/ domingo 17 de octubre de 2021

El periodismo de calidad "Es un acto de creación" 

Defender a la prensa libre

Recordando a Javier Darío Restrepo

Por: José Luis Jáquez Balderrama

El 6 de octubre de 2019 falleció en Bogotá Javier Darío Restrepo, un día después de presentar en Medellín su libro “La Constelación de la Ética”, durante el Festival Gabriel García Márquez. Tenía 87 años y escribió 30 libros.

El escritor colombiano es un referente ético en el quehacer periodístico en Iberoamérica, tan necesario en estos momentos de crisis de credibilidad en el oficio, además por los constantes ataques a la prensa libre de gobernantes populistas y delincuentes.

Restrepo inició su carrera como reportero en 1957. Trabajó en el noticiero televisivo “24 Horas” de Colombia; columnista de los diarios El Tiempo, El Espectador y El Colombiano. Fue corresponsal de guerra. Catedrático de la Universidad de los Andes.

La Fundación Gabo, de la que formó parte como consultor, calificó a Restrepo como “Pilar y guía en el ejercicio del periodismo ético en Iberoamérica”.

Por su contribución al oficio periodístico, en 2014 recibió el Reconocimiento a la Excelencia del Premio Gabriel García Márquez de Periodismo. Resaltó por la defensa de la tradición del periodismo de calidad y la voluntad de asumir los retos de los nuevos tiempos.

Asimismo fue ganador del Premio Nacional de Círculo de Periodistas de Bogotá (CPB) en la categoría de prensa en 1993, así como del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar en 1985 y 1986. Y del Premio Latinoamericano a la Ética Periodística otorgado por el Centro Latinoamericano de Periodismo (Celap), auspiciado por la Universidad Internacional de la Florida, en 1997. Restrepo apostaba por un “periodismo que propone y hace aparecer la esperanza con todo su dinamismo”.

En su decálogo, destaca que el buen periodista ha de estar orgulloso de su profesión. Respeto por lo que hace uno y que vaya encaminado a favorecer a una sociedad libre.

El periodista debe ser un apasionado por la verdad.

Esto se lee en una placa de bronce que decora el vestíbulo de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Missouri. Con más de un siglo y medio de antigüedad, este texto reza: “El periodista cree que cuanto escribe es solamente lo que siente en su conciencia como verdadero”. Es la misma convicción que hoy proclaman los periodistas con un punto de vista, para quienes es claro que sólo deben escribir y publicar lo que ellos ven como cierto.

El periodismo se aprende y perfecciona más en los errores que en los aciertos. Un error señala las debilidades, estimula las correcciones y logra que hoy se hagan las cosas mejor que ayer y que mañana sean de mayor calidad que las de hoy.

Hacer periodismo con un objetivo. Esto consiste, de acuerdo a Gabriel García Márquez, en “cambiar algo todos los días”, y según el periodista polaco Ryszard Kapuścińsk: “El verdadero periodismo es intencional, es decir, se fija un objetivo e intenta provocar algún tipo de cambio. No hay otro periodismo posible. Si leéis los escritos de los mejores comprobaréis que se trata siempre de un periodismo intencional. Están luchando por algo”.

El periodista se ve sometido a muchas y distintas presiones de políticos y delincuentes.

Ante ello, la conquista de cada pedacito de nuestra independencia exige una batalla. Su testimonio deja la certeza de que nadie es totalmente independiente, de que la independencia se gana día a día y de que, a pesar de todo, es una condición necesaria e irreemplazable para quien quiera ser un buen periodista.

“El buen periodista mantiene intacta su capacidad de asombro. Uno de los grandes peligros de esta profesión es la rutina”, decía Kapuscinski, quien agregaba: “Uno corre el riesgo de estancarse, de quedarse satisfecho... el periodismo es un acto de creación”.

Para no estancarse, para sacudir la rutina, para seguirle la pista a la realidad que todos los días se reinventa, el buen periodista mantiene su capacidad de asombro tan intacta como sus sueños.

