/ martes 30 de junio de 2020

Necesitamos una sociedad antifrágil

Si pensamos en algo frágil, en nuestras mentes significa, orden, cuidado, posibilidad de que le pase algo, se quiebre o sufra algún desperfecto. Frágil es todo lo que va en contra de aspectos estresantes, caos, desorden, incertidumbre.

Lo opuesto a lo frágil son cosas que se benefician de la crisis, prosperan y crecen al verse expuestas a la volatilidad, al azar, al desorden y a los estresores, y les encanta la aventura, el riesgo y la incertidumbre. A este fenómeno lo llamamos antifrágil.

Estamos en un momento donde debemos de crear un sistema con sociedad fuerte y gobierno limitado, un sistema de todos y para todos, un sistema que vigila y limite a sus políticos, un sistema tan bueno, que hasta lo pueda dirigir un inepto. Porque tarde o temprano alguno lo hará, nuevamente.

El término “antifragilidad” como algo más que robustez o resiliencia, como un sistema que se fortalece de la lucha permanente entre orden y caos. Son sistemas que no sólo aguantan crisis, sino que se fortalecen de ellas, que siempre están listas para un evento inesperado. Sistemas ágiles, con estresores constantes que los hacen estar alerta. Sistemas antifrágiles son los sistemas complejos como la naturaleza, los sistemas vivos, los ecosistemas, la especie humana. También los sistemas sociales descentralizados y distribuidos, los mercados libres, el internet.

Este concepto contrarresta con lo frágil, como los sistemas sociales protegidos artificialmente, la comodidad, los sistemas centralizados, la concentración de poder, los mercados monopólicos, las dictaduras, la uniformidad impuesta.

La sociedad se autoordena con reglas básicas, información e intención. Así también, los sistemas políticos se fortalecen con unas cuantas reglas que se ponen a prueba constantemente, mucha información, mucho respeto al proceso de autoordenamiento y mucha libertad de actuación. Un sistema que fortalece a la sociedad y limita al gobierno porque el poder de unos pocos siempre es peligroso. Un sistema que permita el ordenamiento de abajo hacia arriba.

El sistema se vuelve frágil cuando hay un deseo e intención de control, se promueve un exceso de reglas, se bloquea o distorsiona la información y se limita la libertad de actuación. Un sistema frágil es el que fortalece el poder del gobierno, el de una élite política o el de un dirigente que supuestamente lo sabe todo. Un sistema que pretende eliminar la competencia y la libertad de actuación de los individuos con temor, monopolios, favoritismo, burocratismo, centralización y jerarquía. Un sistema que intenta imponer un orden de arriba hacia abajo.

Nos hemos vuelto más frágiles como sociedad, como economía y como sistema político. La administración, los servicios y las finanzas públicas también se han vuelto más frágiles. La intención de cambio era buena, los resultados son negativos.

El próximo año nuestro país tiene la oportunidad de equilibrar el poder político. Esto sería un paso a la antifragilidad, de lo contrario seríamos un país más frágil.

La sociedad debe limitar el poder de los políticos con participación, vigilancia y valentía, creando un sistema antifrágil, donde nadie es dueño del país. Un sistema de exigencia permanente que nunca confíe en sus políticos. Un sistema de sociedad fuerte y gobierno limitado. Un sistema mucho más libre. Un sistema político a prueba de perversos e ineptos. No es un yerro cometer errores, sino no detectarlo y corregirlos con rapidez. El cambio positivo siempre es ciudadano y siempre consiste en limitar el poder de los políticos y en darle el poder a la sociedad. Eso nos hará una sociedad antifragilidad.


Si pensamos en algo frágil, en nuestras mentes significa, orden, cuidado, posibilidad de que le pase algo, se quiebre o sufra algún desperfecto. Frágil es todo lo que va en contra de aspectos estresantes, caos, desorden, incertidumbre.

Lo opuesto a lo frágil son cosas que se benefician de la crisis, prosperan y crecen al verse expuestas a la volatilidad, al azar, al desorden y a los estresores, y les encanta la aventura, el riesgo y la incertidumbre. A este fenómeno lo llamamos antifrágil.

Estamos en un momento donde debemos de crear un sistema con sociedad fuerte y gobierno limitado, un sistema de todos y para todos, un sistema que vigila y limite a sus políticos, un sistema tan bueno, que hasta lo pueda dirigir un inepto. Porque tarde o temprano alguno lo hará, nuevamente.

El término “antifragilidad” como algo más que robustez o resiliencia, como un sistema que se fortalece de la lucha permanente entre orden y caos. Son sistemas que no sólo aguantan crisis, sino que se fortalecen de ellas, que siempre están listas para un evento inesperado. Sistemas ágiles, con estresores constantes que los hacen estar alerta. Sistemas antifrágiles son los sistemas complejos como la naturaleza, los sistemas vivos, los ecosistemas, la especie humana. También los sistemas sociales descentralizados y distribuidos, los mercados libres, el internet.

Este concepto contrarresta con lo frágil, como los sistemas sociales protegidos artificialmente, la comodidad, los sistemas centralizados, la concentración de poder, los mercados monopólicos, las dictaduras, la uniformidad impuesta.

La sociedad se autoordena con reglas básicas, información e intención. Así también, los sistemas políticos se fortalecen con unas cuantas reglas que se ponen a prueba constantemente, mucha información, mucho respeto al proceso de autoordenamiento y mucha libertad de actuación. Un sistema que fortalece a la sociedad y limita al gobierno porque el poder de unos pocos siempre es peligroso. Un sistema que permita el ordenamiento de abajo hacia arriba.

El sistema se vuelve frágil cuando hay un deseo e intención de control, se promueve un exceso de reglas, se bloquea o distorsiona la información y se limita la libertad de actuación. Un sistema frágil es el que fortalece el poder del gobierno, el de una élite política o el de un dirigente que supuestamente lo sabe todo. Un sistema que pretende eliminar la competencia y la libertad de actuación de los individuos con temor, monopolios, favoritismo, burocratismo, centralización y jerarquía. Un sistema que intenta imponer un orden de arriba hacia abajo.

Nos hemos vuelto más frágiles como sociedad, como economía y como sistema político. La administración, los servicios y las finanzas públicas también se han vuelto más frágiles. La intención de cambio era buena, los resultados son negativos.

El próximo año nuestro país tiene la oportunidad de equilibrar el poder político. Esto sería un paso a la antifragilidad, de lo contrario seríamos un país más frágil.

La sociedad debe limitar el poder de los políticos con participación, vigilancia y valentía, creando un sistema antifrágil, donde nadie es dueño del país. Un sistema de exigencia permanente que nunca confíe en sus políticos. Un sistema de sociedad fuerte y gobierno limitado. Un sistema mucho más libre. Un sistema político a prueba de perversos e ineptos. No es un yerro cometer errores, sino no detectarlo y corregirlos con rapidez. El cambio positivo siempre es ciudadano y siempre consiste en limitar el poder de los políticos y en darle el poder a la sociedad. Eso nos hará una sociedad antifragilidad.


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