Comienzan las campañas que definirán nuestro futuro y demostrarán qué es lo que nos importa. Serán sesenta días de campaña. El 6 de junio tendremos la mayor elección concurrente de nuestra historia.

Definirá el futuro de México, en función de si Morena y López Obrador mantienen o amplían su mayoría en la Cámara de Diputados para profundizar la agenda de reformas en materia energética y fiscal de las que ya se han hecho anuncios.

Reformar la Ley de Hidrocarburos para desandar la Reforma Energética de 2013 y darle a Pemex mayores ventajas, igual que la Ley del Sistema Eléctrico que pretende favorecer a la CFE en detrimento de las energías limpias y de la inversión privada. Pero, mientras no modifiquen la constitución, Morena y López Obrador seguirán perdiendo los amparos y las acciones de inconstitucionalidad. También intentarán una profunda Reforma Fiscal después de las elecciones porque ya no tienen dinero.

Los manejos de las finanzas y de sus políticas públicas agotaron las reservas de los fondos, como el de Estabilización de los Ingresos Presupuestales, eliminaron los estrechos espacios fiscales y terminaron por liquidar los 109 fideicomisos donde se fondeaban los programas de apoyo a la ciencia, la tecnología, el financiamiento al campo, se tenían recursos para apoyo en los desastres naturales y para financiar las enfermedades catastróficas de la población. Concentrar mas poder en el Poder Ejecutivo, transferir mas recursos y facultades al Ejército, debilitar los órganos autónomos (ahora viene el turno al INE), y buscar una nueva Constitución Política para dejar su impronta nacionalista y populista son los proyectos para el segundo tramo de su administración.

Las expectativas de que Morena tenga menores votos respecto a 2018 se basan en que históricamente las intermedias son un reflujo respecto a las presidenciales desde Zedillo, Fox, Calderón y Peña; el que AMLO no esté en la boleta; y el que la crisis económica, de inseguridad y violencia generalizada y de género le cobren alguna factura.

Las expectativas de que Morena gane se basan en la elevada popularidad del presidente, en la rentabilidad de las transferencias monetarias de los diversos programas sociales y en la nulificada oposición de los partidos tradicionales que han optado por el pragmatismo electoral en vez de construir un proyecto alternativo de programa que entusiasme a los ciudadanos.

El gran faltante en el escenario político es la propuesta de un modelo alternativo que reduzca la enorme desigualdad de ingreso y de oportunidades, de crecimiento económico con responsabilidad social y con el medioambiente, que combata la corrupción y la impunidad con la participación de la ciudadanía.

Pero los partidos de oposición prefirieron la ruta del pragmatismo, que prioriza la popularidad de l@s candidat@s sobre su trayectoria ética, y que prioriza la suma aritmética de la alianza PAN-PRI-PRD sobre la alianza de una plataforma democrática mínima común.

La esperanza está ahora en los ciudadanos que tengan la capacidad de ver más allá de las filias grupales o las fobias a Morena para apoyar a quienes ayuden a construir esa agenda transformadora que atienda a los problemas fundamentales de la mayoría de la población: falta de oportunidades, empleos bien remunerados, protección de los Derechos Humanos, políticos, económicos y culturales. Más allá de partidos, elegir a las personas y a las propuestas que ayuden a solucionarlos.