/ miércoles 11 de julio de 2018

La legalidad no debería estar peleada con el ego

Que cada voto cuente y sea en el sentido que el ciudadano lo depositó, es una gran responsabilidad de la autoridad electoral, de ahí que el proceso no termine el día de la votación, sino hasta que se garantice la veracidad de los resultados.

Bajo esta realidad, es difícil entender por qué hay gente que se molesta cuando los partidos solicitan que –debido a alguna irregularidad- se abran los paquetes electorales, si finalmente lo que se busca no es que se anulen, sino que se asegure que las presuntas inconsistencias en nada cambian el resultado de la votación.

Por eso es extraño también entender a quien asegura que esto contraviene el proceso democrático o que los partidos no confían en los ciudadanos que depositaron sus votos… ¡Por el contrario! La revisión garantiza que los mismos se validen.

Y es todavía más ilógico ver cómo hay consejeros electorales que no tienen ni siquiera una opinión acerca de lo que está pasando o prefieren sentirse ofendidos ante los señalamientos de diversos organismos políticos, en lugar de tener la apertura hacia el diálogo y dentro de los supuestos que marca la ley, brindar la seguridad a quienes vemos desde fuera que algo no está bien y que ellos deberían ser nuestros ojos y oídos en las asambleas, sí, pero también nuestra voz.

Claro que no faltará quien diga que lo que ha pasado ha sido provocado por los partidos para desasear el proceso electoral, pero ese es precisamente el reto de los consejeros, a quienes por cierto se les paga del propio presupuesto suyo y mío, y sabían a lo que iban… si no, es una verdadera lástima que hasta esos espacios estén siendo ocupados por personas que busquen una chambita aunque sea por un tiempo o figurar, pero que el tema se les salió de control.

Preferible una y mil veces que los paquetes se abran y demostrar que se tenía la razón –o no- y no quedarnos con la duda de si las actas se llenaron mal, los votos se sumaron o se restaron a cualquier fuerza política, por negligencia o por intereses específicos.

La tranquilidad de otorgar legalidad a los ciudadanos no debería estar peleada con el ego o el resentimiento personal. No es cualquier cosa, se trata de quienes nos representarán por los próximos tres años, señores, por favor.


soy@angdelgado.com


Que cada voto cuente y sea en el sentido que el ciudadano lo depositó, es una gran responsabilidad de la autoridad electoral, de ahí que el proceso no termine el día de la votación, sino hasta que se garantice la veracidad de los resultados.

Bajo esta realidad, es difícil entender por qué hay gente que se molesta cuando los partidos solicitan que –debido a alguna irregularidad- se abran los paquetes electorales, si finalmente lo que se busca no es que se anulen, sino que se asegure que las presuntas inconsistencias en nada cambian el resultado de la votación.

Por eso es extraño también entender a quien asegura que esto contraviene el proceso democrático o que los partidos no confían en los ciudadanos que depositaron sus votos… ¡Por el contrario! La revisión garantiza que los mismos se validen.

Y es todavía más ilógico ver cómo hay consejeros electorales que no tienen ni siquiera una opinión acerca de lo que está pasando o prefieren sentirse ofendidos ante los señalamientos de diversos organismos políticos, en lugar de tener la apertura hacia el diálogo y dentro de los supuestos que marca la ley, brindar la seguridad a quienes vemos desde fuera que algo no está bien y que ellos deberían ser nuestros ojos y oídos en las asambleas, sí, pero también nuestra voz.

Claro que no faltará quien diga que lo que ha pasado ha sido provocado por los partidos para desasear el proceso electoral, pero ese es precisamente el reto de los consejeros, a quienes por cierto se les paga del propio presupuesto suyo y mío, y sabían a lo que iban… si no, es una verdadera lástima que hasta esos espacios estén siendo ocupados por personas que busquen una chambita aunque sea por un tiempo o figurar, pero que el tema se les salió de control.

Preferible una y mil veces que los paquetes se abran y demostrar que se tenía la razón –o no- y no quedarnos con la duda de si las actas se llenaron mal, los votos se sumaron o se restaron a cualquier fuerza política, por negligencia o por intereses específicos.

La tranquilidad de otorgar legalidad a los ciudadanos no debería estar peleada con el ego o el resentimiento personal. No es cualquier cosa, se trata de quienes nos representarán por los próximos tres años, señores, por favor.


soy@angdelgado.com