/ jueves 7 de noviembre de 2019

Felicidad

“Para ser feliz es necesario creer en la felicidad”

- León Tolstói -

Si nos preguntaran cuál es el objetivo de nuestra vida, es muy probable que la mayoría contestemos ser felices al lado de nuestros seres queridos; aunque al tratar de definir la felicidad pudiéramos tardarnos un poco ya que al tratarse de un estado emocional proveniente de un bienestar pudiéramos caer en lo subjetivo.

Hay quienes relacionan la felicidad con el cumplimiento de sus objetivos, es decir, serán felices en el largo plazo y como los objetivos son cambiantes entonces la felicidad se visualiza en la lejanía. El filósofo alemán Immanuel Kant sostenía que la felicidad brotaba de la imaginación; pues entonces imaginemos que todos los días logramos un pedacito de ese objetivo lejano y seamos felices, ¿no?

La felicidad del individuo está integrada por tres importantes aspectos: el 50% encuentra su lugar en la carga genética, somos felices desde nacimiento, un 40% obedece a lo que decidimos hacer (salir a caminar, cantar, bailar, etc.) y el 10% restante por el estatus social o la situación económica que tenemos, es decir, el dinero no representa la felicidad, incluso quienes más dinero tienen cargan un pesado costal de problemas y de amargura.

Japón, considerada una de las potencias económicas a nivel mundial, enfocada a la prosperidad material por encima de todo, es la envidia de otros países y lograr este desarrollo económico le ha costado muy alto, ya que el estrés por el que pasan sus habitantes en sus trabajos los ha llevado hasta la muerte; sus mercados financieros hacia arriba y su felicidad a la baja. Por otro lado, y también en Asia, pero en el sur, el Reino de Bután, que no llega a los 800,000 habitantes y con una tradición budista, ha dejado de pensar en el Producto Interno Bruto para enfocarse en la Felicidad Nacional Bruta creando un entorno adecuado para aumentarla a través de actividades como el tiro con arco, el ciclismo y el constante contacto con la naturaleza. Son felices.



De acuerdo a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el nivel de felicidad del mexicano va de la mano con su nivel de ingresos, la calidad en su educación y en su sistema de salud, es decir, con los datos que arroja actualmente nuestro país pudiéramos pensar que estamos lejos de esa felicidad, sin embargo, el pueblo azteca, con todo y las broncas que afrontamos, ocupa el lugar 23 en el ránking de países más felices que realiza la Organización de las Naciones Unidas y que integra a 156 naciones.

Los invito el próximo sábado para continuar con este tema a escucharnos en el programa “Los editorialistas”, a las tres de la tarde por Antena Radio.


“Para ser feliz es necesario creer en la felicidad”

- León Tolstói -

Si nos preguntaran cuál es el objetivo de nuestra vida, es muy probable que la mayoría contestemos ser felices al lado de nuestros seres queridos; aunque al tratar de definir la felicidad pudiéramos tardarnos un poco ya que al tratarse de un estado emocional proveniente de un bienestar pudiéramos caer en lo subjetivo.

Hay quienes relacionan la felicidad con el cumplimiento de sus objetivos, es decir, serán felices en el largo plazo y como los objetivos son cambiantes entonces la felicidad se visualiza en la lejanía. El filósofo alemán Immanuel Kant sostenía que la felicidad brotaba de la imaginación; pues entonces imaginemos que todos los días logramos un pedacito de ese objetivo lejano y seamos felices, ¿no?

La felicidad del individuo está integrada por tres importantes aspectos: el 50% encuentra su lugar en la carga genética, somos felices desde nacimiento, un 40% obedece a lo que decidimos hacer (salir a caminar, cantar, bailar, etc.) y el 10% restante por el estatus social o la situación económica que tenemos, es decir, el dinero no representa la felicidad, incluso quienes más dinero tienen cargan un pesado costal de problemas y de amargura.

Japón, considerada una de las potencias económicas a nivel mundial, enfocada a la prosperidad material por encima de todo, es la envidia de otros países y lograr este desarrollo económico le ha costado muy alto, ya que el estrés por el que pasan sus habitantes en sus trabajos los ha llevado hasta la muerte; sus mercados financieros hacia arriba y su felicidad a la baja. Por otro lado, y también en Asia, pero en el sur, el Reino de Bután, que no llega a los 800,000 habitantes y con una tradición budista, ha dejado de pensar en el Producto Interno Bruto para enfocarse en la Felicidad Nacional Bruta creando un entorno adecuado para aumentarla a través de actividades como el tiro con arco, el ciclismo y el constante contacto con la naturaleza. Son felices.



De acuerdo a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el nivel de felicidad del mexicano va de la mano con su nivel de ingresos, la calidad en su educación y en su sistema de salud, es decir, con los datos que arroja actualmente nuestro país pudiéramos pensar que estamos lejos de esa felicidad, sin embargo, el pueblo azteca, con todo y las broncas que afrontamos, ocupa el lugar 23 en el ránking de países más felices que realiza la Organización de las Naciones Unidas y que integra a 156 naciones.

Los invito el próximo sábado para continuar con este tema a escucharnos en el programa “Los editorialistas”, a las tres de la tarde por Antena Radio.


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