/ sábado 2 de febrero de 2019

Pregonando la igualdad y criando dictadores

Treinta y cinco frescos años tiene Guaidó, el autoproclamado presidente en Venezuela; se enchina la piel al mirar la enjundia, la alegría, la seguridad, el sin miedo con el que reunió a miles de venezolanos inconformes con el dictador Maduro. ¿Cuándo acabará América Latina con sus dictadores? Cuántos civiles tienen que morir de un bando y otro para satisfacer la ambición y la ceguera de estos hombres, ahora apertrechados en el caduco, malinterpretado y viejo régimen socialista, que por cierto especifica que el pueblo debe gobernar, no un dictador. ¿Qué tiene el comunismo que pregonando la igualdad vuelve dictadores a sus gobernantes?

¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Qué experiencias vivieron mis ancestros? ¿Qué tanto puedo hacer en este pequeño espacio que me ha dado la eternidad y la ciudadanía? Debiera preguntarse todo aquel que gobierna, pero ah, somos ególatras, y la egolatría y el poder destrozan países y vidas, una y otra vez, en la rueda constante de la existencia. Y dicen por ahí que la vida nos da la misma lección hasta que aprendemos, y en esas estamos en América Latina, aprendiendo a gobernar.

Somos descendientes de los españoles y de los nativos de estas tierras, dos imperios maravillosos que de forma muy parecida descuartizaban a sus propios hermanos por el trono. En el siglo XV, Enrique e Isabel (la reina que le dio dinero a Colón para las tres carabelas), eran hermanos de padre en España y provocaron unas sanguinarias guerras civiles por el reino; mientras aquí, por los mismos años, el emperador Tezozómoc asesina al padre de Nezahualcóyotl, luego Maxtla (hermano de Tezozómoc) lo asesina a él para quitarle el trono. Cuando Nezahualcóyotl crece se venga de la muerte de su padre asesinando a Maxtla, ¿la serie Guerra de Tronos? No: la vida de los emperadores aztecas. Luego Nezahualcóyotl hace alianza con Tenochtitlan y otros reinos, y así comienza el florecimiento del Imperio Azteca del que hoy quedan sólo ruinas. Y de ahí venimos, de traiciones, ambiciones y presunciones de inmortalidad en nuestra sangre indígena-española.

Amable lector, lectora, la unión hace la fuerza, lo vemos en las fotografías del pueblo venezolano, Maduro va a caer, quién sabe después de cuántos sacrificios humanos, pero va a caer. Y qué buena suerte para nosotros los mexicanos, incluyendo nuestro actual presidente, que nos toca vivir esta experiencia de lejitos, sin el terror de salir a las calles para protestar y ser acribillado, sin arriesgar a nuestros hijos. Lo que suceda es una lección actual para México, ya que no hemos aprendido de las antiguas. Que Dios proteja a Guaidó y a nuestro país de los dictadores.


www.silviagonzalez.com.mx

Treinta y cinco frescos años tiene Guaidó, el autoproclamado presidente en Venezuela; se enchina la piel al mirar la enjundia, la alegría, la seguridad, el sin miedo con el que reunió a miles de venezolanos inconformes con el dictador Maduro. ¿Cuándo acabará América Latina con sus dictadores? Cuántos civiles tienen que morir de un bando y otro para satisfacer la ambición y la ceguera de estos hombres, ahora apertrechados en el caduco, malinterpretado y viejo régimen socialista, que por cierto especifica que el pueblo debe gobernar, no un dictador. ¿Qué tiene el comunismo que pregonando la igualdad vuelve dictadores a sus gobernantes?

¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Qué experiencias vivieron mis ancestros? ¿Qué tanto puedo hacer en este pequeño espacio que me ha dado la eternidad y la ciudadanía? Debiera preguntarse todo aquel que gobierna, pero ah, somos ególatras, y la egolatría y el poder destrozan países y vidas, una y otra vez, en la rueda constante de la existencia. Y dicen por ahí que la vida nos da la misma lección hasta que aprendemos, y en esas estamos en América Latina, aprendiendo a gobernar.

Somos descendientes de los españoles y de los nativos de estas tierras, dos imperios maravillosos que de forma muy parecida descuartizaban a sus propios hermanos por el trono. En el siglo XV, Enrique e Isabel (la reina que le dio dinero a Colón para las tres carabelas), eran hermanos de padre en España y provocaron unas sanguinarias guerras civiles por el reino; mientras aquí, por los mismos años, el emperador Tezozómoc asesina al padre de Nezahualcóyotl, luego Maxtla (hermano de Tezozómoc) lo asesina a él para quitarle el trono. Cuando Nezahualcóyotl crece se venga de la muerte de su padre asesinando a Maxtla, ¿la serie Guerra de Tronos? No: la vida de los emperadores aztecas. Luego Nezahualcóyotl hace alianza con Tenochtitlan y otros reinos, y así comienza el florecimiento del Imperio Azteca del que hoy quedan sólo ruinas. Y de ahí venimos, de traiciones, ambiciones y presunciones de inmortalidad en nuestra sangre indígena-española.

Amable lector, lectora, la unión hace la fuerza, lo vemos en las fotografías del pueblo venezolano, Maduro va a caer, quién sabe después de cuántos sacrificios humanos, pero va a caer. Y qué buena suerte para nosotros los mexicanos, incluyendo nuestro actual presidente, que nos toca vivir esta experiencia de lejitos, sin el terror de salir a las calles para protestar y ser acribillado, sin arriesgar a nuestros hijos. Lo que suceda es una lección actual para México, ya que no hemos aprendido de las antiguas. Que Dios proteja a Guaidó y a nuestro país de los dictadores.


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