/ martes 16 de julio de 2019

La Cartilla Moral

En 1944 el poeta, ensayista, narrador, diplomático y pensador mexicano Alfonso Reyes Ochoa (1889-1959) acometía un encargo hecho por el entonces secretario de Educación, Jaime Torres Bodet, en el contexto de la llamada Cartilla Nacional de Alfabetización.

José Luis Martínez, a su vez ensayista, crítico literario, editor, historiador y promotor cultural (1918-2007), nombrado secretario particular de Torres Bodet, pidió a Reyes que dicha Cartilla (Nacional de Alfabetización) incluyera “un mínimo de principios morales”. Don Alfonso encontró errores de distinto tipo en la cartilla, lo que dio lugar a que, tras varias vicisitudes, surgiera la que se conoce –con correcciones posteriores- como la Cartilla Moral de Alfonso Reyes, y que el gobierno actual ha comenzado a distribuir.

Dicha cartilla contiene temas como el respeto a nuestra persona, en cuerpo y alma; el respeto a la familia; el respeto a la sociedad humana en general, y a la sociedad particular en que vivimos; el respeto a la patria, a la especie humana y a la naturaleza que nos rodea.

A través de varios sexenios se quiso publicar la cartilla pero hubo objeción al considerarla como un texto conservador y aun religioso, no acorde con la laicidad del Estado mexicano, pese a que en el prefacio se indica que “se ha usado el criterio más liberal, que a la vez es laico y respetuoso para las creencias”. (Con Ernesto Zedillo como secretario de Educación se hizo un tiraje modesto, pero por presiones sindicales se retiró su circulación).

Ciertamente, visto lo anterior, el hecho es, en primera instancia, positivo. El problema y el peligro están –y coincidimos con lo expresado por monseñor Felipe Arizmendi- en que su distribución y uso puede derivar en una apropiación de tipo político o religioso, toda vez que un ente de tipo religioso de algún modo ligado a un partido busca canalizar la cartilla hacia quienes la tendrán en sus manos.

Por otra parte, aunque sin ser actualizada, la Cartilla Moral puede ayudar a reflexionar cómo podemos mejorar nosotros y nuestras relaciones con otros, pero podemos dudar que opere un verdadero cambio en la conducta social.

Ciertamente los padres de familia y los organismos ciudadanos pueden aportar valores éticos para una eficaz convivencia social y mejoría de las condiciones sociales. La tarea gubernamental puede auxiliar en el asunto, pero hasta ahí. Los cristianos que tenemos no en sí unas normas, sino a la persona de Cristo y su Evangelio como referente moral, debemos involucrarnos en ese cambio social y moral.

¿Lo ven?



















En 1944 el poeta, ensayista, narrador, diplomático y pensador mexicano Alfonso Reyes Ochoa (1889-1959) acometía un encargo hecho por el entonces secretario de Educación, Jaime Torres Bodet, en el contexto de la llamada Cartilla Nacional de Alfabetización.

José Luis Martínez, a su vez ensayista, crítico literario, editor, historiador y promotor cultural (1918-2007), nombrado secretario particular de Torres Bodet, pidió a Reyes que dicha Cartilla (Nacional de Alfabetización) incluyera “un mínimo de principios morales”. Don Alfonso encontró errores de distinto tipo en la cartilla, lo que dio lugar a que, tras varias vicisitudes, surgiera la que se conoce –con correcciones posteriores- como la Cartilla Moral de Alfonso Reyes, y que el gobierno actual ha comenzado a distribuir.

Dicha cartilla contiene temas como el respeto a nuestra persona, en cuerpo y alma; el respeto a la familia; el respeto a la sociedad humana en general, y a la sociedad particular en que vivimos; el respeto a la patria, a la especie humana y a la naturaleza que nos rodea.

A través de varios sexenios se quiso publicar la cartilla pero hubo objeción al considerarla como un texto conservador y aun religioso, no acorde con la laicidad del Estado mexicano, pese a que en el prefacio se indica que “se ha usado el criterio más liberal, que a la vez es laico y respetuoso para las creencias”. (Con Ernesto Zedillo como secretario de Educación se hizo un tiraje modesto, pero por presiones sindicales se retiró su circulación).

Ciertamente, visto lo anterior, el hecho es, en primera instancia, positivo. El problema y el peligro están –y coincidimos con lo expresado por monseñor Felipe Arizmendi- en que su distribución y uso puede derivar en una apropiación de tipo político o religioso, toda vez que un ente de tipo religioso de algún modo ligado a un partido busca canalizar la cartilla hacia quienes la tendrán en sus manos.

Por otra parte, aunque sin ser actualizada, la Cartilla Moral puede ayudar a reflexionar cómo podemos mejorar nosotros y nuestras relaciones con otros, pero podemos dudar que opere un verdadero cambio en la conducta social.

Ciertamente los padres de familia y los organismos ciudadanos pueden aportar valores éticos para una eficaz convivencia social y mejoría de las condiciones sociales. La tarea gubernamental puede auxiliar en el asunto, pero hasta ahí. Los cristianos que tenemos no en sí unas normas, sino a la persona de Cristo y su Evangelio como referente moral, debemos involucrarnos en ese cambio social y moral.

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