/ lunes 18 de marzo de 2019

Hechos y criterios

Argumentos



El término “argumento” deriva del latín “argumentum”, compuesto por el verbo “arguere” (argüir, dejar en claro) y el sufijo “mentum” (instrumento, medio o resultado), y se define como el razonamiento que demuestra, refuta o justifica algo.

Un argumento, pues, apela a la razón y su fin es esclarecer la verdad o no de una propuesta o una preposición. No se trata de suposiciones, sentimientos, creencias o posturas mayoritarias. Parte y se deriva de bases sustentadas en la razón.

Bien, aunque el presidente de nuestro país exclamara que la discusión sobre la despenalización del aborto es polémica, no es cosa de este momento y que, en todo caso, se sometería a consulta en un futuro; y que en la cámara se diga que no está en la agenda y hay cuestiones más importantes que tratar, el asunto pende como una espada de Damocles y en momento u otro podrá resurgir. Por ello es importante manifestar que las razones esgrimidas por algunos para mostrar la viabilidad de tal despenalización y legalización, nacen de argumentos endebles que se oponen o no se sustentan en la razón; eso amén de que el respeto a la vida humana no merece discusión.

Tres, entre otros, son los "argumentos" manejados por quienes apoyan el aborto o, como afirman, la interrupción del embarazo. El primero alude al derecho de la mujer sobre su cuerpo, argumento que se expresa desde hace mucho y que ofende a la razón, ya que -se ha repetido hasta el cansancio- uno es el cuerpo de las mujeres y otro el cuerpo de la criatura que llevan en su seno, independientemente del número de semanas que esté en su vientre.

El escritor inglés Gilbert K. Chesterton diría: “Tener derecho a hacer algo no es para nada igual a tener razón al hacerlo” (Breve historia de Inglaterra).

El segundo argumento apela a la ciencia tratando de demostrar que durante las primeras semanas o por un tiempo determinado no existe "humanidad" en el embrión o en el feto, que sólo hay un puñado de células, pero sabemos que los avances científicos cada día se acercan contundentemente a la afirmación de que desde el momento de la concepción hay vida humana en el futuro ser que nacerá nueve meses después, si lo dejan.

El tercero busca las estadísticas que afirmen que el número de muertes de mujeres por abortos realizados por personas no especializadas o en condiciones insalubres es muy grande, y si se legalizara ese número disminuiría notablemente. El problema es que los estudios que se ofrecen para mostrar tal número comparado con quienes abortan, o están inflados o no están avalados por fuentes confiables o a veces son presentados como anónimos.

Como vemos los argumentos se basan sobre premisas endebles, por no decir falsas, lo que lleva a conclusiones equivocadas.

Chesterton también diría: “Lo correcto es lo correcto, aunque no lo haga nadie. Lo que está mal está mal, aunque todo mundo se equivoque al respecto” (All things considered). ¿Lo ven?



Argumentos



El término “argumento” deriva del latín “argumentum”, compuesto por el verbo “arguere” (argüir, dejar en claro) y el sufijo “mentum” (instrumento, medio o resultado), y se define como el razonamiento que demuestra, refuta o justifica algo.

Un argumento, pues, apela a la razón y su fin es esclarecer la verdad o no de una propuesta o una preposición. No se trata de suposiciones, sentimientos, creencias o posturas mayoritarias. Parte y se deriva de bases sustentadas en la razón.

Bien, aunque el presidente de nuestro país exclamara que la discusión sobre la despenalización del aborto es polémica, no es cosa de este momento y que, en todo caso, se sometería a consulta en un futuro; y que en la cámara se diga que no está en la agenda y hay cuestiones más importantes que tratar, el asunto pende como una espada de Damocles y en momento u otro podrá resurgir. Por ello es importante manifestar que las razones esgrimidas por algunos para mostrar la viabilidad de tal despenalización y legalización, nacen de argumentos endebles que se oponen o no se sustentan en la razón; eso amén de que el respeto a la vida humana no merece discusión.

Tres, entre otros, son los "argumentos" manejados por quienes apoyan el aborto o, como afirman, la interrupción del embarazo. El primero alude al derecho de la mujer sobre su cuerpo, argumento que se expresa desde hace mucho y que ofende a la razón, ya que -se ha repetido hasta el cansancio- uno es el cuerpo de las mujeres y otro el cuerpo de la criatura que llevan en su seno, independientemente del número de semanas que esté en su vientre.

El escritor inglés Gilbert K. Chesterton diría: “Tener derecho a hacer algo no es para nada igual a tener razón al hacerlo” (Breve historia de Inglaterra).

El segundo argumento apela a la ciencia tratando de demostrar que durante las primeras semanas o por un tiempo determinado no existe "humanidad" en el embrión o en el feto, que sólo hay un puñado de células, pero sabemos que los avances científicos cada día se acercan contundentemente a la afirmación de que desde el momento de la concepción hay vida humana en el futuro ser que nacerá nueve meses después, si lo dejan.

El tercero busca las estadísticas que afirmen que el número de muertes de mujeres por abortos realizados por personas no especializadas o en condiciones insalubres es muy grande, y si se legalizara ese número disminuiría notablemente. El problema es que los estudios que se ofrecen para mostrar tal número comparado con quienes abortan, o están inflados o no están avalados por fuentes confiables o a veces son presentados como anónimos.

Como vemos los argumentos se basan sobre premisas endebles, por no decir falsas, lo que lleva a conclusiones equivocadas.

Chesterton también diría: “Lo correcto es lo correcto, aunque no lo haga nadie. Lo que está mal está mal, aunque todo mundo se equivoque al respecto” (All things considered). ¿Lo ven?



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