/ viernes 5 de noviembre de 2021

El saludo

Es tarde y le llamo a una amiga para platicarle algo urgente, ofrece pasar por mí para tratar el tema más a fondo y tomar un té en Sanborns, lugar donde pensé que a esa hora no iba a ver a nadie conocido, porque con la prisa del encuentro salí sin arreglar. El lugar estaba más concurrido de lo que esperaba y vi a una persona a la que siempre saludo, pero evité contacto visual, no me sentí en condiciones de enfrentarlo en las fachas que iba, así que me hice loca. Y después, cuando me senté en una mesa alejada pensé: ¡Qué mal no haber saludado!

Un día me manifesté por este medio a favor del respeto e inclusión de toda persona, sin importar su religión y preferencias, y después de la publicación me topé a una señora que veo seguido en un club, me acerqué para darle un beso, pero ya teniéndola de frente me sacó la vuelta y me hizo una mueca, no entendí su actitud, pero después me enteré que me veía como una amenaza social y religiosa por mis ideas de inclusión de gente no deseable para ella que está tan cerca de su religión y tan lejos de Jesucristo. ¡Su rollo!

Por semanas estuve en contacto con la mamá de un alumno de natación, luego me la topé en una de esas situaciones donde una mayoría hace complicidad en contra del ajeno, no me saludó se hizo loca, para después de 20 minutos de tenerla muy cerca en un grupo de no más de ocho personas me mintió diciendo: “¡Hola, no te había visto!”. ¡Wau! Urgente revisar mi invisibilidad.

Saludar es un acto comunitario, pertenezco a una sociedad y el decir buenos días, tardes o demás, a quien encuentro en lugares que congregan, es expresar que reconozco y considero al que está, me integro. El saludo abre puertas y oportunidades.

No podemos ir saludando a cada persona que nos topamos, sería una labor imparable y absurda en la ciudad, pero dentro de las urbes están esas células de pertenencia donde las caras se ubican y aunque no hay una relación profunda, se conocen.

Antes de la pandemia ya estaba establecido para muchos no saludar, hacerse loco si no había un interés de por medio y con ésta se acentuó.

Me topo personas conocidas que no quitan la vista del celular, la pantalla las absorbe o simplemente ésta ya se convirtió en un pretexto para no ver a quien no se quiere ver, porque la mirada llama al saludo. ¡Bueno, a veces!

¿A quién saludas? ¿A quién evitas saludar? ¿En qué situaciones saludas y en cuáles no?

El no saludo no lo debemos tomar como algo personal, hay personas que sólo lo consideran necesario en sus grupos más íntimos y hay que respetar, ya no necesitan incluir a nadie más en su exclusiva existencia.

Hay otras personas que sólo saludan cuando tienen algo que decir, o por un interés momentáneo con una persona.

Les comparto que el saludo me ha abierto muchas puertas y el practicarlo me ha llevado a conocer a personas increíbles ¡Es fructífero, lo recomiendo! Te van a encantar los resultados.

P.D. Papá te recuerdo con este tema, pues eras un saludador hermoso e incluyente.


Es tarde y le llamo a una amiga para platicarle algo urgente, ofrece pasar por mí para tratar el tema más a fondo y tomar un té en Sanborns, lugar donde pensé que a esa hora no iba a ver a nadie conocido, porque con la prisa del encuentro salí sin arreglar. El lugar estaba más concurrido de lo que esperaba y vi a una persona a la que siempre saludo, pero evité contacto visual, no me sentí en condiciones de enfrentarlo en las fachas que iba, así que me hice loca. Y después, cuando me senté en una mesa alejada pensé: ¡Qué mal no haber saludado!

Un día me manifesté por este medio a favor del respeto e inclusión de toda persona, sin importar su religión y preferencias, y después de la publicación me topé a una señora que veo seguido en un club, me acerqué para darle un beso, pero ya teniéndola de frente me sacó la vuelta y me hizo una mueca, no entendí su actitud, pero después me enteré que me veía como una amenaza social y religiosa por mis ideas de inclusión de gente no deseable para ella que está tan cerca de su religión y tan lejos de Jesucristo. ¡Su rollo!

Por semanas estuve en contacto con la mamá de un alumno de natación, luego me la topé en una de esas situaciones donde una mayoría hace complicidad en contra del ajeno, no me saludó se hizo loca, para después de 20 minutos de tenerla muy cerca en un grupo de no más de ocho personas me mintió diciendo: “¡Hola, no te había visto!”. ¡Wau! Urgente revisar mi invisibilidad.

Saludar es un acto comunitario, pertenezco a una sociedad y el decir buenos días, tardes o demás, a quien encuentro en lugares que congregan, es expresar que reconozco y considero al que está, me integro. El saludo abre puertas y oportunidades.

No podemos ir saludando a cada persona que nos topamos, sería una labor imparable y absurda en la ciudad, pero dentro de las urbes están esas células de pertenencia donde las caras se ubican y aunque no hay una relación profunda, se conocen.

Antes de la pandemia ya estaba establecido para muchos no saludar, hacerse loco si no había un interés de por medio y con ésta se acentuó.

Me topo personas conocidas que no quitan la vista del celular, la pantalla las absorbe o simplemente ésta ya se convirtió en un pretexto para no ver a quien no se quiere ver, porque la mirada llama al saludo. ¡Bueno, a veces!

¿A quién saludas? ¿A quién evitas saludar? ¿En qué situaciones saludas y en cuáles no?

El no saludo no lo debemos tomar como algo personal, hay personas que sólo lo consideran necesario en sus grupos más íntimos y hay que respetar, ya no necesitan incluir a nadie más en su exclusiva existencia.

Hay otras personas que sólo saludan cuando tienen algo que decir, o por un interés momentáneo con una persona.

Les comparto que el saludo me ha abierto muchas puertas y el practicarlo me ha llevado a conocer a personas increíbles ¡Es fructífero, lo recomiendo! Te van a encantar los resultados.

P.D. Papá te recuerdo con este tema, pues eras un saludador hermoso e incluyente.


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