/ jueves 16 de julio de 2020

Disculpas, para Álex y Santiago (recién graduados de primaria)

Varias han sido las ocasiones en que en la casa de ustedes, que es la mía, nos preguntamos el porqué de esta pandemia bautizada como Covid-19, nos cuesta mucho entender y comprender que ha derivado de un murciélago de tierras asiáticas y ante las incógnitas no nos queda más que expresar disculpas a mi par de chamacos que dentro de su inocencia les tocó formar parte de esta triste etapa de la historia donde la naturaleza, cansada de lo mal que la hemos tratado, nos dice, a su manera, que ya estuvo.

Discúlpenme hijos por estos momentos de desorientación que, nosotros los grandes, los fuimos construyendo hace mucho tiempo, unos con plena conciencia y otros inconscientemente; discúlpenme hijos por esos días perdidos en los que no pudimos disfrutar de la frescura del parque y de jugar con su mascota corriendo por los jardines, discúlpenme porque los hombres que se supone deben de velar por todos nosotros no lo han hecho adecuadamente, discúlpenme porque no han podido estar al lado de sus abuelos, quienes sufren más que nadie esto del aislamiento, discúlpenme porque su graduación de primaria llegó de forma virtual sin poder brincar y disfrutar al lado de sus maestras y amiguitos del salón de clases y ahora se han vuelto más amigos de la computadora.

Les ofrezco disculpas porque envuelto de una capa protectora contra la intolerancia alguna vez les fallé levantando la voz innecesariamente, por aquel gel antibacterial que les obligamos a ponerse, por ese molesto cubrebocas, por decirles a cada rato que se laven las manos, disculpas porque, aunque hemos tratado de ocultarlo, se dan cuenta de la preocupación que tienen mamá y papá. Lamento profundamente que a su temprana edad hayan tenido que aprender el significado de palabras tan desagradables como virus, guerra, muerte, política y corrupción.

Hemos hecho todo lo posible porque mientras están enclaustrados en las paredes de la casa tengan algunas actividades para que sea más llevadera la situación, entendiendo que con el pasar del tiempo la sensación de estar prisioneros se asoma de repente, su cara nos los dice. Volveremos a ver el sol y las estrellas, volveremos a correr y jugar futbol, despertaremos de este mal sueño que algo positivo nos tiene que dejar, alguien despertará también a Dios, téngalo por seguro.

Me dirijo particularmente a mis dos descendencias, pero los receptores de estas líneas son cada uno de los niños y niñas, de quienes sus preocupados padres aprenden día con día. Seguramente han escuchado ya que ustedes son el futuro de este mundo, sabemos que su reto es bastante complicado y por ello les otorgamos nuestras disculpas custodiadas con el mayor amor que puedan tener. Vamos pues.


Varias han sido las ocasiones en que en la casa de ustedes, que es la mía, nos preguntamos el porqué de esta pandemia bautizada como Covid-19, nos cuesta mucho entender y comprender que ha derivado de un murciélago de tierras asiáticas y ante las incógnitas no nos queda más que expresar disculpas a mi par de chamacos que dentro de su inocencia les tocó formar parte de esta triste etapa de la historia donde la naturaleza, cansada de lo mal que la hemos tratado, nos dice, a su manera, que ya estuvo.

Discúlpenme hijos por estos momentos de desorientación que, nosotros los grandes, los fuimos construyendo hace mucho tiempo, unos con plena conciencia y otros inconscientemente; discúlpenme hijos por esos días perdidos en los que no pudimos disfrutar de la frescura del parque y de jugar con su mascota corriendo por los jardines, discúlpenme porque los hombres que se supone deben de velar por todos nosotros no lo han hecho adecuadamente, discúlpenme porque no han podido estar al lado de sus abuelos, quienes sufren más que nadie esto del aislamiento, discúlpenme porque su graduación de primaria llegó de forma virtual sin poder brincar y disfrutar al lado de sus maestras y amiguitos del salón de clases y ahora se han vuelto más amigos de la computadora.

Les ofrezco disculpas porque envuelto de una capa protectora contra la intolerancia alguna vez les fallé levantando la voz innecesariamente, por aquel gel antibacterial que les obligamos a ponerse, por ese molesto cubrebocas, por decirles a cada rato que se laven las manos, disculpas porque, aunque hemos tratado de ocultarlo, se dan cuenta de la preocupación que tienen mamá y papá. Lamento profundamente que a su temprana edad hayan tenido que aprender el significado de palabras tan desagradables como virus, guerra, muerte, política y corrupción.

Hemos hecho todo lo posible porque mientras están enclaustrados en las paredes de la casa tengan algunas actividades para que sea más llevadera la situación, entendiendo que con el pasar del tiempo la sensación de estar prisioneros se asoma de repente, su cara nos los dice. Volveremos a ver el sol y las estrellas, volveremos a correr y jugar futbol, despertaremos de este mal sueño que algo positivo nos tiene que dejar, alguien despertará también a Dios, téngalo por seguro.

Me dirijo particularmente a mis dos descendencias, pero los receptores de estas líneas son cada uno de los niños y niñas, de quienes sus preocupados padres aprenden día con día. Seguramente han escuchado ya que ustedes son el futuro de este mundo, sabemos que su reto es bastante complicado y por ello les otorgamos nuestras disculpas custodiadas con el mayor amor que puedan tener. Vamos pues.


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