/ miércoles 3 de junio de 2020

PROVEEDORA

La naturaleza siempre está haciendo ajustes, cuando el equilibrio se pierde, lo busca de nuevo. El ser humano también es parte de la naturaleza y sin duda requiere de ajustes, pero muchos de los cambios en la humanidad se dan porque no queda de otra, porque aunque se quiera seguir con lo mismo, ya no hay opción. El medio físico, mental y espiritual grita ¡Esto ya no puede seguir así! Mas, sin embargo, seguimos con las mismas acciones como si el destino inevitable de las comunidades siempre fuera llegar al precipicio. Pongamos de ejemplo un poblado después de un guerra, la falta de infinidad de cosas, hasta de lo más indispensable como agua y alimento, y después de momentos realmente difíciles, el resurgimiento, con un cambio de conciencia que hace apreciar lo que antes no consideraban elemental. Para cambiar, el sufrimiento parece ser lo único que moldea nuevas formas de vida.

Pero cuando estamos todavía en una comodidad donde no se ha perdido lo básico, tendemos a volver a lo mismo después de la crisis ¡Se nos tambaleó un poco el estilo de vida, pero pronto volveremos a lo mismo! Las costumbres nos jalan a eso que nos daba bienestar, placer, comodidad. Nos resistimos a perder ciertos privilegios, gustos y comodidades que nos tienen arraigados en costumbres que ya son obsoletas, destructivas y peligrosas.

¿Dónde están las capacidades intelectuales de los seres humanos? ¿Acaso las eras de tanta comodidad han dañado los procesos de percepción, memoria, imaginación, creatividad, sentido común, responsabilidad etc.?

La pandemia no es casualidad, es un llamado y aunque haya tantas opiniones del porqué de este virus, de su procedencia, de su peligrosidad etc., el caso es que paró al mundo ¡Tenía que haber algo que frenara la inconciencia de la humanidad! Y en esto resultó.

¿Qué tanto nos ha hecho reflexionar esta situación? ¿Qué estamos dispuestos a sacrificar cuando podamos volver a convivir? ¿Vamos a arriesgar a que nos lleguen peores situaciones? ¿O queremos que el mundo se regenere para que la vida siga sanamente?

Ya somos muchos los que habitamos el planeta, hay que hacer una reflexión en la sobrepoblación, siempre defendiendo la vida, pero cuidando todas esas situaciones donde se desparrama la concepción irresponsable y neurótica. Somos el laboratorio en potencia para traer vida al mundo ¡Cómo lo estamos manejando! ¿Acaso ya nos convencieron que la solución es el desecho de lo que ya empezó a latir? ¿Por qué no ir a la prevención de generar vida en vez de descartar la que ya se gestó?

Si tu “cosa” es el sexo meramente por placer, haz hasta lo imposible por no concebir. Traer un ser humano a este mundo no es asunto ligero, es, según mi percepción la responsabilidad más grande del ser humano.

También urge hacer una reflexión en los sin sentidos de los valores terrenos: el oro tiene un valor enorme, mientras el agua que es indispensable para la vida no se valora. La salud se menciona en todos los países como prioridad, ¿pero dónde ha quedado el bienestar de la verdad? La medicina alópata se enfoca en quitar síntomas, sin ir directamente al inminente origen emocional de cada mal, desperdiciando la autocuración de un organismo que se puede restablecer cuando se consideran todos los elementos que forman y conforman a una persona: cuerpo, mente y espíritu.

Religiones han llegado a formar comunidades tan egocéntricas que realmente creen que la verdad absoluta sólo su credo la tiene. Aclamar a Dios mientras se segrega, se juzga y se asesina es la contradicción más absurda del planeta.

Dentro de esta pertenencia a la naturaleza: la proveedora de vida y salud, nosotros los “pensantes” los poderosos, los racionales, tenemos “la aportación más pesada” a lo que sucede en el planeta ¿De qué lado estamos, del de la vida, amor y salud? ¿Esa capacidad de pensar hacia dónde la estamos dirigiendo?

Vigilante: La pandemia pide un cambio de fondo, desde el individuo, hasta las más grandes congregaciones.

