a Dios. Queremos que fuera más ardiente y más habitual el culto y el amor al Espíritu Santo. La Iglesia no envejece sino que florece siempre, háganla florecer. En el posconcilio hagan que la Iglesia sea una ciudad sobre el monte. El posconcilio no ha de ser objeto de cansancio, sino de alegría. El posconcilio ha de ser manifestación de la unidad de la Iglesia. A partir del Concilio hay que vivir las verdades de la fe. El posconcilio exige lucidez y equilibrio”.

Me parece que la visión de la clausura del Concilio Vaticano, que iba a terminar el 8 de diciembre de 1965, y que había iniciado el 11 de octubre de 1962, hizo al Papa Pablo VI pensar mucho en el posconcilio. Por eso habló mucho acerca del tiempo posterior al Concilio, cómo vivirlo. Hablaba del posconcilio en: alocuciones, entrevistas, radiofonemas, reuniones, audiencias, recepciones, congresos, comentarios, homilías. He aquí las ideas vertidas por el Papa, a la vista del fin del Concilio:

“El Concilio Vaticano II es un hecho sobrenatural, después del Concilio, hay que tener una conciencia posconciliar. En el posconcilio hay que tener una actitud positiva. En el posconcilio empezará la eficacia del Concilio. En el posconcilio hemos de sentiros iluminados por la fe cristiana. No hemos de responder al futuro con incertidumbre. En el posconcilio no se trata únicamente de aceptar y propagar las enseñanzas del Concilio, sino de transformarse personalmente y ajustarse a la imagen que la Iglesia ha creado en el Concilio. Los laicos han de hacer más orgánico el apostolado en el mundo. Los laicos son el Pueblo de Dios, vivan como hijos de la Iglesia. Laico quiere decir apóstol. Los laicos tienen una dignidad natural y sobrenatural; vivan esa dignidad. El sacerdocio de los laicos les da capacidad para ejercer un culto espiritual, vivan su sacerdocio. Hay que darle importancia al ecomunismo. El Concilio nos pide mirar al mundo con optimismo. Es un designio de Dios la unidad entre los cristianos. En el posconcilio ya no es hora de discutir, sino de aplicar las doctrinas del Concilio. El posconcilio es el espejo en el que tenemos que ver a Cristo y en Él a Dios. Queremos que fuera más ardiente y más habitual el culto y el amor al Espíritu Santo. La Iglesia no envejece sino que florece siempre, háganla florecer. En el posconcilio hagan que la Iglesia sea una ciudad sobre el monte. El posconcilio no ha de ser objeto de cansancio, sino de alegría. El posconcilio ha de ser manifestación de la unidad de la Iglesia. A partir del Concilio hay que vivir las verdades de la fe. El posconcilio exige lucidez y equilibrio”.

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