/ martes 22 de octubre de 2019

México, castillo de naipes

La semana que termina se convirtió en un epítome en la historia de México, donde comprobamos no sólo la miopía e incompetencia del gobierno federal, sino el clímax de una larga fila de errores políticos, económicos, educativos, sociales y de seguridad local y nacional, acumulados por décadas, donde los mexicanos, hayamos o no acudido a las urnas no podemos eludir nuestra responsabilidad.

En esta catarata de tragedias nacionales, todavía somos más responsables quienes en forma permanente u ocasional hayamos ocupado algún puesto público, donde so pretexto de la disciplina o la lealtad, no denunciamos los errores y deficiencias con oportunidad, gracias a frases repetidas desde la infancia y hasta el cansancio como "eso no es tu problema" y absurdos sustentados en una dizque democracia participativa, donde demagogos, populistas, incompetentes, corruptos y cínicos fueron paulatinamente apropiándose de los espacios del poder público.

Sería casi un milagro que AMLO reconozca, después de la balacera del jueves en Culiacán, donde detuvieron y soltaron a un hijo del Chapo y se escaparon de la cárcel varias decenas de criminales del cártel, que la seguridad pública del país no se resuelve acusando a los criminales con sus mamás y abuelitas, como tampoco reconocerá el daño que le ha hecho a la Suprema Corte de Justicia de la Nación al margen que Medina Mora tuviera o no millones de dólares mal habidos.

Tampoco reconocerá que nunca existieron los 500 mil millones de ahorros potenciales en el presupuesto federal una vez controlada la corrupción, que provocó esta semana que la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados reconociera que no hay suficientes ingresos federales para cubrir todos los compromisos, becas, pensiones y la operación de los gobiernos en 2020.

Mucho menos AMLO reconocerá que Morena no es una organización política articulada con una estructura y una organización mínimas, después de que tuvieron que posponer las asambleas para elegir a los nuevos consejeros nacionales, debido a los atropellos, violencia y la participación de votantes que no eran militantes del partido, reconociendo que no pueden confiar en su padrón.

Más el simulacro de inicio de las obras del aeropuerto de Santa Lucía, que no cuenta con un presupuesto y proyecto ejecutivo de ingeniería, ni con las autorizaciones internacionales para que las líneas aéreas extranjeras puedan utilizarlo, después de obligar a renunciar al magistrado del tribunal donde se concentraron los amparos para el fallo definitivo de los recursos de suspensión provisional que varios jueces federales habían otorgado previamente.

Si lo anterior no fuera poco, también esta semana vimos cómo el sempiterno secretario general del sindicato petrolero renunciaba a su puesto, dejando en su lugar a un leal socio para que organice la elección correspondiente, donde AMLO los exhortó para que se comporten democráticamente. Por último, agreguemos la derogación de las evaluaciones al magisterio y la entrega de plazas a la CNTE y entonces nuestro futuro como país quedó seriamente comprometido en el SXXI.

La semana que termina se convirtió en un epítome en la historia de México, donde comprobamos no sólo la miopía e incompetencia del gobierno federal, sino el clímax de una larga fila de errores políticos, económicos, educativos, sociales y de seguridad local y nacional, acumulados por décadas, donde los mexicanos, hayamos o no acudido a las urnas no podemos eludir nuestra responsabilidad.

En esta catarata de tragedias nacionales, todavía somos más responsables quienes en forma permanente u ocasional hayamos ocupado algún puesto público, donde so pretexto de la disciplina o la lealtad, no denunciamos los errores y deficiencias con oportunidad, gracias a frases repetidas desde la infancia y hasta el cansancio como "eso no es tu problema" y absurdos sustentados en una dizque democracia participativa, donde demagogos, populistas, incompetentes, corruptos y cínicos fueron paulatinamente apropiándose de los espacios del poder público.

Sería casi un milagro que AMLO reconozca, después de la balacera del jueves en Culiacán, donde detuvieron y soltaron a un hijo del Chapo y se escaparon de la cárcel varias decenas de criminales del cártel, que la seguridad pública del país no se resuelve acusando a los criminales con sus mamás y abuelitas, como tampoco reconocerá el daño que le ha hecho a la Suprema Corte de Justicia de la Nación al margen que Medina Mora tuviera o no millones de dólares mal habidos.

Tampoco reconocerá que nunca existieron los 500 mil millones de ahorros potenciales en el presupuesto federal una vez controlada la corrupción, que provocó esta semana que la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados reconociera que no hay suficientes ingresos federales para cubrir todos los compromisos, becas, pensiones y la operación de los gobiernos en 2020.

Mucho menos AMLO reconocerá que Morena no es una organización política articulada con una estructura y una organización mínimas, después de que tuvieron que posponer las asambleas para elegir a los nuevos consejeros nacionales, debido a los atropellos, violencia y la participación de votantes que no eran militantes del partido, reconociendo que no pueden confiar en su padrón.

Más el simulacro de inicio de las obras del aeropuerto de Santa Lucía, que no cuenta con un presupuesto y proyecto ejecutivo de ingeniería, ni con las autorizaciones internacionales para que las líneas aéreas extranjeras puedan utilizarlo, después de obligar a renunciar al magistrado del tribunal donde se concentraron los amparos para el fallo definitivo de los recursos de suspensión provisional que varios jueces federales habían otorgado previamente.

Si lo anterior no fuera poco, también esta semana vimos cómo el sempiterno secretario general del sindicato petrolero renunciaba a su puesto, dejando en su lugar a un leal socio para que organice la elección correspondiente, donde AMLO los exhortó para que se comporten democráticamente. Por último, agreguemos la derogación de las evaluaciones al magisterio y la entrega de plazas a la CNTE y entonces nuestro futuro como país quedó seriamente comprometido en el SXXI.

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