/ martes 11 de enero de 2022

Hacia una cultura de paz | Basura y sociedad

La basura es el retrato descarnado de una sociedad. Revela quiénes somos como personas, hábitos, forma de consumir y de vivir. Es, sobre todo, un indicador de las profundas desigualdades sociales que existen, principalmente en países donde la brecha social es profunda. Penosamente, a veces constituye el ingreso de los “otros”, esos olvidados que viven en pobreza extrema cuyo sustento familiar se encuentra ahí. La basura históricamente ha representado un problema para la gente rica cuyas residencias se encuentran en una “buena zona”, por eso se ha llevado lo más lejos posible a las excluidas orillas de la ciudad, donde vive la gente en situación de pobreza.

Recuerdo al inicio de la pandemia ir a la parte trasera de Alsuper para buscar una caja de cartón. Al ingresar, vi a una señora que acomodaba verdura en una “troquita”. Le pregunté si podía tomar una caja y dudosa me dijo que suponía que sí. ¿Cómo está oiga? -le pregunté. Pues bien, mire, trabajando, echándole ganas. ¿Cómo la ve con este virus? N’ombre, ese no puede pasar por aquí, hay que seguir, -dijo con su mirada incierta y asustada, pero con una sonrisa de esperanza. Vivo atrás del relleno sanitario, la gente allá no tiene nada que comer, dijo. Nos cerraron el relleno por un tiempo, pero gracias a Dios ya lo abrieron para que podamos pepenar. No es el trabajo más limpio, pero nos está dando de comer, gracias a Dios.

¿Quién desde el “privilegio” podría pensar que una persona estaría genuinamente agradecida porque reabrieron el lugar donde nuestros desechos terminan? La pregunta instaura una reflexión sobre la realidad más allá de los confines de nuestros hogares y sobre lo que realmente valoramos en la vida. Para algunos será algún lujo como un auto nuevo, pero para esos “otros” será un artículo encontrado en el hediondo escombro de la basura que le dará algunos pesos para comer. A veces las circunstancias son muy injustas. En México, diariamente los “pobres” se vuelven más pobres y es más probable que alguien caiga en ella a que salga de ese contexto.

De acuerdo con el alcalde de Chihuahua, se están redoblando esfuerzos para la construcción del nuevo relleno sanitario, pues al que existe le quedan “meses de vida”. Es la oportunidad de repensar el tema de la basura y dignificarla, para que las personas que vivan de ella puedan encontrar mejor calidad de vida con lo que se tira. Fomentar la cultura del reciclaje es una clave para ello. Imaginen cómo afectaría positivamente a la recolección. La creación de políticas públicas incluyentes es fundamental. La basura bien manejada puede representar un buen ingreso y desarrollo económico para quienes viven de ella y que posiblemente se pueda disminuir la pobreza en la que se encuentran y si no se puede, por lo menos hagamos que su trabajo sea más digno a través de nuestra conciencia sobre lo que tiramos, cómo y dónde. Esperemos se le “prenda el foco” al presidente municipal con este tema.




La basura es el retrato descarnado de una sociedad. Revela quiénes somos como personas, hábitos, forma de consumir y de vivir. Es, sobre todo, un indicador de las profundas desigualdades sociales que existen, principalmente en países donde la brecha social es profunda. Penosamente, a veces constituye el ingreso de los “otros”, esos olvidados que viven en pobreza extrema cuyo sustento familiar se encuentra ahí. La basura históricamente ha representado un problema para la gente rica cuyas residencias se encuentran en una “buena zona”, por eso se ha llevado lo más lejos posible a las excluidas orillas de la ciudad, donde vive la gente en situación de pobreza.

Recuerdo al inicio de la pandemia ir a la parte trasera de Alsuper para buscar una caja de cartón. Al ingresar, vi a una señora que acomodaba verdura en una “troquita”. Le pregunté si podía tomar una caja y dudosa me dijo que suponía que sí. ¿Cómo está oiga? -le pregunté. Pues bien, mire, trabajando, echándole ganas. ¿Cómo la ve con este virus? N’ombre, ese no puede pasar por aquí, hay que seguir, -dijo con su mirada incierta y asustada, pero con una sonrisa de esperanza. Vivo atrás del relleno sanitario, la gente allá no tiene nada que comer, dijo. Nos cerraron el relleno por un tiempo, pero gracias a Dios ya lo abrieron para que podamos pepenar. No es el trabajo más limpio, pero nos está dando de comer, gracias a Dios.

¿Quién desde el “privilegio” podría pensar que una persona estaría genuinamente agradecida porque reabrieron el lugar donde nuestros desechos terminan? La pregunta instaura una reflexión sobre la realidad más allá de los confines de nuestros hogares y sobre lo que realmente valoramos en la vida. Para algunos será algún lujo como un auto nuevo, pero para esos “otros” será un artículo encontrado en el hediondo escombro de la basura que le dará algunos pesos para comer. A veces las circunstancias son muy injustas. En México, diariamente los “pobres” se vuelven más pobres y es más probable que alguien caiga en ella a que salga de ese contexto.

De acuerdo con el alcalde de Chihuahua, se están redoblando esfuerzos para la construcción del nuevo relleno sanitario, pues al que existe le quedan “meses de vida”. Es la oportunidad de repensar el tema de la basura y dignificarla, para que las personas que vivan de ella puedan encontrar mejor calidad de vida con lo que se tira. Fomentar la cultura del reciclaje es una clave para ello. Imaginen cómo afectaría positivamente a la recolección. La creación de políticas públicas incluyentes es fundamental. La basura bien manejada puede representar un buen ingreso y desarrollo económico para quienes viven de ella y que posiblemente se pueda disminuir la pobreza en la que se encuentran y si no se puede, por lo menos hagamos que su trabajo sea más digno a través de nuestra conciencia sobre lo que tiramos, cómo y dónde. Esperemos se le “prenda el foco” al presidente municipal con este tema.