/ viernes 13 de julio de 2018

López Obrador y la democracia

Durante décadas, Andrés Manuel López Obrador ha cuestionado y criticado la democracia mexicana. Irónicamente, esa democracia lo ha llevado a cumplir su capricho de gobernar al pueblo. Primero, como jefe de Gobierno del -entonces- Distrito Federal y, próximamente -a mayor escala- como presidente de la república.

En relación a lo fustigante que al respecto ha sido López Obrador, en términos generales muchos coincidimos con él; es decir, en que es urgente y necesario fortalecer la democracia en México; sin embargo, es en los términos específicos donde radican las diferencias de opinión y, además, las incongruencias en los dichos de AMLO.

Para concordar o no con el pensamiento de López Obrador, hay que saber todo lo que la democracia implica. Es decir, que la democracia no sólo se refiere a los asuntos electorales.

Es precisamente ahí (en lo electoral) donde está la principal -e histórica- incongruencia lopezobradorista. O sea, en aferrarse a que la democracia electoral sólo existe si AMLO resulta ganador (de no ser así, se trataría de un fraude o un complot).

Por otra parte, pero en ese mismo sentido, es necesario entender que, en las democracias, el papel de instituciones es fundamental. Por eso no se les debe (bajo ninguna circunstancia) “mandar al diablo”, tal y como López Obrador lo hizo en el 2006. Mucho menos al INE (antes IFE) porque, reconózcalo o no, es una institución confiable que, aun con sus deficiencias (que deben ser corregidas), ha contribuido en el desarrollo de la vida democrática de México.

Aunque es cierto la “democracia” que admitió que AMLO se perpetuara como candidato deja mucho que desear, existe “otra” democracia por la que López Obrador resultó perdedor en cuatro elecciones (dos locales y dos federales) y ganador en otras dos (eso es parte de la verdadera democracia).

Queda claro pues, que en términos de democracia electoral ha habido un gran avance; no obstante, todavía queda mucho que hacer por la democracia en su amplio sentido. Ya con el tiempo veremos si es cierto que Andrés Manuel López Obrador quiere un México democrático y fuerte.

En esta ocasión, concluyo citando lo dicho alguna vez por la médica, política y derechohumanista argentina Alicia Moreau de Justo: “La democracia es, así ha sido definida hace bastante tiempo, el gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo; es decir, que el pueblo no sea un instrumento para dar a otros las leyes que necesitan para hacer lo que quieran con el país”.





laecita.wordpress.com

laecita@gmail.com



Durante décadas, Andrés Manuel López Obrador ha cuestionado y criticado la democracia mexicana. Irónicamente, esa democracia lo ha llevado a cumplir su capricho de gobernar al pueblo. Primero, como jefe de Gobierno del -entonces- Distrito Federal y, próximamente -a mayor escala- como presidente de la república.

En relación a lo fustigante que al respecto ha sido López Obrador, en términos generales muchos coincidimos con él; es decir, en que es urgente y necesario fortalecer la democracia en México; sin embargo, es en los términos específicos donde radican las diferencias de opinión y, además, las incongruencias en los dichos de AMLO.

Para concordar o no con el pensamiento de López Obrador, hay que saber todo lo que la democracia implica. Es decir, que la democracia no sólo se refiere a los asuntos electorales.

Es precisamente ahí (en lo electoral) donde está la principal -e histórica- incongruencia lopezobradorista. O sea, en aferrarse a que la democracia electoral sólo existe si AMLO resulta ganador (de no ser así, se trataría de un fraude o un complot).

Por otra parte, pero en ese mismo sentido, es necesario entender que, en las democracias, el papel de instituciones es fundamental. Por eso no se les debe (bajo ninguna circunstancia) “mandar al diablo”, tal y como López Obrador lo hizo en el 2006. Mucho menos al INE (antes IFE) porque, reconózcalo o no, es una institución confiable que, aun con sus deficiencias (que deben ser corregidas), ha contribuido en el desarrollo de la vida democrática de México.

Aunque es cierto la “democracia” que admitió que AMLO se perpetuara como candidato deja mucho que desear, existe “otra” democracia por la que López Obrador resultó perdedor en cuatro elecciones (dos locales y dos federales) y ganador en otras dos (eso es parte de la verdadera democracia).

Queda claro pues, que en términos de democracia electoral ha habido un gran avance; no obstante, todavía queda mucho que hacer por la democracia en su amplio sentido. Ya con el tiempo veremos si es cierto que Andrés Manuel López Obrador quiere un México democrático y fuerte.

En esta ocasión, concluyo citando lo dicho alguna vez por la médica, política y derechohumanista argentina Alicia Moreau de Justo: “La democracia es, así ha sido definida hace bastante tiempo, el gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo; es decir, que el pueblo no sea un instrumento para dar a otros las leyes que necesitan para hacer lo que quieran con el país”.





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