/ martes 18 de mayo de 2021

El poder de los sin poder

El fin de semana tuve la oportunidad de escuchar la charla de una exalumna, actualmente consejera del instituto nacional electoral. La recordaba bien por su lucha a favor de la equidad de género y de la participación ciudadana. Nos habló sobre la democracia en nuestro país. Entre las recomendaciones a lo largo de la charla fue un escrito sobre “vida y muerte de la democracia”. En este mismo encontré una recomendación sobre “el poder de los sin poder”.

En este estudio hace un análisis de algunos rasgos característicos del sistema político post totalitarismo. El primero de estos rasgos es la existencia de un anclaje ideológico, con pretensiones de exclusividad que ofrece al “ciudadano extraviado” un lugar de acogimiento si se presta a pagar por ello el precio de abdicar de su razón, de su conciencia y de su responsabilidad. El segundo es el despliegue de unos mecanismos estatales “tan perfectos y elaborados de manipulación directa e indirecta de toda la sociedad que representan hoy una cualidad radicalmente nueva de la base física del poder “.

El tercero, es el reinado del miedo, por un lado, y de la mentira generalizada, por otro: Asi el autor enuncia una larga lista de hipocresías, manipulaciones y mentiras mil veces repetidas (“al poder de la burocracia se le llama poder del pueblo; a la arbitrariedad, aplicación del ordenamiento jurídico; a la farsa electoral como la forma más alta de democracia; a la prohibición de un pensamiento independiente como la concepción científica del mundo; a la ocupación como ayuda fraterna“) para denunciar la falsedad omnipresente del poder. Y concluye que los individuos sujetos a este régimen post totalitario, si bien no están obligados a creer todas estas mistificaciones, han de comportarse como si las creyesen, o soportarlas en silencio, o comportarse bien con los que en ellas se basan. En resumen, están “obligados a vivir en la mentira “.

A pesar de ser un escrito de hace más de treinta años, vemos características parecidas en la actualidad. Primero unas “mañaneras” con característica de “vedad absoluta”, donde no importa las leyes, ni las razones, ni la responsabilidad. Después un esquema de manipulaciones “oficiales” para hace notar el poder. Finalmente, para enfatizar la estrategia, el miedo y la mentira generalizada repetidas una y otra vez. Definitivamente vivimos una democracia frágil, principalmente por la débil cultura cívica (desconocimiento y falta de información, de la gran mayoría de la sociedad, sobre procesos, leyes, estructuras y pensamientos sociales). Hace falta por cada uno de nosotros, por cada ciudadano, la participación activa en política, así como una actuación en el marco del respeto a la ley, esto es la llamada cultura de la legalidad. Nos urge trabajar en la cultura cívica a todos los niveles y en todos los rincones de nuestro país. Nos hace falta difundir información. Hace falta mostrar el poder de los sin poder, ante los partidos políticos, ante el gobierno, pero más aun, ante y con la sociedad.

El fin de semana tuve la oportunidad de escuchar la charla de una exalumna, actualmente consejera del instituto nacional electoral. La recordaba bien por su lucha a favor de la equidad de género y de la participación ciudadana. Nos habló sobre la democracia en nuestro país. Entre las recomendaciones a lo largo de la charla fue un escrito sobre “vida y muerte de la democracia”. En este mismo encontré una recomendación sobre “el poder de los sin poder”.

En este estudio hace un análisis de algunos rasgos característicos del sistema político post totalitarismo. El primero de estos rasgos es la existencia de un anclaje ideológico, con pretensiones de exclusividad que ofrece al “ciudadano extraviado” un lugar de acogimiento si se presta a pagar por ello el precio de abdicar de su razón, de su conciencia y de su responsabilidad. El segundo es el despliegue de unos mecanismos estatales “tan perfectos y elaborados de manipulación directa e indirecta de toda la sociedad que representan hoy una cualidad radicalmente nueva de la base física del poder “.

El tercero, es el reinado del miedo, por un lado, y de la mentira generalizada, por otro: Asi el autor enuncia una larga lista de hipocresías, manipulaciones y mentiras mil veces repetidas (“al poder de la burocracia se le llama poder del pueblo; a la arbitrariedad, aplicación del ordenamiento jurídico; a la farsa electoral como la forma más alta de democracia; a la prohibición de un pensamiento independiente como la concepción científica del mundo; a la ocupación como ayuda fraterna“) para denunciar la falsedad omnipresente del poder. Y concluye que los individuos sujetos a este régimen post totalitario, si bien no están obligados a creer todas estas mistificaciones, han de comportarse como si las creyesen, o soportarlas en silencio, o comportarse bien con los que en ellas se basan. En resumen, están “obligados a vivir en la mentira “.

A pesar de ser un escrito de hace más de treinta años, vemos características parecidas en la actualidad. Primero unas “mañaneras” con característica de “vedad absoluta”, donde no importa las leyes, ni las razones, ni la responsabilidad. Después un esquema de manipulaciones “oficiales” para hace notar el poder. Finalmente, para enfatizar la estrategia, el miedo y la mentira generalizada repetidas una y otra vez. Definitivamente vivimos una democracia frágil, principalmente por la débil cultura cívica (desconocimiento y falta de información, de la gran mayoría de la sociedad, sobre procesos, leyes, estructuras y pensamientos sociales). Hace falta por cada uno de nosotros, por cada ciudadano, la participación activa en política, así como una actuación en el marco del respeto a la ley, esto es la llamada cultura de la legalidad. Nos urge trabajar en la cultura cívica a todos los niveles y en todos los rincones de nuestro país. Nos hace falta difundir información. Hace falta mostrar el poder de los sin poder, ante los partidos políticos, ante el gobierno, pero más aun, ante y con la sociedad.