/ jueves 2 de septiembre de 2021

Escuela en pandemia

Por: Paulina Morales Fragoso

Llevamos un año y medio en clases en línea. Talvez habrá personas que estén felices por ello, y talvez hayan personas que necesiten regresar a clases presenciales.

Aunque muchas personas no lo crean, las clases en línea son muy cansadas. Definitivamente no es lo mismo ir 8 horas a la escuela, a estar 8 horas frente a la computadora.

Si bien es cierto que hay ciertas cosas que son más fáciles, como por ejemplo el ahorro de tiempo en traslados, también existen muchas razones por las que es difícil.

Si las clases son por alguna plataforma de videollamada, es necesario tener un dispositivo, ya sea computadora o celular, así como tener una buena conexión a internet. Además los alumnos se distraen fácilmente, existe cierta presión por la cámara prendida, también se pueden presentar barreras de comunicación.

Las clases prácticas no se pueden realizar debidamente. En muchas ocasiones es necesario tener el material que se encuentra en las escuelas, o también se necesitan hacer prácticas de campo. Y con la pandemia quedaron suspendidas.

En otros casos, las clases son por plataformas en donde se van colocando actividades, tales como leer lecturas, hacer resúmenes, o exámenes. Con las cuales, ni siquiera se llega a conocer al maestro. Ya que las dinámicas se limitan únicamente a enviar las tareas, que en muchas ocasiones sólo se hacen por cumplir y no por aprender.

Debo decir que se encuentran maestros que son muy comprensivos, desde la situación en general de la pandemia, hasta la situación particular de cada estudiante, lo cual se les agradece mucho.

Sin embargo, tenemos también a maestros que abusan de la carga de trabajo, alegando que por estar en casa es más fácil. Esto genera cansancio, y el desistimiento del deseo de aprender por parte de los alumnos.

Adicionalmente, existe el desgaste físico y emocional.

Estar sentado todo el día puede traer consecuencias a la espalda, las pantallas pueden producir problemas en los ojos, además de producir dificultad para dormir por la luz azul, entre otras.

En el caso del desgaste emocional, puede ser originario por diferentes factores. Durante la cuarentena incrementaron los casos de enfermedades mentales. La salud mental es tan importante como la física. El hecho de no tener contacto con otras personas, como estábamos acostumbrados en la escuela, es un factor importante a considerar. De igual manera salir de casa, tener los objetos tangibles, como un libro, o estar en el salón, son situaciones que ayudan a tener una buena salud mental.

Entre las horas de clase, las tareas, el estudio, y demás actividades, se termina estando todo el día en la computadora.

Entiendo que para regresar a clases presenciales se deben considerar diversos aspectos, que tal vez aun no estamos preparados para ellos, y estoy de acuerdo en que debemos protegernos y proteger a los demás del Covid – 19.

Realmente no puedo decir si este momento es bueno o no para regresar a clases presenciales. Pero si regresamos, me parece importante recalcar que las cosas no pueden ser igual que antes de la pandemia.

Muchas situaciones deben cambiar. Debemos ser más conscientes sobre la vida, en cuestión de salud pública, salud física, salud mental, entre otros aspectos. El regreso debería ser escalonado, cuidar las medidas de higiene, así como en el lado humanitario, en el sentido de que debemos ser más empáticos con las situaciones personales de todas las demás personas. Desde maestros a alumnos, alumnos a maestros, o con nuestros mismos compañeros.

No todo es malo. Sé que la escuela en línea ha tenido situaciones buenas. Por ejemplo, se tiene facilidad para aprender diversas actividades, ya que muchas son en línea, o ayuda en diversos aspectos a quienes trabajan.

Hoy hablo un poco sobre mi opinión en la universidad en pandemia y por lo que he visto con diversas personas. Sin embargo, pueden existir tantas opiniones y situaciones como personas, por lo cual, no puedo decir que esto es general, pero sé que sí representa a muchas personas.

