/ martes 4 de mayo de 2021

Elecciones, razón vs emoción

A un mes de las elecciones, en cafés, reuniones y charlas entre amigos se comenta sobre la decisión de cada uno de nosotros ¿por quién vas a votar? Parecería una decisión sencilla desde el punto de vista de desempeño del partido político o del candidato. Si así fuera, no votaríamos por ningún partido, pues han demostrado que lo último que les interesa es la ciudadanía. Mas sin embargo hay que votar, por alguien.

Aun cuando las razones del voto parecieran ser principalmente factores racionales, no debemos despreciar la actitud emocional que puede experimentar el electorado, máxime cuando ha podido verse sometido a la presión de las campañas electorales y a los medios de comunicación social. No queda, por tanto, suficientemente claro el peso que finalmente tienen la ideología, el carisma del candidato, la fuerza de la costumbre o la identificación con el plan de propuestas y compromisos. Sin embargo, la construcción social de la realidad y cómo se perciben las cosas, sí tiene algo de invención y emoción interesada por parte de las fuerzas políticas. Razón y emoción o pudiéramos decir cerebro y corazón se convierten en dos maneras de analizar, tomar decisiones y, en consecuencia, actuar y desplegar comportamientos en nuestra vida diaria. El voto no es ajeno a esta disyuntiva en la que ambos enfoques se presentan a la hora de ir a votar.

La pregunta acerca de cuáles son los elementos que moderan la decisión electoral del votante, está empezado a reconocer que el comportamiento electoral no es únicamente un comportamiento racional, resultado de procesar una cierta cantidad de información, sino que está condicionado por las emociones y los sentimientos que generan en los electores las diferentes fuentes de información política que reciben. Así, el papel de las emociones viene a ser clave en el comportamiento político y éstas han de ser variables a incluir en los procesos de decisión electoral.

Esto da lugar a que el análisis del big data(manejo masivo de datos) y la minería de datos (análisis de datos) se convierten en una herramienta donde apoyarse para diseñar estrategias e interpretar motivaciones, actitudes y comportamientos de un electorado, en el que las emociones se constituyen en elementos claves de su actuación. Quizás la sugerencia que se podría hacer para los próximos comicios es que decidan con corazón y/o cabeza, pero pensando en el impacto a “todos” los ciudadanos.

Muchos de los candidatos se presentan por intereses personal, el placer de ver su rostro en postes, el escuchar su nombre y finalmente el haber sido candidato. Como no somos robots, ni computadoras, el voto de los seres humanos en su gran mayoría se da por emociones como; la tristeza, felicidad, ira, desprecio, sorpresa, asco o miedo, provocado por historia, eventos vividos o un asecho mediático diario.

Ojalá en estas elecciones no votemos solamente por la emoción que nos trasmitió y nos despertó él o los candidatos. Ojalá pudiéramos tomarnos un tiempo, identificar la emoción y contraponerla con la razón. Intentar un equilibrio entre estos dos elementos y así seleccionaríamos a los o las mejores. Hoy en día las campañas de los buenos candidatos deberán estar concentradas nos solo en propuestas y perfil, sino en las emociones del electorado por apoyar o contrarrestar la corriente política en la que se encuentra el candidato. Esta será la clave de la decisión, dentro de un mes.

email: antonio.rios@tec.mx, miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua.

A un mes de las elecciones, en cafés, reuniones y charlas entre amigos se comenta sobre la decisión de cada uno de nosotros ¿por quién vas a votar? Parecería una decisión sencilla desde el punto de vista de desempeño del partido político o del candidato. Si así fuera, no votaríamos por ningún partido, pues han demostrado que lo último que les interesa es la ciudadanía. Mas sin embargo hay que votar, por alguien.

Aun cuando las razones del voto parecieran ser principalmente factores racionales, no debemos despreciar la actitud emocional que puede experimentar el electorado, máxime cuando ha podido verse sometido a la presión de las campañas electorales y a los medios de comunicación social. No queda, por tanto, suficientemente claro el peso que finalmente tienen la ideología, el carisma del candidato, la fuerza de la costumbre o la identificación con el plan de propuestas y compromisos. Sin embargo, la construcción social de la realidad y cómo se perciben las cosas, sí tiene algo de invención y emoción interesada por parte de las fuerzas políticas. Razón y emoción o pudiéramos decir cerebro y corazón se convierten en dos maneras de analizar, tomar decisiones y, en consecuencia, actuar y desplegar comportamientos en nuestra vida diaria. El voto no es ajeno a esta disyuntiva en la que ambos enfoques se presentan a la hora de ir a votar.

La pregunta acerca de cuáles son los elementos que moderan la decisión electoral del votante, está empezado a reconocer que el comportamiento electoral no es únicamente un comportamiento racional, resultado de procesar una cierta cantidad de información, sino que está condicionado por las emociones y los sentimientos que generan en los electores las diferentes fuentes de información política que reciben. Así, el papel de las emociones viene a ser clave en el comportamiento político y éstas han de ser variables a incluir en los procesos de decisión electoral.

Esto da lugar a que el análisis del big data(manejo masivo de datos) y la minería de datos (análisis de datos) se convierten en una herramienta donde apoyarse para diseñar estrategias e interpretar motivaciones, actitudes y comportamientos de un electorado, en el que las emociones se constituyen en elementos claves de su actuación. Quizás la sugerencia que se podría hacer para los próximos comicios es que decidan con corazón y/o cabeza, pero pensando en el impacto a “todos” los ciudadanos.

Muchos de los candidatos se presentan por intereses personal, el placer de ver su rostro en postes, el escuchar su nombre y finalmente el haber sido candidato. Como no somos robots, ni computadoras, el voto de los seres humanos en su gran mayoría se da por emociones como; la tristeza, felicidad, ira, desprecio, sorpresa, asco o miedo, provocado por historia, eventos vividos o un asecho mediático diario.

Ojalá en estas elecciones no votemos solamente por la emoción que nos trasmitió y nos despertó él o los candidatos. Ojalá pudiéramos tomarnos un tiempo, identificar la emoción y contraponerla con la razón. Intentar un equilibrio entre estos dos elementos y así seleccionaríamos a los o las mejores. Hoy en día las campañas de los buenos candidatos deberán estar concentradas nos solo en propuestas y perfil, sino en las emociones del electorado por apoyar o contrarrestar la corriente política en la que se encuentra el candidato. Esta será la clave de la decisión, dentro de un mes.

email: antonio.rios@tec.mx, miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua.