/ sábado 14 de abril de 2018

La duda que llevamos dentro

Normalmente la duda que llevamos dentro de nuestro corazón es lo que nos frena o impide llegar o acercarnos a donde nos llaman nuestros deseos y aspiraciones. Nos frena el desear éxito y fortuna, esperando seguir siendo pobres. Nos la pasamos dudando permanentemente de nuestra capacidad para conseguir llegar a nuestras metas, y eso es fracasar rotunda y absolutamente.


Si nos percibimos y nos juzgamos derrotados, lo estaremos. Si deseamos triunfar pero en el fondo creemos fracasar, es seguro que fracasaremos. Si pensamos perder, estamos perdidos, todo porque en este mundo el éxito o el fracaso dependen de nuestro modo de pensar, de nuestro espíritu, y así, el que triunfa, es el que tiene fe en triunfar.

La falta de confianza en uno mismo es tan poderosa que si se considera la capacidad también, asombrosa y poderosa de cada uno, no habría fracaso. Nuestra capacidad personal no tiene límites cuando no se los ponemos.

A veces tenemos que aprender de la naturaleza. Existe una planta en los desiertos del Medio Oriente; una planta muy similar a la que existe en nuestros desiertos, la que rueda seca con el viento, pero allá, se llama la rosa de Jericó, originaria de los desiertos de Arabia y las inmediaciones del mar Rojo, estando también presente en Palestina y Egipto. En la estación seca, cuando la tierra que rodea sus raíces se torna en arena, la planta se separa de la tierra, se enrolla o se hace bola y con la ayuda del viento rueda hasta encontrar algún terreno húmedo y protegido. En dicho lugar se enraiza de nuevo, levanta la cabeza y vuelve a florecer, llena de vida. Si los obstáculos y la adversidad no fueran nuevas oportunidades para mostrar el poder de la naturaleza, la vida animal y vegetal habrían desaparecido hace miles de años.

Todos tenemos nuestras limitaciones, pero de momento quizá no sabemos cuáles son ni en dónde están. Y la fuerza que venció todos los obstáculos para volvernos lo que somos, no ha de fallarnos cuando la necesitemos nuevamente.

Dada la naturaleza de las cosas, dentro de cada persona siempre existen capacidades latentes que aún no hemos descubierto. El solo descubrimiento de una de ellas dará lugar a que otras se vayan conociendo y aprovechando.

Es común y normal que nuestra capacidad sea muy superior a la que normalmente suponemos y son mucho más los que llegan a fracasar por ignorar su capacidad que por conocer su debilidad. La duda que llevamos dentro es nuestro principal adversario.

Normalmente la duda que llevamos dentro de nuestro corazón es lo que nos frena o impide llegar o acercarnos a donde nos llaman nuestros deseos y aspiraciones. Nos frena el desear éxito y fortuna, esperando seguir siendo pobres. Nos la pasamos dudando permanentemente de nuestra capacidad para conseguir llegar a nuestras metas, y eso es fracasar rotunda y absolutamente.


Si nos percibimos y nos juzgamos derrotados, lo estaremos. Si deseamos triunfar pero en el fondo creemos fracasar, es seguro que fracasaremos. Si pensamos perder, estamos perdidos, todo porque en este mundo el éxito o el fracaso dependen de nuestro modo de pensar, de nuestro espíritu, y así, el que triunfa, es el que tiene fe en triunfar.

La falta de confianza en uno mismo es tan poderosa que si se considera la capacidad también, asombrosa y poderosa de cada uno, no habría fracaso. Nuestra capacidad personal no tiene límites cuando no se los ponemos.

A veces tenemos que aprender de la naturaleza. Existe una planta en los desiertos del Medio Oriente; una planta muy similar a la que existe en nuestros desiertos, la que rueda seca con el viento, pero allá, se llama la rosa de Jericó, originaria de los desiertos de Arabia y las inmediaciones del mar Rojo, estando también presente en Palestina y Egipto. En la estación seca, cuando la tierra que rodea sus raíces se torna en arena, la planta se separa de la tierra, se enrolla o se hace bola y con la ayuda del viento rueda hasta encontrar algún terreno húmedo y protegido. En dicho lugar se enraiza de nuevo, levanta la cabeza y vuelve a florecer, llena de vida. Si los obstáculos y la adversidad no fueran nuevas oportunidades para mostrar el poder de la naturaleza, la vida animal y vegetal habrían desaparecido hace miles de años.

Todos tenemos nuestras limitaciones, pero de momento quizá no sabemos cuáles son ni en dónde están. Y la fuerza que venció todos los obstáculos para volvernos lo que somos, no ha de fallarnos cuando la necesitemos nuevamente.

Dada la naturaleza de las cosas, dentro de cada persona siempre existen capacidades latentes que aún no hemos descubierto. El solo descubrimiento de una de ellas dará lugar a que otras se vayan conociendo y aprovechando.

Es común y normal que nuestra capacidad sea muy superior a la que normalmente suponemos y son mucho más los que llegan a fracasar por ignorar su capacidad que por conocer su debilidad. La duda que llevamos dentro es nuestro principal adversario.

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