/ jueves 20 de enero de 2022

Mente ida

Me estaba preparando para salir a caminar, me vestí, saqué un par de calcetines, me puse la cachucha, pero de repente sólo tenía en la mano un calcetín y me acordaba perfectamente que cuando los saqué estaban los dos, así que busqué en los rincones donde posiblemente se hubiera caído, pero no lo encontré y tomé otro par pensando que al rato saldría. Me fui a limpiar una playa, duré tres horas en la travesía, cuando volví lo que me urgía era un baño y cuando me quité la cachucha saltó el calcetín perdido ¡Lo traje metido en la gorra todo ese tiempo!

En otra ocasión mientras hacía una llamada me pregunté ¿Dónde dejé el teléfono? ¡Tiene que estar por aquí! Y recorrí los lugares donde regularmente lo dejo, pero nada. El único lugar que se me pasó fue mi oído ¡Ahí estuvo los segundos que lo extrañé!

Mi nieta vino de visita y siempre procuro una actividad para que se le olvide el celular, así que le propuse hacer galletas con chispas de chocolate y le gustó la idea, saque los ingredientes y la receta, pero para empezar a leerla necesitaba mis lentes ¿Pero dónde los dejé? Y dije en voz alta: Julieta deja voy por mis lentes, a lo que respondió ¡Abuela los traes en la cabeza!

Me levanto para ir a hacer ejercicio, me visto y ya en el salón de yoga alguien me dice: Te pusiste la camiseta al revés.

Prendo la estufa para calentar agua y en ese momento me acuerdo de algo urgente que tengo que hacer, así que dejo el sartén hasta que se consume el agua y empieza a oler a quemado.

Antes de dar la clase de natación veo que le hace falta a la alberca un poco de agua, así que prendo la manguera y me voy a hacer otras cosas, cuando al rato de repente me asalta el recuerdo de esa llave que dejé prendida.

Sé que muchos se identificarán con estas situaciones o algo similar, y el pensamiento puede ser de alarma, pensar que una enfermedad se está gestando y que quizá sea el comienzo de perder la memoria, pero yo no me preocupo de eso, me preocupa más preocuparme, porque la obsesión de tener algo que todavía no se tiene puede atraerlo.

Oigo a algunas amigas decir que ya están viejas, que ya viene la época de enfermedades seniles y con esos pensamientos están sembrando lo que repiten y repiten para el futuro. La vejez empieza en la mente y la mente como es tan obediente va preparando lo que pedimos con la recurrencia de los pensamientos.

Tengo 62 años y no me siento vieja ni enferma, soy distraída y lo acepto, pero cuando me enfoco estoy al 100%. Además lo olvidadizo no es sólo característica de los mayores, hay jóvenes que andan en la luna.

¡Viejos los cerros! Estaremos los mayores con el cascarón madurito, pero dentro tenemos algo muy valioso: experiencia y sabiduría.

A repetirnos lo que si queremos para el futuro, no lo que no queremos, para la mente todo es una orden, aun cuando anteponemos la palabra no. Así que en vez de decir: No quiero que me de la enfermedad X, digo: Estoy saludable, quiero energía, salud. No desperdiciemos el poder de la mente.




Me estaba preparando para salir a caminar, me vestí, saqué un par de calcetines, me puse la cachucha, pero de repente sólo tenía en la mano un calcetín y me acordaba perfectamente que cuando los saqué estaban los dos, así que busqué en los rincones donde posiblemente se hubiera caído, pero no lo encontré y tomé otro par pensando que al rato saldría. Me fui a limpiar una playa, duré tres horas en la travesía, cuando volví lo que me urgía era un baño y cuando me quité la cachucha saltó el calcetín perdido ¡Lo traje metido en la gorra todo ese tiempo!

En otra ocasión mientras hacía una llamada me pregunté ¿Dónde dejé el teléfono? ¡Tiene que estar por aquí! Y recorrí los lugares donde regularmente lo dejo, pero nada. El único lugar que se me pasó fue mi oído ¡Ahí estuvo los segundos que lo extrañé!

Mi nieta vino de visita y siempre procuro una actividad para que se le olvide el celular, así que le propuse hacer galletas con chispas de chocolate y le gustó la idea, saque los ingredientes y la receta, pero para empezar a leerla necesitaba mis lentes ¿Pero dónde los dejé? Y dije en voz alta: Julieta deja voy por mis lentes, a lo que respondió ¡Abuela los traes en la cabeza!

Me levanto para ir a hacer ejercicio, me visto y ya en el salón de yoga alguien me dice: Te pusiste la camiseta al revés.

Prendo la estufa para calentar agua y en ese momento me acuerdo de algo urgente que tengo que hacer, así que dejo el sartén hasta que se consume el agua y empieza a oler a quemado.

Antes de dar la clase de natación veo que le hace falta a la alberca un poco de agua, así que prendo la manguera y me voy a hacer otras cosas, cuando al rato de repente me asalta el recuerdo de esa llave que dejé prendida.

Sé que muchos se identificarán con estas situaciones o algo similar, y el pensamiento puede ser de alarma, pensar que una enfermedad se está gestando y que quizá sea el comienzo de perder la memoria, pero yo no me preocupo de eso, me preocupa más preocuparme, porque la obsesión de tener algo que todavía no se tiene puede atraerlo.

Oigo a algunas amigas decir que ya están viejas, que ya viene la época de enfermedades seniles y con esos pensamientos están sembrando lo que repiten y repiten para el futuro. La vejez empieza en la mente y la mente como es tan obediente va preparando lo que pedimos con la recurrencia de los pensamientos.

Tengo 62 años y no me siento vieja ni enferma, soy distraída y lo acepto, pero cuando me enfoco estoy al 100%. Además lo olvidadizo no es sólo característica de los mayores, hay jóvenes que andan en la luna.

¡Viejos los cerros! Estaremos los mayores con el cascarón madurito, pero dentro tenemos algo muy valioso: experiencia y sabiduría.

A repetirnos lo que si queremos para el futuro, no lo que no queremos, para la mente todo es una orden, aun cuando anteponemos la palabra no. Así que en vez de decir: No quiero que me de la enfermedad X, digo: Estoy saludable, quiero energía, salud. No desperdiciemos el poder de la mente.