/ miércoles 1 de julio de 2020

Redes: arma de doble filo

He dicho en varias ocasiones, a través de artículos, en debates o conferencias, que las redes sociales son una de las herramientas más poderosas que tiene a su alcance el ser humano, pero también sostengo que ha llegado el momento de ponerle un freno a ese descabezado monstruo de mil tentáculos.

El tema no es algo nuevo ni remotamente. Pero se trata de un asunto que se asoma con frecuencia a nuestros teclados, sobre todo cuando se observan prácticas que pueden poner en riesgo la salud, física o mental de las personas, en especial de los jóvenes adolescentes.

Coincido en que la modernidad debe ser una parte inherente al ser humano; los avances de la ciencia justifican la creación de nuevas formas porque los conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento -motor fundamental de todo espectro científico-, deben fincar el pilar de la tecnología.

Pero también defiendo el principio de que la ciencia y la tecnología deben ser las herramientas que use el hombre para su beneficio, no que el hombre sea usado por la ciencia y la tecnología. No me asusta que hoy por hoy, las redes sociales sean una parte importante en la vida de todos nosotros, porque este medio define muchísimas cosas, incluso aporta sustantivamente caminos en el comportamiento político y democrático de las sociedades.

Estas redes sociales generan opinión, moldean rumbos, cambian percepciones, pero también atrapan y hasta secuestran la voluntad de miles de seres humanos, particularmente niños y jóvenes, porque detrás de cada teclado invariablemente existen manipuladores que han hecho de su participación en las redes, una profesión ilimitada.

Si nos remontamos cuatro décadas atrás, ya en 1976 dos estudiosos de los medios, Thomas E. Patterson y Robert D. McClure, a través de su teoría “El ojo ciego”, sostenían que los seres humanos, al proyectar sus preferencias, ven en los mensajes lo que quieren ver. “Hay un ojo que lo mismo acepta lo que le conviene que rechaza lo que le afecta”.

En 1972, durante la elección presidencial Nixon vs Govern, Patterson y McClure entrevistaron a 2 mil 707 personas para saber si los anuncios televisivos influyeron en su intención de voto; sólo el 16 por ciento aceptó haber sido influido por la publicidad política, es decir, el resto, el 84 por ciento, ni siquiera fue “movido” por los medios.

¿Alguna coincidencia en la época actual? Muchas, con una diferencia: hoy existen las redes sociales y hasta donde la mercadotecnia política lo acepta, las elecciones presidenciales en las que obtuvo el triunfo Obama fueron manejadas exitosamente en un altísimo porcentaje por las redes sociales.

Estoy totalmente convencido de que se trata de una herramienta fundamental en los procesos electorales, en los movimientos sociales, en campañas altruistas, en mercadotecnia y hasta en la definición del rumbo de un país entero. Las redes sociales tienen que operar, porque no se puede entender la modernidad sin este elemento que ya es parte del ser humano. No quiero entrar en los terrenos sicopedagógicos de las consecuencias del abuso de las tecnologías, pero sí en las cosas comunes que observo como papá, como tío, como hermano y como simple mortal. Le pregunté a mi ahijado algo que hasta el momento aborrece: “¿Tú tienes Facebook o el Facebook te tiene a ti?

Pero algo que definitivamente me preocupa: a través de las redes hay amenazas, ofensas, agresiones, hostigamiento, persecución y serios problemas que deben ser atendidos por especialistas en sicología infantil, o por los mismos padres de familia.

Así como las redes sociales son de enorme utilidad, también pueden ser un arma que denigra o lastima, porque está lleno de injurias, calumnias y desprestigios lanzados por gente irresponsable que puede orillar, incluso, al suicidio a alguien más. No es broma. Estamos tan ocupados en nuestras cosas, en el trabajo, en los quehaceres del hogar, en nuestros negocios o empresas, que hemos dejado a un lado la comunicación familiar y sustituimos el hablar con nuestros hijos, por la Tablet más moderna.

Seamos conscientes de que las redes sociales son un arma de dos filos: lo mismo empoderan, que ofenden, por eso mi pregunta, siempre, es: “¿Tú tienes redes sociales o las redes te tienen a ti? Sólo escribo cosas comunes. Buen día.

He dicho en varias ocasiones, a través de artículos, en debates o conferencias, que las redes sociales son una de las herramientas más poderosas que tiene a su alcance el ser humano, pero también sostengo que ha llegado el momento de ponerle un freno a ese descabezado monstruo de mil tentáculos.

El tema no es algo nuevo ni remotamente. Pero se trata de un asunto que se asoma con frecuencia a nuestros teclados, sobre todo cuando se observan prácticas que pueden poner en riesgo la salud, física o mental de las personas, en especial de los jóvenes adolescentes.

Coincido en que la modernidad debe ser una parte inherente al ser humano; los avances de la ciencia justifican la creación de nuevas formas porque los conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento -motor fundamental de todo espectro científico-, deben fincar el pilar de la tecnología.

Pero también defiendo el principio de que la ciencia y la tecnología deben ser las herramientas que use el hombre para su beneficio, no que el hombre sea usado por la ciencia y la tecnología. No me asusta que hoy por hoy, las redes sociales sean una parte importante en la vida de todos nosotros, porque este medio define muchísimas cosas, incluso aporta sustantivamente caminos en el comportamiento político y democrático de las sociedades.

Estas redes sociales generan opinión, moldean rumbos, cambian percepciones, pero también atrapan y hasta secuestran la voluntad de miles de seres humanos, particularmente niños y jóvenes, porque detrás de cada teclado invariablemente existen manipuladores que han hecho de su participación en las redes, una profesión ilimitada.

Si nos remontamos cuatro décadas atrás, ya en 1976 dos estudiosos de los medios, Thomas E. Patterson y Robert D. McClure, a través de su teoría “El ojo ciego”, sostenían que los seres humanos, al proyectar sus preferencias, ven en los mensajes lo que quieren ver. “Hay un ojo que lo mismo acepta lo que le conviene que rechaza lo que le afecta”.

En 1972, durante la elección presidencial Nixon vs Govern, Patterson y McClure entrevistaron a 2 mil 707 personas para saber si los anuncios televisivos influyeron en su intención de voto; sólo el 16 por ciento aceptó haber sido influido por la publicidad política, es decir, el resto, el 84 por ciento, ni siquiera fue “movido” por los medios.

¿Alguna coincidencia en la época actual? Muchas, con una diferencia: hoy existen las redes sociales y hasta donde la mercadotecnia política lo acepta, las elecciones presidenciales en las que obtuvo el triunfo Obama fueron manejadas exitosamente en un altísimo porcentaje por las redes sociales.

Estoy totalmente convencido de que se trata de una herramienta fundamental en los procesos electorales, en los movimientos sociales, en campañas altruistas, en mercadotecnia y hasta en la definición del rumbo de un país entero. Las redes sociales tienen que operar, porque no se puede entender la modernidad sin este elemento que ya es parte del ser humano. No quiero entrar en los terrenos sicopedagógicos de las consecuencias del abuso de las tecnologías, pero sí en las cosas comunes que observo como papá, como tío, como hermano y como simple mortal. Le pregunté a mi ahijado algo que hasta el momento aborrece: “¿Tú tienes Facebook o el Facebook te tiene a ti?

Pero algo que definitivamente me preocupa: a través de las redes hay amenazas, ofensas, agresiones, hostigamiento, persecución y serios problemas que deben ser atendidos por especialistas en sicología infantil, o por los mismos padres de familia.

Así como las redes sociales son de enorme utilidad, también pueden ser un arma que denigra o lastima, porque está lleno de injurias, calumnias y desprestigios lanzados por gente irresponsable que puede orillar, incluso, al suicidio a alguien más. No es broma. Estamos tan ocupados en nuestras cosas, en el trabajo, en los quehaceres del hogar, en nuestros negocios o empresas, que hemos dejado a un lado la comunicación familiar y sustituimos el hablar con nuestros hijos, por la Tablet más moderna.

Seamos conscientes de que las redes sociales son un arma de dos filos: lo mismo empoderan, que ofenden, por eso mi pregunta, siempre, es: “¿Tú tienes redes sociales o las redes te tienen a ti? Sólo escribo cosas comunes. Buen día.

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