Por: Paulina Morales Fragoso

Llevamos un año y medio en clases en línea. Talvez habrá personas que estén felices por ello, y talvez hayan personas que necesiten regresar a clases presenciales.

Aunque muchas personas no lo crean, las clases en línea son muy cansadas. Definitivamente no es lo mismo ir 8 horas a la escuela, a estar 8 horas frente a la computadora.

Si bien es cierto que hay ciertas cosas que son más fáciles, como por ejemplo el ahorro de tiempo en traslados, también existen muchas razones por las que es difícil.

Si las clases son por alguna plataforma de videollamada, es necesario tener un dispositivo, ya sea computadora o celular, así como tener una buena conexión a internet. Además los alumnos se distraen fácilmente, existe cierta presión por la cámara prendida, también se pueden presentar barreras de comunicación.

Las clases prácticas no se pueden realizar debidamente. En muchas ocasiones es necesario tener el material que se encuentra en las escuelas, o también se necesitan hacer prácticas de campo. Y con la pandemia quedaron suspendidas.

En otros casos, las clases son por plataformas en donde se van colocando actividades, tales como leer lecturas, hacer resúmenes, o exámenes. Con las cuales, ni siquiera se llega a conocer al maestro. Ya que las dinámicas se limitan únicamente a enviar las tareas, que en muchas ocasiones sólo se hacen por cumplir y no por aprender.

Debo decir que se encuentran maestros que son muy comprensivos, desde la situación en general de la pandemia, hasta la situación particular de cada estudiante, lo cual se les agradece mucho.

Sin embargo, tenemos también a maestros que abusan de la carga de trabajo, alegando que por estar en casa es más fácil. Esto genera cansancio, y el desistimiento del deseo de aprender por parte de los alumnos.

Adicionalmente, existe el desgaste físico y emocional.

Estar sentado todo el día puede traer consecuencias a la espalda, las pantallas pueden producir problemas en los ojos, además de producir dificultad para dormir por la luz azul, entre otras.

En el caso del desgaste emocional, puede ser originario por diferentes factores. Durante la cuarentena incrementaron los casos de enfermedades mentales. La salud mental es tan importante como la física. El hecho de no tener contacto con otras personas, como estábamos acostumbrados en la escuela, es un factor importante a considerar. De igual manera salir de casa, tener los objetos tangibles, como un libro, o estar en el salón, son situaciones que ayudan a tener una buena salud mental.

Entre las horas de clase, las tareas, el estudio, y demás actividades, se termina estando todo el día en la computadora.

Entiendo que para regresar a clases presenciales se deben considerar diversos aspectos, que tal vez aun no estamos preparados para ellos, y estoy de acuerdo en que debemos protegernos y proteger a los demás del Covid – 19.

Realmente no puedo decir si este momento es bueno o no para regresar a clases presenciales. Pero si regresamos, me parece importante recalcar que las cosas no pueden ser igual que antes de la pandemia.

Muchas situaciones deben cambiar. Debemos ser más conscientes sobre la vida, en cuestión de salud pública, salud física, salud mental, entre otros aspectos. El regreso debería ser escalonado, cuidar las medidas de higiene, así como en el lado humanitario, en el sentido de que debemos ser más empáticos con las situaciones personales de todas las demás personas. Desde maestros a alumnos, alumnos a maestros, o con nuestros mismos compañeros.

No todo es malo. Sé que la escuela en línea ha tenido situaciones buenas. Por ejemplo, se tiene facilidad para aprender diversas actividades, ya que muchas son en línea, o ayuda en diversos aspectos a quienes trabajan.

Hoy hablo un poco sobre mi opinión en la universidad en pandemia y por lo que he visto con diversas personas. Sin embargo, pueden existir tantas opiniones y situaciones como personas, por lo cual, no puedo decir que esto es general, pero sé que sí representa a muchas personas.

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