Nos pueden seguir: palabrapropia@hotmail.com twiter@palabrapropia

Antena Radio 102.5 FM, de lunes a viernes de 5 a 6 de la tarde.


Defender a la prensa libre

Recordando a Javier Darío Restrepo

Por: José Luis Jáquez Balderrama

El 6 de octubre de 2019 falleció en Bogotá Javier Darío Restrepo, un día después de presentar en Medellín su libro “La Constelación de la Ética”, durante el Festival Gabriel García Márquez. Tenía 87 años y escribió 30 libros.

El escritor colombiano es un referente ético en el quehacer periodístico en Iberoamérica, tan necesario en estos momentos de crisis de credibilidad en el oficio, además por los constantes ataques a la prensa libre de gobernantes populistas y delincuentes.

Restrepo inició su carrera como reportero en 1957. Trabajó en el noticiero televisivo “24 Horas” de Colombia; columnista de los diarios El Tiempo, El Espectador y El Colombiano. Fue corresponsal de guerra. Catedrático de la Universidad de los Andes.

La Fundación Gabo, de la que formó parte como consultor, calificó a Restrepo como “Pilar y guía en el ejercicio del periodismo ético en Iberoamérica”.

Por su contribución al oficio periodístico, en 2014 recibió el Reconocimiento a la Excelencia del Premio Gabriel García Márquez de Periodismo. Resaltó por la defensa de la tradición del periodismo de calidad y la voluntad de asumir los retos de los nuevos tiempos.

Asimismo fue ganador del Premio Nacional de Círculo de Periodistas de Bogotá (CPB) en la categoría de prensa en 1993, así como del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar en 1985 y 1986. Y del Premio Latinoamericano a la Ética Periodística otorgado por el Centro Latinoamericano de Periodismo (Celap), auspiciado por la Universidad Internacional de la Florida, en 1997. Restrepo apostaba por un “periodismo que propone y hace aparecer la esperanza con todo su dinamismo”.

En su decálogo, destaca que el buen periodista ha de estar orgulloso de su profesión. Respeto por lo que hace uno y que vaya encaminado a favorecer a una sociedad libre.

El periodista debe ser un apasionado por la verdad.

Esto se lee en una placa de bronce que decora el vestíbulo de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Missouri. Con más de un siglo y medio de antigüedad, este texto reza: “El periodista cree que cuanto escribe es solamente lo que siente en su conciencia como verdadero”. Es la misma convicción que hoy proclaman los periodistas con un punto de vista, para quienes es claro que sólo deben escribir y publicar lo que ellos ven como cierto.

El periodismo se aprende y perfecciona más en los errores que en los aciertos. Un error señala las debilidades, estimula las correcciones y logra que hoy se hagan las cosas mejor que ayer y que mañana sean de mayor calidad que las de hoy.

Hacer periodismo con un objetivo. Esto consiste, de acuerdo a Gabriel García Márquez, en “cambiar algo todos los días”, y según el periodista polaco Ryszard Kapuścińsk: “El verdadero periodismo es intencional, es decir, se fija un objetivo e intenta provocar algún tipo de cambio. No hay otro periodismo posible. Si leéis los escritos de los mejores comprobaréis que se trata siempre de un periodismo intencional. Están luchando por algo”.

El periodista se ve sometido a muchas y distintas presiones de políticos y delincuentes.

Ante ello, la conquista de cada pedacito de nuestra independencia exige una batalla. Su testimonio deja la certeza de que nadie es totalmente independiente, de que la independencia se gana día a día y de que, a pesar de todo, es una condición necesaria e irreemplazable para quien quiera ser un buen periodista.

“El buen periodista mantiene intacta su capacidad de asombro. Uno de los grandes peligros de esta profesión es la rutina”, decía Kapuscinski, quien agregaba: “Uno corre el riesgo de estancarse, de quedarse satisfecho... el periodismo es un acto de creación”.

Para no estancarse, para sacudir la rutina, para seguirle la pista a la realidad que todos los días se reinventa, el buen periodista mantiene su capacidad de asombro tan intacta como sus sueños.

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