/ jueves 14 de febrero de 2019

Las plantas del amor

De acuerdo al autor Christian Rätsch, no estamos completamente conscientes de lo que le debemos al mundo vegetal, no sólo como remedios curativos, sino para influir en el ámbito sexual de la psique. Desde tiempos remotos las personas han buscado los efectos que sólo Afrodita, la diosa del amor, causaba: amor donde no existe, deseo cuando hay languidez, goces carnales si domina el hastío y aventuras donde la fantasía está ausente. Ingeridos, fumados, untados o en enema, actúan en la piel, los nervios y el torrente sanguíneo, estimulando las zonas erógenas.

Si bien, siempre se ha buscado combatir la falta de salud sexual, hasta el momento, no se ha encontrado un remedio efectivo contra la disfunción física. Y mientras que unas plantas funcionan para unos, no sucede lo mismo para otros. En la búsqueda del verdadero afrodisiaco, la familia de las solanáceas se le considera la más efectiva. Pero este mundo no sólo es dominado por la mandrágora (Génesis 30, 14-18), el beleño negro, la datura (toloache) y la belladona, sino por el jitomate, la papa, la berenjena y el pimiento morrón, que han sido usados como estimulantes.

En las cactáceas, como el peyote, o en hongos como el Amanita muscaria, se tienen especies que funcionan de forma similar. Sorprendentemente, muchas de las plantas de cultivo más antiguas ofrecen los más apreciados afrodisíacos, aunque algunos sean cuestionables: la amapola (opio), el cáñamo (hachís, marihuana), la vid (el vino) y la palma datilera (vino de dátil), pero el más temido es el extraído del coleóptero, la mosca española (Lytta vesicartoria), cuya dosis efectiva no es mucho menor que la mortal. Pero, en este campo, los animales tienen poco peso tradicional.

Para la etnofarmacología, aunque los afrodisíacos modifiquen la conciencia como agentes psicoactivos, si el entorno, el acompañante y las expectativas no son los esperados, la sustancia no cumplirá con su objetivo. Por lo anterior, la medicina ha concluido que no existe un afrodisiaco verdadero. Fuera de la papaverina, la yohimbina interesa a los investigadores. Se ha probado que estimula la sinapsis nerviosa de la médula sacra, responsable de la erección. Ésta también se encuentra en la Aspidosperma quebracho-blanco, la Mitragyna stipulose y en varias apocináceas.


En lo que los investigadores sí parecen estar de acuerdo es que, en materia de recetas, existen escasos valores fidedignos en las dosis efectivas para todos los individuos, por lo que recomiendan la experimentación personal, siempre empezando con las dosis más bajas. También hay que considerar que un afrodisiaco se ingiere de forma preventiva para mantener una vida sexual saludable y activa, pues ya no sería necesario cuando sea demasiado tarde. Pero si lo contrario es lo que se busca, los monjes han recurrido a la Nuphar lutea y al cuestionable Vitex agnus-castus.


Si un afrodisíaco es difícil de conseguir como la jalea real, la civeta o ayahuasca, siempre se podrá elegir ginseng, café con cardamomo, los pétalos y partes verdes del girasol, la nuez moscada, zanahoria, un perfume con pachulí, o incluso, ajo o amaranto. Y no hay que olvidar que si algo, en general, es benéfico para la salud, también lo será para su sexualidad.

agusperezr@hotmail.com

De acuerdo al autor Christian Rätsch, no estamos completamente conscientes de lo que le debemos al mundo vegetal, no sólo como remedios curativos, sino para influir en el ámbito sexual de la psique. Desde tiempos remotos las personas han buscado los efectos que sólo Afrodita, la diosa del amor, causaba: amor donde no existe, deseo cuando hay languidez, goces carnales si domina el hastío y aventuras donde la fantasía está ausente. Ingeridos, fumados, untados o en enema, actúan en la piel, los nervios y el torrente sanguíneo, estimulando las zonas erógenas.

Si bien, siempre se ha buscado combatir la falta de salud sexual, hasta el momento, no se ha encontrado un remedio efectivo contra la disfunción física. Y mientras que unas plantas funcionan para unos, no sucede lo mismo para otros. En la búsqueda del verdadero afrodisiaco, la familia de las solanáceas se le considera la más efectiva. Pero este mundo no sólo es dominado por la mandrágora (Génesis 30, 14-18), el beleño negro, la datura (toloache) y la belladona, sino por el jitomate, la papa, la berenjena y el pimiento morrón, que han sido usados como estimulantes.

En las cactáceas, como el peyote, o en hongos como el Amanita muscaria, se tienen especies que funcionan de forma similar. Sorprendentemente, muchas de las plantas de cultivo más antiguas ofrecen los más apreciados afrodisíacos, aunque algunos sean cuestionables: la amapola (opio), el cáñamo (hachís, marihuana), la vid (el vino) y la palma datilera (vino de dátil), pero el más temido es el extraído del coleóptero, la mosca española (Lytta vesicartoria), cuya dosis efectiva no es mucho menor que la mortal. Pero, en este campo, los animales tienen poco peso tradicional.

Para la etnofarmacología, aunque los afrodisíacos modifiquen la conciencia como agentes psicoactivos, si el entorno, el acompañante y las expectativas no son los esperados, la sustancia no cumplirá con su objetivo. Por lo anterior, la medicina ha concluido que no existe un afrodisiaco verdadero. Fuera de la papaverina, la yohimbina interesa a los investigadores. Se ha probado que estimula la sinapsis nerviosa de la médula sacra, responsable de la erección. Ésta también se encuentra en la Aspidosperma quebracho-blanco, la Mitragyna stipulose y en varias apocináceas.


En lo que los investigadores sí parecen estar de acuerdo es que, en materia de recetas, existen escasos valores fidedignos en las dosis efectivas para todos los individuos, por lo que recomiendan la experimentación personal, siempre empezando con las dosis más bajas. También hay que considerar que un afrodisiaco se ingiere de forma preventiva para mantener una vida sexual saludable y activa, pues ya no sería necesario cuando sea demasiado tarde. Pero si lo contrario es lo que se busca, los monjes han recurrido a la Nuphar lutea y al cuestionable Vitex agnus-castus.


Si un afrodisíaco es difícil de conseguir como la jalea real, la civeta o ayahuasca, siempre se podrá elegir ginseng, café con cardamomo, los pétalos y partes verdes del girasol, la nuez moscada, zanahoria, un perfume con pachulí, o incluso, ajo o amaranto. Y no hay que olvidar que si algo, en general, es benéfico para la salud, también lo será para su sexualidad.

agusperezr@hotmail.com

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