/ sábado 8 de diciembre de 2018

La cultura como negocio

La Feria del Libro en Guadalajara es la número uno en el mundo del español. Se gastan aproximadamente 127 millones en llevarla a cabo, pero genera 135 millones, por lo tanto, es autosuficiente, y es un ejemplo de que cuando un estado se propone promover la cultura, lo logra.

Me asombra sobremanera la diversidad de actividades, porque entre una y otra de las 600 presentaciones de libros que hay se introducen talleres, conciertos, teatro, cerveza, políticos mostrando su ignorancia (como Peña Nieto revelando haber leído la Biblia o Taibo haciendo gala de su vulgar léxico), foros, cómics, comida del país invitado, conferencias, asociaciones civiles, actividades lúdicas para niños, premios de literatura, de periodismo, de moneros, de booktubers.

Cuando veo a esa cantidad de gente en la fila de los autógrafos tratando de conseguir la firma de su escritor, o escritora preferido, algunas veces, de origen japonés, turco, sudafricano, cubano o nicaragüense, me doy cuenta que este es el México real, no el que devalúan los diarios. Tampoco es el México de los políticos hipócritas que traen el estandarte de los pobrecitos pobres, ni el de los delincuentes y los narcotraficantes, sino el de estos lectores (800,000 asistentes) que asumimos la vida como una oportunidad para aprender y crecer y que, además, preferimos el debate de un buen libro que hablar de marcas capitalistas, chismes sociales o politiquería maloliente.

Amable lector, lectora, lo que hace tan exitosa esta feria es la variedad de temas, pues van desde descubrimientos de la ciencia como el libro escrito por una computadora hasta la vida de Luis Miguel, veinticinco años después, o bien, Plácido Domingo cantando a capela y presentando su libro “Zarzuela”, y que por cierto esa tarde ya venía de inaugurar una sala con su nombre, un teatro en el pueblo de Tequila, Jalisco, también con su nombre; y dicen las buenas lenguas que el sabor del agave destilado lo llevó a prometer una escuela para cantantes, ahí mismo en Guadalajara.

Ángeles Mastreta, Héctor Camín, Jorge Castañeda, Ofelia Medina, Lidia Cacho, Victoria Abril, Cuauhtémoc Sánchez, y muchas personalidades de la cultura, junto a los grandes internacionales como Gioconda Belli, Padura, Orham Pamuk, premio Nobel, hacen de la FIL una delicia.

De que hay actividades geniales en México las hay, sólo hay que darnos el permiso de querer crecer y para ello, asistir.


WWW.silviagonzalez.com.mx




La Feria del Libro en Guadalajara es la número uno en el mundo del español. Se gastan aproximadamente 127 millones en llevarla a cabo, pero genera 135 millones, por lo tanto, es autosuficiente, y es un ejemplo de que cuando un estado se propone promover la cultura, lo logra.

Me asombra sobremanera la diversidad de actividades, porque entre una y otra de las 600 presentaciones de libros que hay se introducen talleres, conciertos, teatro, cerveza, políticos mostrando su ignorancia (como Peña Nieto revelando haber leído la Biblia o Taibo haciendo gala de su vulgar léxico), foros, cómics, comida del país invitado, conferencias, asociaciones civiles, actividades lúdicas para niños, premios de literatura, de periodismo, de moneros, de booktubers.

Cuando veo a esa cantidad de gente en la fila de los autógrafos tratando de conseguir la firma de su escritor, o escritora preferido, algunas veces, de origen japonés, turco, sudafricano, cubano o nicaragüense, me doy cuenta que este es el México real, no el que devalúan los diarios. Tampoco es el México de los políticos hipócritas que traen el estandarte de los pobrecitos pobres, ni el de los delincuentes y los narcotraficantes, sino el de estos lectores (800,000 asistentes) que asumimos la vida como una oportunidad para aprender y crecer y que, además, preferimos el debate de un buen libro que hablar de marcas capitalistas, chismes sociales o politiquería maloliente.

Amable lector, lectora, lo que hace tan exitosa esta feria es la variedad de temas, pues van desde descubrimientos de la ciencia como el libro escrito por una computadora hasta la vida de Luis Miguel, veinticinco años después, o bien, Plácido Domingo cantando a capela y presentando su libro “Zarzuela”, y que por cierto esa tarde ya venía de inaugurar una sala con su nombre, un teatro en el pueblo de Tequila, Jalisco, también con su nombre; y dicen las buenas lenguas que el sabor del agave destilado lo llevó a prometer una escuela para cantantes, ahí mismo en Guadalajara.

Ángeles Mastreta, Héctor Camín, Jorge Castañeda, Ofelia Medina, Lidia Cacho, Victoria Abril, Cuauhtémoc Sánchez, y muchas personalidades de la cultura, junto a los grandes internacionales como Gioconda Belli, Padura, Orham Pamuk, premio Nobel, hacen de la FIL una delicia.

De que hay actividades geniales en México las hay, sólo hay que darnos el permiso de querer crecer y para ello, asistir.


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