/ viernes 30 de noviembre de 2018

El papa Francisco dice


Me parece que la palabra del papa nos ayuda a la reflexión personal. Esto dijo el papa en el último mes, en diferentes días y en diversas ocasiones:

“Los santos nos alientan a vivir las bienaventuranzas. El cuerpo humano no es instrumento de placer. El cristiano debe elegir entre la santidad o la nada. La rivalidad y la vanagloria son los dos peligros que amenazan la unidad de la comunidad cristiana. La misa del domingo está en el centro de la vida de la Iglesia. Sería ilusorio pretender amar al prójimo sin amar a Dios, y sería también ilusorio pretender amar a Dios sin amar al prójimo. No rechacen a Cristo, no le pongan excusas. Ama con tus bienes, aprovecha tus medios para amar como puedas. Si sobre la tierra hay hambre, no es por falta de comida. La gran tentación es conformarse con una vida sin amor. El adúltero es una persona inmadura que interpreta las situaciones según su propio bienestar y satisfacción. Hay que poner a las personas al centro. Los fieles tienen el deber de mantener a la Iglesia, pero no con una lista de precios. Que muera gente por falta de agua potable, es una vergüenza para la humanidad del siglo XXI. El pecado de la murmuración es cotidiano, tanto a nivel personal como familiar, parroquial, diocesano, social. La música y el canto son herramientas eficaces para la evangelización en el mundo contemporáneo. En el centro de la vida eclesial está la Eucaristía. Hay que ser cada vez más testigos del amor evangélico. La tarea que nos ha sido encomendada es encarnar la Palabra de Dios. Los obispos deben ser humildes, mansos, servidores, y no príncipes. Tenemos que vivir con humilde audacia mirando al futuro y en actitud de escucha al Espíritu. No decir falso testimonio significa vivir como hijos de Dios. Los pobres son los últimos, los marginados, los hambrientos. Es falso decir soy bueno porque no hago nada malo, hay que hacer el bien. Con los discapacitados hay que usar el arma del amor, no el falso, meloso o pietista, sino el amor verdadero, concreto, respetuoso. El estruendo de los ricos sofoca el grito de los pobres. La injusticia es la raíz perversa de la pobreza. Estemos vigilantes y listos para dar cuenta de nuestra vida. El grito de los pobres es cada vez más fuerte pero menos escuchado. Dar una respuesta afirmativa a Dios es el primer paso para ser feliz. Los menores son una prioridad fundamental para la Iglesia. Reducir al hombre a un mero consumidor amenaza su libertad. Que el Señor nos libre del comunismo. Jesús es el rey que da un sentido nuevo a la vida. Ante todo, la Virgen Morenita (hablaba de la Virgen de Guadalupe)
nos enseña que la única fuerza capaz de conquistar el corazón de los hombres es la ternura de Dios”.




Me parece que la palabra del papa nos ayuda a la reflexión personal. Esto dijo el papa en el último mes, en diferentes días y en diversas ocasiones:

“Los santos nos alientan a vivir las bienaventuranzas. El cuerpo humano no es instrumento de placer. El cristiano debe elegir entre la santidad o la nada. La rivalidad y la vanagloria son los dos peligros que amenazan la unidad de la comunidad cristiana. La misa del domingo está en el centro de la vida de la Iglesia. Sería ilusorio pretender amar al prójimo sin amar a Dios, y sería también ilusorio pretender amar a Dios sin amar al prójimo. No rechacen a Cristo, no le pongan excusas. Ama con tus bienes, aprovecha tus medios para amar como puedas. Si sobre la tierra hay hambre, no es por falta de comida. La gran tentación es conformarse con una vida sin amor. El adúltero es una persona inmadura que interpreta las situaciones según su propio bienestar y satisfacción. Hay que poner a las personas al centro. Los fieles tienen el deber de mantener a la Iglesia, pero no con una lista de precios. Que muera gente por falta de agua potable, es una vergüenza para la humanidad del siglo XXI. El pecado de la murmuración es cotidiano, tanto a nivel personal como familiar, parroquial, diocesano, social. La música y el canto son herramientas eficaces para la evangelización en el mundo contemporáneo. En el centro de la vida eclesial está la Eucaristía. Hay que ser cada vez más testigos del amor evangélico. La tarea que nos ha sido encomendada es encarnar la Palabra de Dios. Los obispos deben ser humildes, mansos, servidores, y no príncipes. Tenemos que vivir con humilde audacia mirando al futuro y en actitud de escucha al Espíritu. No decir falso testimonio significa vivir como hijos de Dios. Los pobres son los últimos, los marginados, los hambrientos. Es falso decir soy bueno porque no hago nada malo, hay que hacer el bien. Con los discapacitados hay que usar el arma del amor, no el falso, meloso o pietista, sino el amor verdadero, concreto, respetuoso. El estruendo de los ricos sofoca el grito de los pobres. La injusticia es la raíz perversa de la pobreza. Estemos vigilantes y listos para dar cuenta de nuestra vida. El grito de los pobres es cada vez más fuerte pero menos escuchado. Dar una respuesta afirmativa a Dios es el primer paso para ser feliz. Los menores son una prioridad fundamental para la Iglesia. Reducir al hombre a un mero consumidor amenaza su libertad. Que el Señor nos libre del comunismo. Jesús es el rey que da un sentido nuevo a la vida. Ante todo, la Virgen Morenita (hablaba de la Virgen de Guadalupe)
nos enseña que la única fuerza capaz de conquistar el corazón de los hombres es la ternura de Dios”.



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