/ domingo 8 de agosto de 2021

El informe del Consejo Nacional de Evaluación (Coneval) sobre la pobreza en México

El pasado jueves 5 de agosto el Coneval hizo público su informe sobre el estado actual de la pobreza en México y en las entidades federativas, en el que da cuenta de lo que llama pobreza multidimensional.

Su informe, basado en una presentación de 85 diapositivas, donde se contienen cientos de indicadores sobre la pobreza y la desigualdad, fundados tanto en la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto de los Hogares 2021, como en los resultados de Censo de Población 2021, tiene un defecto de fondo: nos ofrece un sinfín de indicadores sobre lo que llaman las dimensiones de la pobreza; pero con una exposición lineal; una explicación extremadamente pobre, absolutamente descontextualizada; y con una interpretación sesgada de una información cuyas entrañas son monopolio del propio Consejo.

El Consejo, como su nombre lo indica y su misión lo especifica, tiene como principal propósito evaluar las políticas públicas y desde luego los programas gubernamentales, pero la presentación que realizó su secretario ejecutivo, el Dr. José Nabor Cruz, se redujo a una exaltación, como en las películas del cine mudo, de lo que el platicador deseaba que viéramos y escucháramos de la nueva historia sobre la pobreza que el Coneval está construyendo, a partir de gráficas y cifras, cuya estimación probabilística está sujeta a infinidad de errores, no sólo probabilísticos, sino además de correspondencia con la realidad.

Era muy claro que el mensaje que el Dr. Cruz quería transmitirnos era sólo uno: que la pobreza en México ha crecido en este sexenio. Que ahora en México hay 3.8 millones de nuevos pobres y que por lo tanto las políticas de bienestar han fallado.

Sin embargo, lo que parece haber crecido es la pobreza analítica del Coneval y su vocero y el abuso que realiza de un aparato informativo que está destinado a un propósito más elevado que es el de hacer una evaluación integral, imparcial e independiente de los resultados de la gestión de la política y los programas sociales del gobierno federal.

Por ello es oportuno recordarle a Coneval que su función principal no es construir y presentar las estimaciones cuantitativas de lo que ellos llaman pobreza multidimensional, en todo caso esta tarea le corresponde realizarla al Inegi que, por cierto, les aporta, sin recibir el debido reconocimiento, toda la materia prima que requieren para producir sus indicadores de pobreza.

En realidad, al secretario ejecutivo no le interesaba ofrecerle al pueblo de México una verdadera evaluación de la gestión gubernamental de la 4T, sólo deseaban anunciar y difundir un nuevo parto de sus montes, cifrado en el mensaje de que México ahora es más pobre.

Pero ese mensaje tiene que ser descifrado, porque sólo exhibe datos, pero fuera de contexto, cuando lo que debieron hacer era presentarnos un ambiente global, afectado por una pandemia, que ha provocado un cambio drástico en la realidad económica y social de nuestro país y desde luego en todos los indicadores que la representan.

Por esa razón el informe sobre la evolución de la pobreza debió ser absolutamente diferente al que se presentó en 2018, porque la mayor parte de los indicadores de pobreza han sido alterados por los múltiples impactos de la pandemia.

La interpretación de estos indicadores de pobreza debió hacerse, teniendo siempre medido el efecto de la pandemia, pues su impacto fue tan grande y diverso que los indicadores 2020 no son comparables con los que estimaron y presentaron en 2018.

Para que la comparación tenga sentido, hace falta definir una metodología para aislar y medir con la mayor precisión posible el impacto de la pandemia.

Si se supone que la función esencial del Coneval es evaluar la política social, ésta debe evaluarse teniendo en cuenta que el impacto de los programas sociales no puede apreciarse con precisión, porque los impactos de la pandemia también son multidimensionales y difuminan los efectos de las intervenciones gubernamentales sobre el bienestar de las personas y las familias.

Por ello debe solicitarse al Coneval que contextualice sus informes que, por honestidad intelectual, sus funcionarios y especialmente el secretario ejecutivo no insistan en divulgar los resultados sin realizar una debida contextualización que dimensione en qué medida la pandemia ha causado una evolución deficitaria de la mayor parte de sus indicadores.

