/ jueves 24 de septiembre de 2020

Piensa antes de votar

Ningún modelo económico o social puede crearse para siempre, según lo pretende Andrés Manuel López Obrador (AMLO), a riesgo de quedar obsoleto. Ni las estructuras del pasado fueron perfectas, ni lo son las que la Cuarta Transformación pretende establecer permanentemente. Por eso es tan determinante que lo que hagamos a favor de nuestro sistema representativo vaya afectar a las generaciones futuras de manera positiva o negativa. Porque ninguna ideología nunca podrá ser capaz de establecer la igualdad por la fuerza, a riesgo de ser injusta para la mayoría ante la ley.

Porque las injusticias en contra de las que ha votado la gente a favor de AMLO no han tenido por origen una falta de gobierno arbitrario, que no favorece a unos grupos sobre otros, sino a un gobierno como el actual, precisamente, busca lo contrario: hinchar las facultades y el tamaño del estado con el fin de favorecer a unos grupos sobre otros, siempre que sean aliados sociales del régimen. Al inicio, muchos esperaban que el presidente AMLO tuviera una actitud responsable por las instituciones que vigilan el bienestar y la libertad de los diferentes ciudadanos del país.

Tampoco se esperaba que, en estos casi dos años de su presidencia, AMLO continuara con las políticas o los puntos de vista de sus antecesores, pero al menos, sí que tuviera algún interés por tomar su trabajo en serio y cierta reverencia por la democracia y las instituciones, haciendo causa común por el bien del país, en vez de usar el enorme poder de su puesto para beneficiar a sus amigos y como un espectáculo más para llamar la atención que tanto necesita. AMLO no ha crecido en la Presidencia, porque no puede, y las consecuencias pueden ser tan catastróficas como la pandemia.

Decenas de mexicanos muertos por causa del Covid-19 y por homicidios dolosos, millones de empleos perdidos, y los favorecidos apoyados por el partido de Morena están ganando más que nunca. Nuestros peores temores, recelos y odios han sido liberados con la política oficial, la reputación de México ha sufrido merma ante el mundo y, como nunca antes, nuestras instituciones democráticas están amenazadas. En este ambiente de polarización, muchos no están seguros de si van a votar o por quién van a votar, porque no se ve un mejor camino que el que ahora tenemos.

Tampoco se tiene a la vista a alguien que proponga un plan alternativo, que inspire confianza, que sea perseverante y que tenga la empatía de tratar a cada persona o grupo social con respeto y dignidad, y que, al mismo tiempo, tenga la integridad de vivir con los principios que le enseñaron, pero que acepte reconocer los errores que cometa. En vista de los resultados sociales y económicos que el gobierno ha tenido, tal vez, esta clase de honestidad sea lo que nuestro país más necesite en las próximas elecciones.

agusperezr@hotmail.com


Ningún modelo económico o social puede crearse para siempre, según lo pretende Andrés Manuel López Obrador (AMLO), a riesgo de quedar obsoleto. Ni las estructuras del pasado fueron perfectas, ni lo son las que la Cuarta Transformación pretende establecer permanentemente. Por eso es tan determinante que lo que hagamos a favor de nuestro sistema representativo vaya afectar a las generaciones futuras de manera positiva o negativa. Porque ninguna ideología nunca podrá ser capaz de establecer la igualdad por la fuerza, a riesgo de ser injusta para la mayoría ante la ley.

Porque las injusticias en contra de las que ha votado la gente a favor de AMLO no han tenido por origen una falta de gobierno arbitrario, que no favorece a unos grupos sobre otros, sino a un gobierno como el actual, precisamente, busca lo contrario: hinchar las facultades y el tamaño del estado con el fin de favorecer a unos grupos sobre otros, siempre que sean aliados sociales del régimen. Al inicio, muchos esperaban que el presidente AMLO tuviera una actitud responsable por las instituciones que vigilan el bienestar y la libertad de los diferentes ciudadanos del país.

Tampoco se esperaba que, en estos casi dos años de su presidencia, AMLO continuara con las políticas o los puntos de vista de sus antecesores, pero al menos, sí que tuviera algún interés por tomar su trabajo en serio y cierta reverencia por la democracia y las instituciones, haciendo causa común por el bien del país, en vez de usar el enorme poder de su puesto para beneficiar a sus amigos y como un espectáculo más para llamar la atención que tanto necesita. AMLO no ha crecido en la Presidencia, porque no puede, y las consecuencias pueden ser tan catastróficas como la pandemia.

Decenas de mexicanos muertos por causa del Covid-19 y por homicidios dolosos, millones de empleos perdidos, y los favorecidos apoyados por el partido de Morena están ganando más que nunca. Nuestros peores temores, recelos y odios han sido liberados con la política oficial, la reputación de México ha sufrido merma ante el mundo y, como nunca antes, nuestras instituciones democráticas están amenazadas. En este ambiente de polarización, muchos no están seguros de si van a votar o por quién van a votar, porque no se ve un mejor camino que el que ahora tenemos.

Tampoco se tiene a la vista a alguien que proponga un plan alternativo, que inspire confianza, que sea perseverante y que tenga la empatía de tratar a cada persona o grupo social con respeto y dignidad, y que, al mismo tiempo, tenga la integridad de vivir con los principios que le enseñaron, pero que acepte reconocer los errores que cometa. En vista de los resultados sociales y económicos que el gobierno ha tenido, tal vez, esta clase de honestidad sea lo que nuestro país más necesite en las próximas elecciones.

agusperezr@hotmail.com


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