/ jueves 10 de junio de 2021

Paradoja de la tolerancia

Por Paulina Morales Fragoso

"La tolerancia ilimitada debe conducir a la desaparición de la tolerancia. Si extendemos la tolerancia ilimitada aun a aquellos que son intolerantes; si no nos hallamos preparados para defender una sociedad tolerante contra las tropelías de los intolerantes, el resultado será la destrucción de los tolerantes y, junto como ellos, de la tolerancia.

Con este planteamiento no queremos significar, por ejemplo, que siempre debamos impedir la expresión de concepciones filosóficas intolerantes; mientras podamos contrarrestarlas mediante argumentos racionales y mantenerlas en jaque ante la opinión pública, su prohibición sería, por cierto, poco prudente.

Pero debemos reclamar el derecho de prohibirlas, si es necesario por la fuerza, pues bien puede suceder que no estén destinadas a imponérsenos en el plano de los argumentos racionales, sino que, por el contrario, comiencen por acusar a todo razonamiento; así, pueden prohibir a sus adeptos, por ejemplo, que prestan oídos a los razonamientos racionales, acusándolos de engañosos, y que les enseñan a responder a los argumentos mediante el uso de los puños o las armas.

Deberemos reclamar entonces, en nombre de la tolerancia, el derecho a no tolerar a los intolerantes. Deberemos exigir que todo movimiento que predique la intolerancia quede al margen de la ley y que se considere criminal".

Este texto fue escrito por el filósofo Karl Popper en su obra “La sociedad abierta y sus enemigos” publicada en 1945.

En los últimos tiempos esta paradoja ha tomado relevancia. Sin embargo, muchas personas han tenido una apreciación errónea sobre lo que Popper quiso decir.

Algunas de estas ideas erróneas plantean que bajo el nombre de la tolerancia se deberían de prohibir los discursos que no se ajustan a un criterio político y social. También se habla de la corrección política, es decir, ciertos discursos se ponen al margen y deben ser suprimidos.

Karl Popper no habla de que se debe hacer una censura, ya que esto refleja lo que él llamaba una sociedad cerrada.

El libro fue escrito en la Segunda guerra mundial, por lo que Popper ataca al surgimiento de los movimientos políticos totalitarios, especificando en el nacional socialismo alemán y en el comunismo. Ambas políticas se ponen al margen no sólo del estado democrático, sino también de una sociedad tolerante.

Es muy necesario que la sociedad no tolere a esos grupos que pueden destruir el orden político.

Popper argumenta que una tolerancia totalmente ilimitada conllevaría a la destrucción de la sociedad tolerante, o como él la llama “sociedad abierta”.

Esto significa que la tolerancia debe tener límites. Sin embargo, agrega que no se puede utilizar este argumento para suprimir la libertad de expresión, sino sólo en casos extremos en que la libertad política y las instituciones de una sociedad tolerante se ponen en peligro.

Para prevenirlo, se requiere de instituciones que impidan que, en nombre de la tolerancia, los totalitarios lleguen al poder y destruyan la sociedad tolerante.

¿Hoy en día nos estamos volviendo intolerantes?

¿Esa intolerancia atenta contra nuestra sociedad o es oposición y resistencia a la intolerancia vivida?

Por Paulina Morales Fragoso

"La tolerancia ilimitada debe conducir a la desaparición de la tolerancia. Si extendemos la tolerancia ilimitada aun a aquellos que son intolerantes; si no nos hallamos preparados para defender una sociedad tolerante contra las tropelías de los intolerantes, el resultado será la destrucción de los tolerantes y, junto como ellos, de la tolerancia.

Con este planteamiento no queremos significar, por ejemplo, que siempre debamos impedir la expresión de concepciones filosóficas intolerantes; mientras podamos contrarrestarlas mediante argumentos racionales y mantenerlas en jaque ante la opinión pública, su prohibición sería, por cierto, poco prudente.

Pero debemos reclamar el derecho de prohibirlas, si es necesario por la fuerza, pues bien puede suceder que no estén destinadas a imponérsenos en el plano de los argumentos racionales, sino que, por el contrario, comiencen por acusar a todo razonamiento; así, pueden prohibir a sus adeptos, por ejemplo, que prestan oídos a los razonamientos racionales, acusándolos de engañosos, y que les enseñan a responder a los argumentos mediante el uso de los puños o las armas.

Deberemos reclamar entonces, en nombre de la tolerancia, el derecho a no tolerar a los intolerantes. Deberemos exigir que todo movimiento que predique la intolerancia quede al margen de la ley y que se considere criminal".

Este texto fue escrito por el filósofo Karl Popper en su obra “La sociedad abierta y sus enemigos” publicada en 1945.

En los últimos tiempos esta paradoja ha tomado relevancia. Sin embargo, muchas personas han tenido una apreciación errónea sobre lo que Popper quiso decir.

Algunas de estas ideas erróneas plantean que bajo el nombre de la tolerancia se deberían de prohibir los discursos que no se ajustan a un criterio político y social. También se habla de la corrección política, es decir, ciertos discursos se ponen al margen y deben ser suprimidos.

Karl Popper no habla de que se debe hacer una censura, ya que esto refleja lo que él llamaba una sociedad cerrada.

El libro fue escrito en la Segunda guerra mundial, por lo que Popper ataca al surgimiento de los movimientos políticos totalitarios, especificando en el nacional socialismo alemán y en el comunismo. Ambas políticas se ponen al margen no sólo del estado democrático, sino también de una sociedad tolerante.

Es muy necesario que la sociedad no tolere a esos grupos que pueden destruir el orden político.

Popper argumenta que una tolerancia totalmente ilimitada conllevaría a la destrucción de la sociedad tolerante, o como él la llama “sociedad abierta”.

Esto significa que la tolerancia debe tener límites. Sin embargo, agrega que no se puede utilizar este argumento para suprimir la libertad de expresión, sino sólo en casos extremos en que la libertad política y las instituciones de una sociedad tolerante se ponen en peligro.

Para prevenirlo, se requiere de instituciones que impidan que, en nombre de la tolerancia, los totalitarios lleguen al poder y destruyan la sociedad tolerante.

¿Hoy en día nos estamos volviendo intolerantes?

¿Esa intolerancia atenta contra nuestra sociedad o es oposición y resistencia a la intolerancia vivida?

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