El pasado jueves 5 de agosto el Coneval hizo público su informe sobre el estado actual de la pobreza en México y en las entidades federativas, en el que da cuenta de lo que llama pobreza multidimensional.

Su informe, basado en una presentación de 85 diapositivas, donde se contienen cientos de indicadores sobre la pobreza y la desigualdad, fundados tanto en la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto de los Hogares 2021, como en los resultados de Censo de Población 2021, tiene un defecto de fondo: nos ofrece un sinfín de indicadores sobre lo que llaman las dimensiones de la pobreza; pero con una exposición lineal; una explicación extremadamente pobre, absolutamente descontextualizada; y con una interpretación sesgada de una información cuyas entrañas son monopolio del propio Consejo.

El Consejo, como su nombre lo indica y su misión lo especifica, tiene como principal propósito evaluar las políticas públicas y desde luego los programas gubernamentales, pero la presentación que realizó su secretario ejecutivo, el Dr. José Nabor Cruz, se redujo a una exaltación, como en las películas del cine mudo, de lo que el platicador deseaba que viéramos y escucháramos de la nueva historia sobre la pobreza que el Coneval está construyendo, a partir de gráficas y cifras, cuya estimación probabilística está sujeta a infinidad de errores, no sólo probabilísticos, sino además de correspondencia con la realidad.

Era muy claro que el mensaje que el Dr. Cruz quería transmitirnos era sólo uno: que la pobreza en México ha crecido en este sexenio. Que ahora en México hay 3.8 millones de nuevos pobres y que por lo tanto las políticas de bienestar han fallado.

Sin embargo, lo que parece haber crecido es la pobreza analítica del Coneval y su vocero y el abuso que realiza de un aparato informativo que está destinado a un propósito más elevado que es el de hacer una evaluación integral, imparcial e independiente de los resultados de la gestión de la política y los programas sociales del gobierno federal.

Por ello es oportuno recordarle a Coneval que su función principal no es construir y presentar las estimaciones cuantitativas de lo que ellos llaman pobreza multidimensional, en todo caso esta tarea le corresponde realizarla al Inegi que, por cierto, les aporta, sin recibir el debido reconocimiento, toda la materia prima que requieren para producir sus indicadores de pobreza.

En realidad, al secretario ejecutivo no le interesaba ofrecerle al pueblo de México una verdadera evaluación de la gestión gubernamental de la 4T, sólo deseaban anunciar y difundir un nuevo parto de sus montes, cifrado en el mensaje de que México ahora es más pobre.

Pero ese mensaje tiene que ser descifrado, porque sólo exhibe datos, pero fuera de contexto, cuando lo que debieron hacer era presentarnos un ambiente global, afectado por una pandemia, que ha provocado un cambio drástico en la realidad económica y social de nuestro país y desde luego en todos los indicadores que la representan.

Por esa razón el informe sobre la evolución de la pobreza debió ser absolutamente diferente al que se presentó en 2018, porque la mayor parte de los indicadores de pobreza han sido alterados por los múltiples impactos de la pandemia.

La interpretación de estos indicadores de pobreza debió hacerse, teniendo siempre medido el efecto de la pandemia, pues su impacto fue tan grande y diverso que los indicadores 2020 no son comparables con los que estimaron y presentaron en 2018.

Para que la comparación tenga sentido, hace falta definir una metodología para aislar y medir con la mayor precisión posible el impacto de la pandemia.

Si se supone que la función esencial del Coneval es evaluar la política social, ésta debe evaluarse teniendo en cuenta que el impacto de los programas sociales no puede apreciarse con precisión, porque los impactos de la pandemia también son multidimensionales y difuminan los efectos de las intervenciones gubernamentales sobre el bienestar de las personas y las familias.

Por ello debe solicitarse al Coneval que contextualice sus informes que, por honestidad intelectual, sus funcionarios y especialmente el secretario ejecutivo no insistan en divulgar los resultados sin realizar una debida contextualización que dimensione en qué medida la pandemia ha causado una evolución deficitaria de la mayor parte de sus indicadores.