/ jueves 20 de agosto de 2020

¿Qué nos enseñó el Covid-19? 

Para unos analistas el Covid-19 es la prueba de las ventajas de un Estado que sea rector de la economía, facultado para inyectar recursos adicionales a las finanzas de un país en momentos de emergencia global. Para otros, demuestra los amplios recursos que puede usar un gobierno liberal, cuidadoso de su presupuesto y respetuoso de los espacios económicos reservados a particulares. Ambas ideas parecen divorciadas a simple vista, pero sus variables poseen una reciprocidad profunda. Primeramente, un Estado no será fuerte si no aprovecha la riqueza de su sociedad.

Esa riqueza, en modo alguno, puede ser explotada indiscriminadamente por un Estado que no respete la iniciativa privada y civil. Un gobierno respetuoso de las diferencias y de la igualdad de toda persona frente a la Ley, a la larga, tendrá más recursos de que echar mano en épocas de crisis. En segundo lugar, un gobierno endeudado por programas sociales y monopolios económicos poco eficientes tendrá poco margen para recurrir a tener más gastos que ingresos (déficit) en tiempos difíciles, toda vez que los recursos tendrán como fuente principal los impuestos que la gente paga.

Dicho con otras palabras, un Estado fuerte tiene como fundamento una sociedad fuerte. La riqueza de un Estado rico tiene su sustento en la riqueza de su sociedad. No puede existir una relación en una sola dirección. Y esa relación crece y se fortalece con base en la confianza adquirida. Quien pretenda que un gobierno posea riqueza sin respetar a la sociedad, tendrá al cinismo como doctrina económica, legal o social, y sus resultados serán, sin duda, mediocres, enganchados a un creciente proceso de deterioro, tal y como lo vemos en el gobierno de la Cuarta Transformación (4T).

Desear lo anterior es llevar a la administración pública a un callejón sin salida, pensando que la riqueza nunca se terminará y que el pobre nunca dejará de serlo. ¿Cómo se pretende ignorar, ilusoriamente, que algún día los recursos no serán suficientes y que, cada vez, habrá más pobres que dejarán de pagar sus impuestos? Y los pobres serán los primeros en sufrir las consecuencias negativas, sólo porque un presidente encontró respuestas fáciles en una doctrina que le permite despreciar la experiencia de otras personas y ser ciego a sus propios errores potenciales.

Concluiremos que un Estado fuerte es aquel que actúa en aquello en lo que aporta resultados positivos mejor que cualquier otra entidad, a la par que permite actuar libremente, dentro del marco de la Ley, a aquellos actores económicos y sociales no gubernamentales que no dependen de una legislación monopólica o de una relación especial con el Presidente de México para poder sobrevivir. Esto nos ha enseñado el Covid-19. agusperezr@hotmail.com

Para unos analistas el Covid-19 es la prueba de las ventajas de un Estado que sea rector de la economía, facultado para inyectar recursos adicionales a las finanzas de un país en momentos de emergencia global. Para otros, demuestra los amplios recursos que puede usar un gobierno liberal, cuidadoso de su presupuesto y respetuoso de los espacios económicos reservados a particulares. Ambas ideas parecen divorciadas a simple vista, pero sus variables poseen una reciprocidad profunda. Primeramente, un Estado no será fuerte si no aprovecha la riqueza de su sociedad.

Esa riqueza, en modo alguno, puede ser explotada indiscriminadamente por un Estado que no respete la iniciativa privada y civil. Un gobierno respetuoso de las diferencias y de la igualdad de toda persona frente a la Ley, a la larga, tendrá más recursos de que echar mano en épocas de crisis. En segundo lugar, un gobierno endeudado por programas sociales y monopolios económicos poco eficientes tendrá poco margen para recurrir a tener más gastos que ingresos (déficit) en tiempos difíciles, toda vez que los recursos tendrán como fuente principal los impuestos que la gente paga.

Dicho con otras palabras, un Estado fuerte tiene como fundamento una sociedad fuerte. La riqueza de un Estado rico tiene su sustento en la riqueza de su sociedad. No puede existir una relación en una sola dirección. Y esa relación crece y se fortalece con base en la confianza adquirida. Quien pretenda que un gobierno posea riqueza sin respetar a la sociedad, tendrá al cinismo como doctrina económica, legal o social, y sus resultados serán, sin duda, mediocres, enganchados a un creciente proceso de deterioro, tal y como lo vemos en el gobierno de la Cuarta Transformación (4T).

Desear lo anterior es llevar a la administración pública a un callejón sin salida, pensando que la riqueza nunca se terminará y que el pobre nunca dejará de serlo. ¿Cómo se pretende ignorar, ilusoriamente, que algún día los recursos no serán suficientes y que, cada vez, habrá más pobres que dejarán de pagar sus impuestos? Y los pobres serán los primeros en sufrir las consecuencias negativas, sólo porque un presidente encontró respuestas fáciles en una doctrina que le permite despreciar la experiencia de otras personas y ser ciego a sus propios errores potenciales.

Concluiremos que un Estado fuerte es aquel que actúa en aquello en lo que aporta resultados positivos mejor que cualquier otra entidad, a la par que permite actuar libremente, dentro del marco de la Ley, a aquellos actores económicos y sociales no gubernamentales que no dependen de una legislación monopólica o de una relación especial con el Presidente de México para poder sobrevivir. Esto nos ha enseñado el Covid-19. agusperezr@hotmail.com

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