/ jueves 6 de mayo de 2021

Está bien no estar bien

Por Nayo Rodríguez Varela

Leemos y escuchamos lamentos cada vez que sabemos que hubo otro suicidio, parece que estos trágicos episodios sorprenden cada vez menos. En Chihuahua tenemos una problemática cuando se trata de enfermedades de salud mental, y sigue siendo un tema abandonado aun cuando exige atención prioritaria por parte de quienes toman las decisiones.

Los trastornos mentales afectan alrededor del 30% de la población, siendo la depresión y la ansiedad los más comunes, sin embargo, solo el 3% llegan a recibir atención médica. Este problema ha crecido exponencialmente: en 1998 se registraron 46 suicidios en Chihuahua y en el 2017 la cifra creció a 364, casi ocho veces más.

¿Cuál es el origen de esto? Se diagnostican como patologías de naturaleza psicológica, y pareciera que debajo del discurso terapéutico, sutilmente se indica que son resultado de elecciones personales. A pesar de eso, en las narrativas hegemónicas nunca se les atribuyen a las condiciones políticas y socioeconómicas, producto de decisiones públicas, entonces la propuesta que nos dejan es la terapia, en lugar de cambiar estas condiciones.

No quiero demeritar la terapia, incluso la recomiendo pues es imprescindible para sobrellevar la abrumadora realidad actual. Mi reflexión va a los problemas sociales y la respuesta que ofrecen las narrativas, como si fuera nuestra culpa tener depresión o ansiedad, y nada tuviera que ver la situación de precarización, desigualdad, racismo y demás formas de violencia sistémica que deterioran la salud mental.

Hoy sabemos que hay una relación directa entre el uso de teléfonos inteligentes y las redes sociales con la ansiedad que tienen las generaciones que nacieron después del año 2000. La superexplotación que viene de siempre ser accesible y de cierta manera nunca tener tiempo libre hace del vivir una constante urgencia. Sumado a que todas las formas de entretenimiento nos muestran fantasías por realidades bajo el masticado slogan "Puedes ser y tener lo que tú quieras", pero si no lo consigues es tu culpa. Eso, por supuesto, nos genera ansiedades.

Esto se exacerba en países del sur global, donde vivimos en un constante campo de batalla que nos ha sumido en pánico, ansiedad y depresión. No es casualidad la cantidad de suicidios en un Estado como Chihuahua, lleno de diferentes tipos de violencia. Pienso en la generación de mi hermana, que tenía 5 años cuando empezó la guerra de Felipe Calderón contra el narco. Esa generación vivió balaceras, secuestros y asesinatos. Sufrieron de la violencia escondiéndose bajo sus pupitres tras escuchar los múltiples balazos. Esa situación tuvo un severo impacto en su salud mental, y fue por condiciones externas que nunca estuvieron bajo su control.

Y es que si estás ansioso te pueden controlar, si estás deprimido no puedes organizarte. A quien me lee, quiero decirle que los problemas de ansiedad que tiene los compartimos muchas más personas, que muchos de ellos no son culpa nuestra , y que tenemos que despertar la conciencia colectiva para recuperar nuestra agencia frente a las cosas que nos generan ansiedad y depresión. Si nos encontramos como colectividad, reconoceremos problemáticas comunes que resultan ser parte del sistema y no de nosotros como individuos

Twitter @Quepasocomosts

Por Nayo Rodríguez Varela

Leemos y escuchamos lamentos cada vez que sabemos que hubo otro suicidio, parece que estos trágicos episodios sorprenden cada vez menos. En Chihuahua tenemos una problemática cuando se trata de enfermedades de salud mental, y sigue siendo un tema abandonado aun cuando exige atención prioritaria por parte de quienes toman las decisiones.

Los trastornos mentales afectan alrededor del 30% de la población, siendo la depresión y la ansiedad los más comunes, sin embargo, solo el 3% llegan a recibir atención médica. Este problema ha crecido exponencialmente: en 1998 se registraron 46 suicidios en Chihuahua y en el 2017 la cifra creció a 364, casi ocho veces más.

¿Cuál es el origen de esto? Se diagnostican como patologías de naturaleza psicológica, y pareciera que debajo del discurso terapéutico, sutilmente se indica que son resultado de elecciones personales. A pesar de eso, en las narrativas hegemónicas nunca se les atribuyen a las condiciones políticas y socioeconómicas, producto de decisiones públicas, entonces la propuesta que nos dejan es la terapia, en lugar de cambiar estas condiciones.

No quiero demeritar la terapia, incluso la recomiendo pues es imprescindible para sobrellevar la abrumadora realidad actual. Mi reflexión va a los problemas sociales y la respuesta que ofrecen las narrativas, como si fuera nuestra culpa tener depresión o ansiedad, y nada tuviera que ver la situación de precarización, desigualdad, racismo y demás formas de violencia sistémica que deterioran la salud mental.

Hoy sabemos que hay una relación directa entre el uso de teléfonos inteligentes y las redes sociales con la ansiedad que tienen las generaciones que nacieron después del año 2000. La superexplotación que viene de siempre ser accesible y de cierta manera nunca tener tiempo libre hace del vivir una constante urgencia. Sumado a que todas las formas de entretenimiento nos muestran fantasías por realidades bajo el masticado slogan "Puedes ser y tener lo que tú quieras", pero si no lo consigues es tu culpa. Eso, por supuesto, nos genera ansiedades.

Esto se exacerba en países del sur global, donde vivimos en un constante campo de batalla que nos ha sumido en pánico, ansiedad y depresión. No es casualidad la cantidad de suicidios en un Estado como Chihuahua, lleno de diferentes tipos de violencia. Pienso en la generación de mi hermana, que tenía 5 años cuando empezó la guerra de Felipe Calderón contra el narco. Esa generación vivió balaceras, secuestros y asesinatos. Sufrieron de la violencia escondiéndose bajo sus pupitres tras escuchar los múltiples balazos. Esa situación tuvo un severo impacto en su salud mental, y fue por condiciones externas que nunca estuvieron bajo su control.

Y es que si estás ansioso te pueden controlar, si estás deprimido no puedes organizarte. A quien me lee, quiero decirle que los problemas de ansiedad que tiene los compartimos muchas más personas, que muchos de ellos no son culpa nuestra , y que tenemos que despertar la conciencia colectiva para recuperar nuestra agencia frente a las cosas que nos generan ansiedad y depresión. Si nos encontramos como colectividad, reconoceremos problemáticas comunes que resultan ser parte del sistema y no de nosotros como individuos

Twitter @Quepasocomosts

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