/ martes 8 de octubre de 2019

Los partidos políticos (I)

“Un neutro sabio no se une a ninguno de los dos partidos, pero usa a ambos para sus propios intereses”. William Penn


La presente reflexión tiene como propósito penetrar al núcleo de los partidos políticos mexicanos. No es nada fácil investigar los antecedentes, las causas, los métodos, los procesos internos para seleccionar candidatos, la supervisión y, desde luego la evaluación. El caudillaje que nos acompañó al nacer como nación independiente, nos acompañó por más de cien años. Anarquía, golpes de Estado, traiciones a la patria, dictaduras, represiones, bandidaje (hoy, crimen organizado), despojos, enfeteusis, fueron sólo algunos de los grandes males que padecimos gran parte del siglo XIX y los primeros decenios del XX. Planes y más planes para componer a nuestra patria, y todos terminaron en sangre y fuego, en miedo, incertidumbre y odio. No me explico cómo el dictador habla de cuarta transformación. Actúa como un verdadero caudillo, el nombre correcto debe ser: neocaudillismo.

Cuando nació el PNR, se fusionaron 158 partidos regionales, todos dirigidos (¿?) por militares e intelectuales, con el deseo vehemente de alcanzar el poder. Se requería un país gobernado por instituciones sólidas y respetables. Pero la lucha interna no cesaba y la sangre corría a raudales. Luego los gobiernos ofrecieron beneficiar a los más pobres (¿dónde he escuchado eso?), los obreros, los campesinos, los artesanos y los comerciantes pequeños. Pero como todo gobierno, temían dos cosas: un levantamiento popular y la exigencia de las reivindicaciones constitucionales. Para controlar a los trabajadores, nacieron las grandes centrales de obreras, campesinas y de clases medias populares. Nació también el Estatuto Jurídico, para mediatizar a la burocracia nacional. Los sindicatos se convirtieron en el dogal de los trabajadores, los líderes “charros” rendían cuentas de la paz, el orden y el trabajo de los miembros de los sindicatos.

Lógico, los gobiernos y el partido hegemónico los utilizaron para mantener los votos de la oligarquía del partido. Caudillos regionales, líderes, empresarios, eran quienes imponían a los candidatos. Cierto que surgieron pequeños partidos, como el P(de)AN, de sectores reaccionarios enchufados al clero y al gran capital.



“Un neutro sabio no se une a ninguno de los dos partidos, pero usa a ambos para sus propios intereses”. William Penn


La presente reflexión tiene como propósito penetrar al núcleo de los partidos políticos mexicanos. No es nada fácil investigar los antecedentes, las causas, los métodos, los procesos internos para seleccionar candidatos, la supervisión y, desde luego la evaluación. El caudillaje que nos acompañó al nacer como nación independiente, nos acompañó por más de cien años. Anarquía, golpes de Estado, traiciones a la patria, dictaduras, represiones, bandidaje (hoy, crimen organizado), despojos, enfeteusis, fueron sólo algunos de los grandes males que padecimos gran parte del siglo XIX y los primeros decenios del XX. Planes y más planes para componer a nuestra patria, y todos terminaron en sangre y fuego, en miedo, incertidumbre y odio. No me explico cómo el dictador habla de cuarta transformación. Actúa como un verdadero caudillo, el nombre correcto debe ser: neocaudillismo.

Cuando nació el PNR, se fusionaron 158 partidos regionales, todos dirigidos (¿?) por militares e intelectuales, con el deseo vehemente de alcanzar el poder. Se requería un país gobernado por instituciones sólidas y respetables. Pero la lucha interna no cesaba y la sangre corría a raudales. Luego los gobiernos ofrecieron beneficiar a los más pobres (¿dónde he escuchado eso?), los obreros, los campesinos, los artesanos y los comerciantes pequeños. Pero como todo gobierno, temían dos cosas: un levantamiento popular y la exigencia de las reivindicaciones constitucionales. Para controlar a los trabajadores, nacieron las grandes centrales de obreras, campesinas y de clases medias populares. Nació también el Estatuto Jurídico, para mediatizar a la burocracia nacional. Los sindicatos se convirtieron en el dogal de los trabajadores, los líderes “charros” rendían cuentas de la paz, el orden y el trabajo de los miembros de los sindicatos.

Lógico, los gobiernos y el partido hegemónico los utilizaron para mantener los votos de la oligarquía del partido. Caudillos regionales, líderes, empresarios, eran quienes imponían a los candidatos. Cierto que surgieron pequeños partidos, como el P(de)AN, de sectores reaccionarios enchufados al clero y al gran capital.



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