/ jueves 10 de enero de 2019

Emprendimiento

Brenda Ríos

En el contexto de la economía global y los retos de la innovación y la competitividad han surgido actualmente graves problemas de desempleo y exclusión, que han obligado a la población a buscar oportunidades en el autoempleo y el emprendimiento.

Todos los jóvenes en algún momento han tenido ideas millonarias que pudieron ser trascendentales, sin embargo, la falta de capital mermó muchísimos de esos planes, que a su vez se hubieran transformado en generación de empleo y un consecuente aumento en la calidad de vida de quienes echaron a andar la idea y quienes participaron de ella.

El problema es que en México abrir un negocio propio es complicadísimo y más para los jóvenes emprendedores, o bueno, lo era hasta 2015. La falta de liquidez es uno de los principales factores que impiden a un joven desarrollar su idea, debido a que por falta de la misma les era imposible acceder a créditos bancarios. Forzándolos a emprender sus negocios con un capital de inversión muy limitado o nulo, que al final del día no permitiría que la empresa sobreviviera, mucho menos generaría utilidad, lo que termina por ocasionar un desistimiento.

Existen ya diversos programas y apoyos de los tres niveles de gobierno, pero muchos de ellos no son conocidos por la población.

Evidentemente la banca mexicana no va a darle créditos al por mayor a todo aquel que llegue tocando la puerta; para poder acceder a este programa se debe contar con la autorización previa por parte del Instituto Nacional de Emprendedores, en lo federal, que es el organismo encargado de dar el seguimiento a cada caso, para asegurarse de que quienes soliciten el apoyo se les proporcione una capacitación básica sobre cómo llevar su negocio.

El único requisito que se maneja es que los proyectos sean viables. Lo cual va de la mano con la aprobación del instituto, quienes acompañarán en todo el proceso a los aspirantes.

Lo importante es adecuar estos esquemas a lo local e impulsar políticas públicas para que sea una obligación del Estado poner atención no sólo a jóvenes emprendedores, sino tambien a personas de la tercera edad que deseen autoemplearse y/o generar empleos a través de una idea de negocio.

Brenda Ríos

En el contexto de la economía global y los retos de la innovación y la competitividad han surgido actualmente graves problemas de desempleo y exclusión, que han obligado a la población a buscar oportunidades en el autoempleo y el emprendimiento.

Todos los jóvenes en algún momento han tenido ideas millonarias que pudieron ser trascendentales, sin embargo, la falta de capital mermó muchísimos de esos planes, que a su vez se hubieran transformado en generación de empleo y un consecuente aumento en la calidad de vida de quienes echaron a andar la idea y quienes participaron de ella.

El problema es que en México abrir un negocio propio es complicadísimo y más para los jóvenes emprendedores, o bueno, lo era hasta 2015. La falta de liquidez es uno de los principales factores que impiden a un joven desarrollar su idea, debido a que por falta de la misma les era imposible acceder a créditos bancarios. Forzándolos a emprender sus negocios con un capital de inversión muy limitado o nulo, que al final del día no permitiría que la empresa sobreviviera, mucho menos generaría utilidad, lo que termina por ocasionar un desistimiento.

Existen ya diversos programas y apoyos de los tres niveles de gobierno, pero muchos de ellos no son conocidos por la población.

Evidentemente la banca mexicana no va a darle créditos al por mayor a todo aquel que llegue tocando la puerta; para poder acceder a este programa se debe contar con la autorización previa por parte del Instituto Nacional de Emprendedores, en lo federal, que es el organismo encargado de dar el seguimiento a cada caso, para asegurarse de que quienes soliciten el apoyo se les proporcione una capacitación básica sobre cómo llevar su negocio.

El único requisito que se maneja es que los proyectos sean viables. Lo cual va de la mano con la aprobación del instituto, quienes acompañarán en todo el proceso a los aspirantes.

Lo importante es adecuar estos esquemas a lo local e impulsar políticas públicas para que sea una obligación del Estado poner atención no sólo a jóvenes emprendedores, sino tambien a personas de la tercera edad que deseen autoemplearse y/o generar empleos a través de una idea de negocio.

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