/ viernes 4 de enero de 2019

El proyecto de vida como esencia del ser humano

Juan Ramón Camacho Rodríguez

“La vida debe ser comprendida hacia atrás, pero debe ser vivida hacia delante”.

(Sören Kierkegaard)

Nuestra vida consiste en fijarnos metas y caminos hacia ellas. También tenemos que buscar herramientas para enfrentar con solvencia los obstáculos, sean o no previsibles. Para el ser humano vivir es un arrojo al porvenir, saboreando la incertidumbre.

Con certeza o sin ella, lo que vale de nuestra existencia es que es un proyecto de ser: pensar en llegar a ser, buscar los medios para ello y actuar en consecuencia. Allí la aventura de nuestra existencia.

Con un proyecto de vida, los seres humanos expresamos nuestro compromiso con lo que no somos, con el futuro. El reto es cambiar, andar, emprender, para llegar a ser lo que atisbamos en ese porvenir. El proyecto, como desafío autoimpuesto, nos justifica, nos motiva.

El proyecto de vida sirve para definir a dónde queremos llegar, y también nos sirve para adquirir los medios, instrumentos o habilidades necesarios para avanzar hacia esa meta vital; debe ser estimulante en sí mismo, por ello debe surgir en nosotros con autonomía, es decir, que nadie nos lo imponga. Esta es la libertad radical, elegir por uno mismo lo que quiere llegar a ser.

Por definición, el proyecto es un grupo de actividades sistematizadas prácticamente para alcanzar objetivos fijados por las personas. Cada una de esas actividades debe ser determinante en el logro de la meta deseada.

Un proyecto es una racionalización de nuestras aspiraciones (medios y fines) procurando evitar las inconsistencias (contradicciones); es una planeación estratégica y, en ese sentido, un querer orientado por la razón y animado por el deseo.

Lo importante es que el proyecto sea realizable y que nos deje satisfacciones en cada paso que consigamos rumbo a la meta. Pero si un plan fracasa, simplemente podemos iniciar otro. Nuestro poder para decidir es también poder para cambiar el rumbo, corregir cuantas veces sea necesario.

Esta es una reflexión propia del comienzo del año. Espero que haya proyectos motivadores con avances realizables y medibles, satisfacciones motivadoras y aprendizajes en cada error. Que el desafío se convierta en éxito.


Juan Ramón Camacho Rodríguez

“La vida debe ser comprendida hacia atrás, pero debe ser vivida hacia delante”.

(Sören Kierkegaard)

Nuestra vida consiste en fijarnos metas y caminos hacia ellas. También tenemos que buscar herramientas para enfrentar con solvencia los obstáculos, sean o no previsibles. Para el ser humano vivir es un arrojo al porvenir, saboreando la incertidumbre.

Con certeza o sin ella, lo que vale de nuestra existencia es que es un proyecto de ser: pensar en llegar a ser, buscar los medios para ello y actuar en consecuencia. Allí la aventura de nuestra existencia.

Con un proyecto de vida, los seres humanos expresamos nuestro compromiso con lo que no somos, con el futuro. El reto es cambiar, andar, emprender, para llegar a ser lo que atisbamos en ese porvenir. El proyecto, como desafío autoimpuesto, nos justifica, nos motiva.

El proyecto de vida sirve para definir a dónde queremos llegar, y también nos sirve para adquirir los medios, instrumentos o habilidades necesarios para avanzar hacia esa meta vital; debe ser estimulante en sí mismo, por ello debe surgir en nosotros con autonomía, es decir, que nadie nos lo imponga. Esta es la libertad radical, elegir por uno mismo lo que quiere llegar a ser.

Por definición, el proyecto es un grupo de actividades sistematizadas prácticamente para alcanzar objetivos fijados por las personas. Cada una de esas actividades debe ser determinante en el logro de la meta deseada.

Un proyecto es una racionalización de nuestras aspiraciones (medios y fines) procurando evitar las inconsistencias (contradicciones); es una planeación estratégica y, en ese sentido, un querer orientado por la razón y animado por el deseo.

Lo importante es que el proyecto sea realizable y que nos deje satisfacciones en cada paso que consigamos rumbo a la meta. Pero si un plan fracasa, simplemente podemos iniciar otro. Nuestro poder para decidir es también poder para cambiar el rumbo, corregir cuantas veces sea necesario.

Esta es una reflexión propia del comienzo del año. Espero que haya proyectos motivadores con avances realizables y medibles, satisfacciones motivadoras y aprendizajes en cada error. Que el desafío se convierta en éxito.


viernes 12 de abril de 2019

Periodismo, poder y crítica

viernes 05 de abril de 2019

¿Qué hacer contra la violencia?

viernes 15 de marzo de 2019

La palabra pública y su discusión

viernes 08 de marzo de 2019

Juventud y filosofía

viernes 22 de febrero de 2019

“Kórima”

viernes 15 de febrero de 2019

Los altruistas siempre ganan

viernes 08 de febrero de 2019

“Juvenicidio”, una palabra más

viernes 25 de enero de 2019

El transhumanismo como deshumanismo

viernes 18 de enero de 2019

“Fake news” y educación

Cargar Más