/ miércoles 21 de julio de 2021

Lo que no se ve

En este mundo la visión inmediata nos dice que hay y no hay, nuestros ojos recorren escenarios y los detalles sobresalen según nuestro conocimiento, percepción e intereses. Las llamadas personas visuales tienen una sensibilidad para abarcar más detalles, mientras que los mentales divagan en sus ideas, los de audición sensible reaccionan más a los sonidos, los de olfato desarrollado perciben intensamente los olores y los que tiene unas papilas gustativas delicadas y despiertas, paladean todo tipo de sabores clasificándolos. El tacto es desarrollado por muchos y mediante él se perciben formas y energías que fluyen o se estancan.

Ahí vamos viviendo y apreciando el mundo de muchas maneras, poniendo atención a lo palpable, a lo “real” pero olvidándonos que hay mucho que está, pero no se ve y no lo consideramos, porque nuestros sentidos están atentos solo en la superficialidad material.

Así como existen muchísimas cosas microscópicas que sólo podemos ver a través de aparatos muy potentes, hay una energía poderosa que emana de cada cuerpo que existe, incluyendo el nuestro.

Una palabra genera a su alrededor una energía que vuela para construir o lo contrario.

Ya cuando estamos atentos a esto, si cometemos el error de utilizarlas para mal, nuestra energía baja.

Por otro lado está el concepto de salud, atrapado en un enfoque casi único al cuerpo material, se presenta una enfermedad y toda la atención está en las funciones corporales, siendo que el cuerpo enferma desde pensamientos y emociones que por largas temporadas se alojan en algún lugar del organismo.

Nos falta mucho por descubrir y experimentar en ese plano que no se ve pero definitivamente existe, un mundo energético que debemos considerar como nuestro y de todos, una energía en la que todos participamos para que este mundo sea lo que es.

Les comparto que he experimentado cómo la energía de la terapia de imanes revela no sólo lo que adolece el cuerpo, sino de qué emoción o pensamiento viene ese mal que aqueja. El cuerpo es el que va dando la noticia, pero el origen empezó en lo que pensamos y sentimos. Por eso es tan importante que paremos y analicemos que nos pasa, para que lo hablemos, para que escuchemos, para que observemos, saboreemos, olamos y sintamos, liberando lo que no se debe quedar estancado en el cuerpo físico, mental y emocional.

¡Qué la buena vibra nos rodee para dar y recibir amor!

La máxima de la salud es el agradecimiento, hay que practicarlo agradeciendo lo bueno que se ve y lo que no, pero está.

ROBERTA CORTÁZAR B

En este mundo la visión inmediata nos dice que hay y no hay, nuestros ojos recorren escenarios y los detalles sobresalen según nuestro conocimiento, percepción e intereses. Las llamadas personas visuales tienen una sensibilidad para abarcar más detalles, mientras que los mentales divagan en sus ideas, los de audición sensible reaccionan más a los sonidos, los de olfato desarrollado perciben intensamente los olores y los que tiene unas papilas gustativas delicadas y despiertas, paladean todo tipo de sabores clasificándolos. El tacto es desarrollado por muchos y mediante él se perciben formas y energías que fluyen o se estancan.

Ahí vamos viviendo y apreciando el mundo de muchas maneras, poniendo atención a lo palpable, a lo “real” pero olvidándonos que hay mucho que está, pero no se ve y no lo consideramos, porque nuestros sentidos están atentos solo en la superficialidad material.

Así como existen muchísimas cosas microscópicas que sólo podemos ver a través de aparatos muy potentes, hay una energía poderosa que emana de cada cuerpo que existe, incluyendo el nuestro.

Una palabra genera a su alrededor una energía que vuela para construir o lo contrario.

Ya cuando estamos atentos a esto, si cometemos el error de utilizarlas para mal, nuestra energía baja.

Por otro lado está el concepto de salud, atrapado en un enfoque casi único al cuerpo material, se presenta una enfermedad y toda la atención está en las funciones corporales, siendo que el cuerpo enferma desde pensamientos y emociones que por largas temporadas se alojan en algún lugar del organismo.

Nos falta mucho por descubrir y experimentar en ese plano que no se ve pero definitivamente existe, un mundo energético que debemos considerar como nuestro y de todos, una energía en la que todos participamos para que este mundo sea lo que es.

Les comparto que he experimentado cómo la energía de la terapia de imanes revela no sólo lo que adolece el cuerpo, sino de qué emoción o pensamiento viene ese mal que aqueja. El cuerpo es el que va dando la noticia, pero el origen empezó en lo que pensamos y sentimos. Por eso es tan importante que paremos y analicemos que nos pasa, para que lo hablemos, para que escuchemos, para que observemos, saboreemos, olamos y sintamos, liberando lo que no se debe quedar estancado en el cuerpo físico, mental y emocional.

¡Qué la buena vibra nos rodee para dar y recibir amor!

La máxima de la salud es el agradecimiento, hay que practicarlo agradeciendo lo bueno que se ve y lo que no, pero está.

ROBERTA CORTÁZAR B

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