/ sábado 13 de julio de 2019

Libertad, identidad, seguridad y miedo

Durante más de dos siglos la humanidad estuvo luchando por lograr los más altos niveles de libertad e igualdad. El régimen político al que se aspiraba era la democracia. Durante casi un siglo la igualdad idealizada por los regímenes socialistas fue la alternativa a los excesos de la libertad y los poderosos.

El rotundo fracaso de la Unión Soviética y de la mayoría de los países que pretendían la construcción del paraíso socialista hizo pensar a algunos que el capitalismo liberal había triunfado, pero los excesos y la especulación que condujeron a la crisis económica 2008 provocaron un gran desencanto.

Mientras que tanto el socialismo radical como el capitalismo radical entraban en crisis, la llegada de la globalización transformó el planeta en una aldea y el internet le levantó las enaguas a la mayoría de los gobiernos, las corporaciones y las organizaciones que en el pasado funcionaban lejos de la opinión pública.

La interconexión brutal del planeta facilitó la movilidad de capitales y personas, provocando un proceso de migración intensa, especialmente desde los países más pobres, en guerra o crisis, hacia las economías más desarrolladas.

Esta inusual transformación además generó que las tradicionales cinco generaciones: niños, adolescentes, jóvenes, adultos y ancianos, ahora se multiplicaran en una fragmentación generacional adicional donde aparecieron los millenials, X y centenials, confundiendo a las generaciones adultas.

Las identidades se multiplicaron y una migración descontrolada llegó a las calles de las ciudades de países ricos o estables, provocando una sensación de inseguridad y amenaza provocada debido al extraño recién llegado que habla otro idioma, tiene otras costumbres e inclusive practica otras religiones.

Los territorios conocidos se empezaron a borrar y diluir en un escenario globalizante, donde resulta imposible definir límites y distancias. El cerebro humano tiene como propósito fundamental no pensar propiamente dicho, sino garantizar la supervivencia del cuerpo que lo carga y alimenta.

Y un cerebro que no se desplaza en un territorio conocido rodeado de personas, conductas e identidades semejantes, es un cerebro estresado que nada en adrenalina, la cual, si no se gasta mediante el esfuerzo muscular de acciones de confrontación y huida, pronto experimentará los devastadores efectos del cortisol, que vulnera la salud y la capacidad para razonar con claridad.

Por ello actualmente, millones de personas decentes y con valores, al sobrevivir a diario en los territorios del miedo, están dispuestas a sacrificar la libertad y la decencia, a cambio de blindar su identidad y recuperar la sensación de seguridad.


Durante más de dos siglos la humanidad estuvo luchando por lograr los más altos niveles de libertad e igualdad. El régimen político al que se aspiraba era la democracia. Durante casi un siglo la igualdad idealizada por los regímenes socialistas fue la alternativa a los excesos de la libertad y los poderosos.

El rotundo fracaso de la Unión Soviética y de la mayoría de los países que pretendían la construcción del paraíso socialista hizo pensar a algunos que el capitalismo liberal había triunfado, pero los excesos y la especulación que condujeron a la crisis económica 2008 provocaron un gran desencanto.

Mientras que tanto el socialismo radical como el capitalismo radical entraban en crisis, la llegada de la globalización transformó el planeta en una aldea y el internet le levantó las enaguas a la mayoría de los gobiernos, las corporaciones y las organizaciones que en el pasado funcionaban lejos de la opinión pública.

La interconexión brutal del planeta facilitó la movilidad de capitales y personas, provocando un proceso de migración intensa, especialmente desde los países más pobres, en guerra o crisis, hacia las economías más desarrolladas.

Esta inusual transformación además generó que las tradicionales cinco generaciones: niños, adolescentes, jóvenes, adultos y ancianos, ahora se multiplicaran en una fragmentación generacional adicional donde aparecieron los millenials, X y centenials, confundiendo a las generaciones adultas.

Las identidades se multiplicaron y una migración descontrolada llegó a las calles de las ciudades de países ricos o estables, provocando una sensación de inseguridad y amenaza provocada debido al extraño recién llegado que habla otro idioma, tiene otras costumbres e inclusive practica otras religiones.

Los territorios conocidos se empezaron a borrar y diluir en un escenario globalizante, donde resulta imposible definir límites y distancias. El cerebro humano tiene como propósito fundamental no pensar propiamente dicho, sino garantizar la supervivencia del cuerpo que lo carga y alimenta.

Y un cerebro que no se desplaza en un territorio conocido rodeado de personas, conductas e identidades semejantes, es un cerebro estresado que nada en adrenalina, la cual, si no se gasta mediante el esfuerzo muscular de acciones de confrontación y huida, pronto experimentará los devastadores efectos del cortisol, que vulnera la salud y la capacidad para razonar con claridad.

Por ello actualmente, millones de personas decentes y con valores, al sobrevivir a diario en los territorios del miedo, están dispuestas a sacrificar la libertad y la decencia, a cambio de blindar su identidad y recuperar la sensación de seguridad.


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