/ sábado 14 de abril de 2018

Los nuevos ricos y el arte

Una de las debilidades de los políticos que se convierten en nuevos ricos es la adquisición de cuadros hechos por pintores de renombre. Les da por creer que comprar arte los hace finos, cultos y mejores humanos.

Tal vez, por estas razones, el exgobernador adquirió de manos de Juan Gabriel el lienzo donde está pintada María Félix por Diego Rivera. Hay gran polémica sobre esta pintura, polémica que me parece deliciosa, pues es un placer escuchar a la propia doña María, en los viejos videos de un noticiero nacional, diciendo que no le gustó cómo la pintó Diego, y que su marido se molestó porque estaba desnuda; luego cuenta, con desparpajo, que andando un albañil en su casa le pidió que le pusiera pintura blanca al lienzo para tapar sus senos.

Es estupendo encontrarse a una mujer que, sin miedo a las críticas de los expertos en arte, externa su verdad: nunca le gustó el estilo de Diego. Y es que comulgo en buena parte con María Félix, creo que Rivera pinta la necesidad de justicia social y ello lo convierte en el mayor ícono de la pintura mexicana, pero no en el mejor. Sin embargo, algunos nuevos ricos, como Elba Esther Gordillo, caen en la trampa, por eso ella compró, con el dinero de las cuotas sindicales, su colección de cuadros de Diego; no sé si porque le dijeron que era el mejor, por complacer su vulgar ego, o por una fina admiración artística.

Comprar un cuadro de un famoso no nos hace refinados en arte, para ello, como para todo, hay que ir a la escuela, y en el primer curso se aprende que el arte pertenece a todos los seres humanos, porque al mirarlo, recibimos, como exquisito regalo, lo que el otro siente de la vida.

La historia del cuadro de María Félix es digna de contarse porque después de que el albañil le tapó sus desnudeces, la señora lo vendió y años después vino a dar a las manos de Juan Gabriel; luego, con dinero de los impuestos chihuahuenses, Duarte se hizo de él; algunas lenguas dicen que a cambio del Helicóptero Noa Noa Exprés, más el mural que le mandó pintar al Divo con su famoso rostro en la pared de un edificio de la avenida Juárez, de Cd. Juárez.

Gentil lector, lo mejor de todo lo he dejado para el final: A la doña le gustaba el dinero, y en su vejez y en apuros económicos… dicen los que saben que el polémico cuadro es una copia: karma es karma.

Namasté.

www.silviagonzalez.com.mx

Una de las debilidades de los políticos que se convierten en nuevos ricos es la adquisición de cuadros hechos por pintores de renombre. Les da por creer que comprar arte los hace finos, cultos y mejores humanos.

Tal vez, por estas razones, el exgobernador adquirió de manos de Juan Gabriel el lienzo donde está pintada María Félix por Diego Rivera. Hay gran polémica sobre esta pintura, polémica que me parece deliciosa, pues es un placer escuchar a la propia doña María, en los viejos videos de un noticiero nacional, diciendo que no le gustó cómo la pintó Diego, y que su marido se molestó porque estaba desnuda; luego cuenta, con desparpajo, que andando un albañil en su casa le pidió que le pusiera pintura blanca al lienzo para tapar sus senos.

Es estupendo encontrarse a una mujer que, sin miedo a las críticas de los expertos en arte, externa su verdad: nunca le gustó el estilo de Diego. Y es que comulgo en buena parte con María Félix, creo que Rivera pinta la necesidad de justicia social y ello lo convierte en el mayor ícono de la pintura mexicana, pero no en el mejor. Sin embargo, algunos nuevos ricos, como Elba Esther Gordillo, caen en la trampa, por eso ella compró, con el dinero de las cuotas sindicales, su colección de cuadros de Diego; no sé si porque le dijeron que era el mejor, por complacer su vulgar ego, o por una fina admiración artística.

Comprar un cuadro de un famoso no nos hace refinados en arte, para ello, como para todo, hay que ir a la escuela, y en el primer curso se aprende que el arte pertenece a todos los seres humanos, porque al mirarlo, recibimos, como exquisito regalo, lo que el otro siente de la vida.

La historia del cuadro de María Félix es digna de contarse porque después de que el albañil le tapó sus desnudeces, la señora lo vendió y años después vino a dar a las manos de Juan Gabriel; luego, con dinero de los impuestos chihuahuenses, Duarte se hizo de él; algunas lenguas dicen que a cambio del Helicóptero Noa Noa Exprés, más el mural que le mandó pintar al Divo con su famoso rostro en la pared de un edificio de la avenida Juárez, de Cd. Juárez.

Gentil lector, lo mejor de todo lo he dejado para el final: A la doña le gustaba el dinero, y en su vejez y en apuros económicos… dicen los que saben que el polémico cuadro es una copia: karma es karma.

Namasté.

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