/ martes 9 de julio de 2019

Hombres y mujeres

El respeto que deben guardar los hombres hacia las mujeres –y las mujeres a los hombres- se promueve desde la más tierna infancia. Los padres y educadores deben realizar esa tarea si quieren una mejor sociedad.

Que a la mujer no se le debe tocar ni con el pétalo de una rosa es una sentencia que no debe caer en el vacío, aunque en nuestros tiempos parezca de risa.

Los niños y adolescentes entienden, más con ejemplos que con palabras, la importancia del trato respetuoso entre hombres y mujeres. Si los padres de familia, los tutores, los educadores y quienes son –o pueden ser- guías de los infantes y jóvenes, viven ese respeto dentro del seno familiar, en la escuela, en el trabajo o en todo encuentro con el otro sexo, los muchachos(as) más fácilmente aprenderán a practicar ese respeto, más si entran en diálogo con niños y jóvenes y exponen razones claras para tal conducta.

Como en otros casos –como el uso del lenguaje vulgar, por ejemplo- las cosas no marchan si los adultos no ponemos en práctica aquello que buscamos inculcar.

Por otra parte, y es básico, se deben establecer reglas en el trato cotidiano entre hombres y mujeres, sean niños, adolescentes o jóvenes, e iniciarlas en el hogar, tales como, por ejemplo, no permitir bajo ninguna circunstancia que priven los golpes, las palabras o los términos insultantes o agresivos para zanjar alguna diferencia que se presente, o el que los hombres usen la fuerza física para doblegar a las mujeres, aunque sea jugando.

El trato hacia la mujer, por su misma condición, debe ser delicado y comprensivo, tener en cuenta que aunque hombres y mujeres seamos iguales en dignidad, hay diferencias que no podemos soslayar.

La discriminación hacia las mujeres, el sentir que los hombres son superiores a las mismas, el abuso de cualquier tipo o intimidación de cualquier clase hacia las féminas, el trato irrespetuoso por palabras, gestos o maltratos a ellas, son cosas sobre las que hay que luchar para desterrarlas.

Y las mujeres deben también –aunque suene raro- respetar a los hombres, pues de que las hay, las hay. ¿Lo ven?


El respeto que deben guardar los hombres hacia las mujeres –y las mujeres a los hombres- se promueve desde la más tierna infancia. Los padres y educadores deben realizar esa tarea si quieren una mejor sociedad.

Que a la mujer no se le debe tocar ni con el pétalo de una rosa es una sentencia que no debe caer en el vacío, aunque en nuestros tiempos parezca de risa.

Los niños y adolescentes entienden, más con ejemplos que con palabras, la importancia del trato respetuoso entre hombres y mujeres. Si los padres de familia, los tutores, los educadores y quienes son –o pueden ser- guías de los infantes y jóvenes, viven ese respeto dentro del seno familiar, en la escuela, en el trabajo o en todo encuentro con el otro sexo, los muchachos(as) más fácilmente aprenderán a practicar ese respeto, más si entran en diálogo con niños y jóvenes y exponen razones claras para tal conducta.

Como en otros casos –como el uso del lenguaje vulgar, por ejemplo- las cosas no marchan si los adultos no ponemos en práctica aquello que buscamos inculcar.

Por otra parte, y es básico, se deben establecer reglas en el trato cotidiano entre hombres y mujeres, sean niños, adolescentes o jóvenes, e iniciarlas en el hogar, tales como, por ejemplo, no permitir bajo ninguna circunstancia que priven los golpes, las palabras o los términos insultantes o agresivos para zanjar alguna diferencia que se presente, o el que los hombres usen la fuerza física para doblegar a las mujeres, aunque sea jugando.

El trato hacia la mujer, por su misma condición, debe ser delicado y comprensivo, tener en cuenta que aunque hombres y mujeres seamos iguales en dignidad, hay diferencias que no podemos soslayar.

La discriminación hacia las mujeres, el sentir que los hombres son superiores a las mismas, el abuso de cualquier tipo o intimidación de cualquier clase hacia las féminas, el trato irrespetuoso por palabras, gestos o maltratos a ellas, son cosas sobre las que hay que luchar para desterrarlas.

Y las mujeres deben también –aunque suene raro- respetar a los hombres, pues de que las hay, las hay. ¿Lo ven?


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