/ jueves 4 de junio de 2020

Los dos Papas

Entre la realidad y la imaginación

En mi cajón de amigos cuento con uno que es sacerdote, padre, cura o presbítero, llámenle como quieran, el caso es que afortunadamente cuento con él para cuando se llega a ofrecer, que miren que no es frecuentemente, creo que la fecha más reciente en que necesité de su bondadosa labor fue cuando contraje nupcias hace ya casi dos décadas. Pues hace unos días platiqué vía telefónica con él y dentro de la charla le pregunté si ya había visto la película “Los dos papas” que tiene Netflix en su plataforma, me dijo que sí y que no fue de todo su agrado, ya que no le dan al Papa Benedicto la imagen que realmente tuvo en su pontificado. Los mariachis callaron y cambié radicalmente el tema.

La película que, aunque basada en muchos hechos reales, no deja de ser ficción, pudiéramos decir que es recomendada para quienes gustan del tema. El director brasileño Fernando Meirelles retrata en la cinta a dos personajes que tras los fuertes muros del Vaticano representan diferentes estilos de liderazgo en la Iglesia Católica de nuestros días: El Papa Benedicto XVI, interpretado por Anthony Hopkins y el actual Papa Francisco, interpretado por Jonathan Pryce, ambos actores nominados al Oscar en la pasada entrega. La calidad de los actores hace de la película su principal elemento, seguido de una fuerte imaginación, ya que de otra manera es difícil pensar que en la vida real los dos Papas se aventaron un tango en las puertas de la Santa Sede y bajo los ojos de la celosa Guardia Suiza.

En los andares de la película se deja entrever la preocupación de una Iglesia que requiere no perder el sentido de su razón en la sociedad moderna, una sociedad en donde parte de sus integrantes se aleja de la religión o busca otras opciones, los porqués, podemos imaginarlos ¿no?

Joseph Ratzinger en un acto por demás sorprendente, pero sobre todo de valentía y lejos, muy lejos de la aceptación que tuvo Juan Pablo II para con el pueblo, renuncia a su pontificado, no sin antes, en la parte crucial de la película, confesarse con quien después lo sucedería en la Santa Sede, quien en un diálogo de reciprocidad le comenta parte de su actuar en la dictadura de su natal Argentina.

Los dos Papas, pues, es una película soportada en un guión que entrelaza la realidad con la fantasía con su guardado contenido político, dejando en el aire la posibilidad de un nuevo humo blanco y otro habitante más en Castel Gandolfo. ¿Será? Para estos días que un virus asiático nos tiene forzosamente en casa es una buena recomendación, véanla y ustedes juzguen.

Entre la realidad y la imaginación

En mi cajón de amigos cuento con uno que es sacerdote, padre, cura o presbítero, llámenle como quieran, el caso es que afortunadamente cuento con él para cuando se llega a ofrecer, que miren que no es frecuentemente, creo que la fecha más reciente en que necesité de su bondadosa labor fue cuando contraje nupcias hace ya casi dos décadas. Pues hace unos días platiqué vía telefónica con él y dentro de la charla le pregunté si ya había visto la película “Los dos papas” que tiene Netflix en su plataforma, me dijo que sí y que no fue de todo su agrado, ya que no le dan al Papa Benedicto la imagen que realmente tuvo en su pontificado. Los mariachis callaron y cambié radicalmente el tema.

La película que, aunque basada en muchos hechos reales, no deja de ser ficción, pudiéramos decir que es recomendada para quienes gustan del tema. El director brasileño Fernando Meirelles retrata en la cinta a dos personajes que tras los fuertes muros del Vaticano representan diferentes estilos de liderazgo en la Iglesia Católica de nuestros días: El Papa Benedicto XVI, interpretado por Anthony Hopkins y el actual Papa Francisco, interpretado por Jonathan Pryce, ambos actores nominados al Oscar en la pasada entrega. La calidad de los actores hace de la película su principal elemento, seguido de una fuerte imaginación, ya que de otra manera es difícil pensar que en la vida real los dos Papas se aventaron un tango en las puertas de la Santa Sede y bajo los ojos de la celosa Guardia Suiza.

En los andares de la película se deja entrever la preocupación de una Iglesia que requiere no perder el sentido de su razón en la sociedad moderna, una sociedad en donde parte de sus integrantes se aleja de la religión o busca otras opciones, los porqués, podemos imaginarlos ¿no?

Joseph Ratzinger en un acto por demás sorprendente, pero sobre todo de valentía y lejos, muy lejos de la aceptación que tuvo Juan Pablo II para con el pueblo, renuncia a su pontificado, no sin antes, en la parte crucial de la película, confesarse con quien después lo sucedería en la Santa Sede, quien en un diálogo de reciprocidad le comenta parte de su actuar en la dictadura de su natal Argentina.

Los dos Papas, pues, es una película soportada en un guión que entrelaza la realidad con la fantasía con su guardado contenido político, dejando en el aire la posibilidad de un nuevo humo blanco y otro habitante más en Castel Gandolfo. ¿Será? Para estos días que un virus asiático nos tiene forzosamente en casa es una buena recomendación, véanla y ustedes juzguen.

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