La naturaleza siempre está haciendo ajustes, cuando el equilibrio se pierde, lo busca de nuevo. El ser humano también es parte de la naturaleza y sin duda requiere de ajustes, pero muchos de los cambios en la humanidad se dan porque no queda de otra, porque aunque se quiera seguir con lo mismo, ya no hay opción. El medio físico, mental y espiritual grita ¡Esto ya no puede seguir así! Mas, sin embargo, seguimos con las mismas acciones como si el destino inevitable de las comunidades siempre fuera llegar al precipicio. Pongamos de ejemplo un poblado después de un guerra, la falta de infinidad de cosas, hasta de lo más indispensable como agua y alimento, y después de momentos realmente difíciles, el resurgimiento, con un cambio de conciencia que hace apreciar lo que antes no consideraban elemental. Para cambiar, el sufrimiento parece ser lo único que moldea nuevas formas de vida.

Pero cuando estamos todavía en una comodidad donde no se ha perdido lo básico, tendemos a volver a lo mismo después de la crisis ¡Se nos tambaleó un poco el estilo de vida, pero pronto volveremos a lo mismo! Las costumbres nos jalan a eso que nos daba bienestar, placer, comodidad. Nos resistimos a perder ciertos privilegios, gustos y comodidades que nos tienen arraigados en costumbres que ya son obsoletas, destructivas y peligrosas.

¿Dónde están las capacidades intelectuales de los seres humanos? ¿Acaso las eras de tanta comodidad han dañado los procesos de percepción, memoria, imaginación, creatividad, sentido común, responsabilidad etc.?

La pandemia no es casualidad, es un llamado y aunque haya tantas opiniones del porqué de este virus, de su procedencia, de su peligrosidad etc., el caso es que paró al mundo ¡Tenía que haber algo que frenara la inconciencia de la humanidad! Y en esto resultó.

¿Qué tanto nos ha hecho reflexionar esta situación? ¿Qué estamos dispuestos a sacrificar cuando podamos volver a convivir? ¿Vamos a arriesgar a que nos lleguen peores situaciones? ¿O queremos que el mundo se regenere para que la vida siga sanamente?

Ya somos muchos los que habitamos el planeta, hay que hacer una reflexión en la sobrepoblación, siempre defendiendo la vida, pero cuidando todas esas situaciones donde se desparrama la concepción irresponsable y neurótica. Somos el laboratorio en potencia para traer vida al mundo ¡Cómo lo estamos manejando! ¿Acaso ya nos convencieron que la solución es el desecho de lo que ya empezó a latir? ¿Por qué no ir a la prevención de generar vida en vez de descartar la que ya se gestó?

Si tu “cosa” es el sexo meramente por placer, haz hasta lo imposible por no concebir. Traer un ser humano a este mundo no es asunto ligero, es, según mi percepción la responsabilidad más grande del ser humano.

También urge hacer una reflexión en los sin sentidos de los valores terrenos: el oro tiene un valor enorme, mientras el agua que es indispensable para la vida no se valora. La salud se menciona en todos los países como prioridad, ¿pero dónde ha quedado el bienestar de la verdad? La medicina alópata se enfoca en quitar síntomas, sin ir directamente al inminente origen emocional de cada mal, desperdiciando la autocuración de un organismo que se puede restablecer cuando se consideran todos los elementos que forman y conforman a una persona: cuerpo, mente y espíritu.

Religiones han llegado a formar comunidades tan egocéntricas que realmente creen que la verdad absoluta sólo su credo la tiene. Aclamar a Dios mientras se segrega, se juzga y se asesina es la contradicción más absurda del planeta.

Dentro de esta pertenencia a la naturaleza: la proveedora de vida y salud, nosotros los “pensantes” los poderosos, los racionales, tenemos “la aportación más pesada” a lo que sucede en el planeta ¿De qué lado estamos, del de la vida, amor y salud? ¿Esa capacidad de pensar hacia dónde la estamos dirigiendo?

Vigilante: La pandemia pide un cambio de fondo, desde el individuo, hasta las más grandes congregaciones.

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