/ martes 10 de marzo de 2020

Rendición de cuentas II

“Espero tener siempre suficiente firmeza y virtud para conservar lo que considero lo que considero que es el más envidiable de todos los títulos: el carácter de hombre honrado.” Washington


Desde la más tierna edad, se debe enseñar la consecuencia de todo lo que hagamos, de no ser así, no se aprende a rendir cuentas. Luego vienen las cascadas de reproches, inculpaciones, la hipócrita búsqueda de culpables y la invasión de nuestra intimidad, de prolongar la penetración a nuestra privacidad, y de hacer públicas ambas. Existen autoridades que ostentan la demagogia, para difundir su intimidad incorruptible (¿?), prejuzgando a las demás personas, como portadoras del virus de la corrupción. Es exigible para rendir cuentas, una honestidad inquebrantable, un apego al régimen jurídico sin taxativas, y un conocimiento pleno y absoluto de la realidad nacional.

Debemos profundizar en el proceso de la rendición de cuentas, existen dos formas de rendición de cuentas: la horizontal, que es la vigilancia de los órganos del Estado por parte de otras instituciones, también estatales, pero autónomas, que ejercen funciones, velan por la legalidad de los actos y el cumplimiento de las leyes. La forma vertical: el superior jerárquico trata de controlar a los subordinados. En lo electoral, los votantes juzgan y vigilan a los representantes. En conclusión, delegación de autoridad, representación, un sujeto actúa en nombre de otro, por lo que debe rendirle cuentas de lo que hace.

Dos fuertes y poderosas columnas sirven de apoyo y base de sustentación a la rendición de cuentas: la transparencia y el acceso a la información pública. Debemos reflexionar que dicho proceso no se aplica sólo al aspecto financiero, sino a todo el desempeño eficaz y eficiente de todos los funcionarios. Deben desaparecer del contexto gubernamental, los compadrazgos, los compromisos de campaña, los favoritismos y todos aquellos obstáculos que son óbices para un diáfano desarrollo del régimen democrático, al que aspiramos. Lamentablemente, hoy día, siguen los fantasmas del sectarismo y de la autocracia, lo que ineluctablemente llevan a la nación a la dictadura. El conocimiento y la lectura de las consecuencias de nuestros actos, nos elevará a los niveles de responsabilidad de apoyar al gobierno democrático.

“Espero tener siempre suficiente firmeza y virtud para conservar lo que considero lo que considero que es el más envidiable de todos los títulos: el carácter de hombre honrado.” Washington


Desde la más tierna edad, se debe enseñar la consecuencia de todo lo que hagamos, de no ser así, no se aprende a rendir cuentas. Luego vienen las cascadas de reproches, inculpaciones, la hipócrita búsqueda de culpables y la invasión de nuestra intimidad, de prolongar la penetración a nuestra privacidad, y de hacer públicas ambas. Existen autoridades que ostentan la demagogia, para difundir su intimidad incorruptible (¿?), prejuzgando a las demás personas, como portadoras del virus de la corrupción. Es exigible para rendir cuentas, una honestidad inquebrantable, un apego al régimen jurídico sin taxativas, y un conocimiento pleno y absoluto de la realidad nacional.

Debemos profundizar en el proceso de la rendición de cuentas, existen dos formas de rendición de cuentas: la horizontal, que es la vigilancia de los órganos del Estado por parte de otras instituciones, también estatales, pero autónomas, que ejercen funciones, velan por la legalidad de los actos y el cumplimiento de las leyes. La forma vertical: el superior jerárquico trata de controlar a los subordinados. En lo electoral, los votantes juzgan y vigilan a los representantes. En conclusión, delegación de autoridad, representación, un sujeto actúa en nombre de otro, por lo que debe rendirle cuentas de lo que hace.

Dos fuertes y poderosas columnas sirven de apoyo y base de sustentación a la rendición de cuentas: la transparencia y el acceso a la información pública. Debemos reflexionar que dicho proceso no se aplica sólo al aspecto financiero, sino a todo el desempeño eficaz y eficiente de todos los funcionarios. Deben desaparecer del contexto gubernamental, los compadrazgos, los compromisos de campaña, los favoritismos y todos aquellos obstáculos que son óbices para un diáfano desarrollo del régimen democrático, al que aspiramos. Lamentablemente, hoy día, siguen los fantasmas del sectarismo y de la autocracia, lo que ineluctablemente llevan a la nación a la dictadura. El conocimiento y la lectura de las consecuencias de nuestros actos, nos elevará a los niveles de responsabilidad de apoyar al gobierno democrático.

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