/ jueves 9 de abril de 2020

Llegarán suaves lluvias

“Llegarán suaves lluvias, y el aroma de la tierra, y las golondrinas llamarán con sus débiles cantos; / Y ranas en los estanques cantarán por las noches, y los ciruelos silvestres de tembloroso blanco. / Los petirrojos vestirán su fuego emplumado, silbando sus caprichos sobre una alambrada. / Y nadie sabrá sobre la guerra, nadie se preocupará al final, cuando todo haya terminado. / A nadie le importará, ni al pájaro ni al árbol, si la humanidad pereció completamente; / y la Primavera misma, cuando despierte al amanecer, apenas se dará cuenta de que nos hemos ido”. Sara Teasdale.


Este poema resume, creo yo, las reflexiones que hemos escuchado: Lo inimaginable ocurrió. La Tierra toma un descanso. Estamos viviendo algo histórico: El año en que la Tierra obligó al mundo a tomar un respiro. Se ha detenido lo que creíamos imposible. Y mientras nosotros estamos encerrados, las aguas vuelven a cristalizarse, el aire se despeja, los árboles dejan de ser talados. En China se redujo la contaminación; en Italia, igual; el agua que fluye a través de los canales de Venecia es clara por primera vez en mucho tiempo, los peces son visibles, los cisnes regresaron.


¿Ya nos dimos cuenta de que nosotros somos el verdadero virus? Claramente, el Covid-19 es la vacuna que necesitaba el planeta para el virus de la humanidad. La naturaleza es tan mágica que ella misma está limpiándose del mal que hacemos, porque si bien, ahora los animales recorren las calles sin ser asesinados, aún falta que los Gobiernos utópicos demuestren sus fortalezca y reconozcan sus debilidades con acciones concretas que eviten, con absoluta efectividad, que aumente el caos económico y social que ha ocasionado que nos matemos entre nosotros.


La naturaleza, ciertamente, tendrá paz por un tiempo, y así como los animales han ampliado su territorio porque su sonar ya no detecta los focos acústicos habituales (los gatos callejeros parecen haberse escondido), ampliemos nuestro campo de acción durante nuestro aislamiento, con paciencia y rutinas de meditación, oración, lectura, música y la cercanía compartida con nuestra familia, porque pronto empezará la lucha que requerirá el acopio de toda nuestra energía y voluntad para los retos de sacrificio y caridad que necesitaremos, y eso probará lo que hemos aprendido.

agusperezr@hotmail.com


“Llegarán suaves lluvias, y el aroma de la tierra, y las golondrinas llamarán con sus débiles cantos; / Y ranas en los estanques cantarán por las noches, y los ciruelos silvestres de tembloroso blanco. / Los petirrojos vestirán su fuego emplumado, silbando sus caprichos sobre una alambrada. / Y nadie sabrá sobre la guerra, nadie se preocupará al final, cuando todo haya terminado. / A nadie le importará, ni al pájaro ni al árbol, si la humanidad pereció completamente; / y la Primavera misma, cuando despierte al amanecer, apenas se dará cuenta de que nos hemos ido”. Sara Teasdale.


Este poema resume, creo yo, las reflexiones que hemos escuchado: Lo inimaginable ocurrió. La Tierra toma un descanso. Estamos viviendo algo histórico: El año en que la Tierra obligó al mundo a tomar un respiro. Se ha detenido lo que creíamos imposible. Y mientras nosotros estamos encerrados, las aguas vuelven a cristalizarse, el aire se despeja, los árboles dejan de ser talados. En China se redujo la contaminación; en Italia, igual; el agua que fluye a través de los canales de Venecia es clara por primera vez en mucho tiempo, los peces son visibles, los cisnes regresaron.


¿Ya nos dimos cuenta de que nosotros somos el verdadero virus? Claramente, el Covid-19 es la vacuna que necesitaba el planeta para el virus de la humanidad. La naturaleza es tan mágica que ella misma está limpiándose del mal que hacemos, porque si bien, ahora los animales recorren las calles sin ser asesinados, aún falta que los Gobiernos utópicos demuestren sus fortalezca y reconozcan sus debilidades con acciones concretas que eviten, con absoluta efectividad, que aumente el caos económico y social que ha ocasionado que nos matemos entre nosotros.


La naturaleza, ciertamente, tendrá paz por un tiempo, y así como los animales han ampliado su territorio porque su sonar ya no detecta los focos acústicos habituales (los gatos callejeros parecen haberse escondido), ampliemos nuestro campo de acción durante nuestro aislamiento, con paciencia y rutinas de meditación, oración, lectura, música y la cercanía compartida con nuestra familia, porque pronto empezará la lucha que requerirá el acopio de toda nuestra energía y voluntad para los retos de sacrificio y caridad que necesitaremos, y eso probará lo que hemos aprendido.

agusperezr@hotmail.com


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